Dime para qué quieres la lechuga y te diré cuál es la que debes comprar

·5  min de lectura

Tengo la inmensa suerte de tener unos padres que cuentan con una casa con su propio huerto. De allí salen cebollas, patatas, judías verdes, calabacines... Todo está buenísimo, pero si tuviera que decantarme por algún producto que marque la diferencia, ese es la lechuga. En estos últimos tiempos están plantando de la variedad romana pero, en años anteriores, han salido de esa tierra escarola, hoja de roble o batavia. Todas ellas con un sabor insuperable, que cuesta encontrar en las que solemos comprar en el supermercado. No obstante, la elección de una u otra depende también del uso que vayamos a hacer de ellas. O dicho de otro modo: dime para qué quieres la lechuga y te diré cuál es la que debes comprar. Vamos por partes.

Lechuga iceberg. Foto: Getty Creative
Lechuga iceberg. Foto: Getty Creative

Lechuga iceberg. Su forma parecida a una col cerrada la delata. Sus hojas son de un verde pálido y están unidas al tallo por un parte más blanca y crujiente. Es, probablemente, la lechuga con menos sabor de todo el espectro de la hoja verde. Es debido a su alto contenido en agua y su escasez de color verde, que hacen que sea únicamente aprovechable en ensaladas como base o como ingrediente en determinados bocadillos, pensando en que aporte un toque 'crunchy' y poco más. Eso sí, su forma y su composición hacen que sea bastante duradera.

Lechuga romana a la brasa. Foto: Getty Creative
Lechuga romana a la brasa. Foto: Getty Creative

Lechuga romana. Fácilmente reconocible por su forma alargada y sus hojas verdes y amplias. Tiene mayor cantidad de sabor que la iceberg, por lo que suele ser más apreciada. Además, suele aportar toques amargos. Se emplea en multitud de ensaladas, como la César, por ejemplo. Además, la estructura de sus hojas, más rígida y resistente, permite que puedan utilizarse para recetas en las que, a modo de 'wrap', pueden colocarse distintos ingredientes en su interior. Esa misma resistencia permite incluso prepararla a la brasa.

Las lechugas batavia se distinguen por sus hojas, muy características. Foto: Getty Creative
Las lechugas batavia se distinguen por sus hojas, muy características. Foto: Getty Creative

Batavia. Esta lechuga presenta una disposición de hojas de pequeño tamaño y de un color verde medio que salen de un mismo tallo con forma circular. Su sabor es ligeramente más ácido que el de las lechugas anteriores. Lo que más suele gustar de ella es su textura, que resulta un poco mantecosa frente al crujiente de la romana, por ejemplo. Se emplea en ensaladas, pero también en 'wraps' en los que queda muy bien si asoma un poco, debido a sus rizos. Es fotogénica, de sabor medio y textura agradable: la clásica lechuga versátil que, eso sí, no es especialmente resistente.

La deseada lechuga trocadero. Foto: Getty Creative
La deseada lechuga trocadero. Foto: Getty Creative

Trocadero. Es muy consumida en algunos países europeos y no tanto en España. Y es una pena porque la lechuga trocadero tiene hojas de color verde intenso y un tamaño medio y, sobre todo, una mantecosidad que la eleva por encima de cualquier rival. Es una variedad sabrosa y con matices ligeramente dulces. Funciona muy bien en casi todo tipo de ensaladas pero especialmente en aquellas en las que el resto de los ingredientes cuentan con matices amargos o salados. También es perfecta para aquellas en las que los aliños son ligeramente cremosas. Una excelente opción como ingrediente en sándwiches de fiambre (con una hoja suele bastar).

La lechuga de roble está entre las que tiene unos colores más atractivos. Foto: Getty Creative
La lechuga de roble está entre las que tiene unos colores más atractivos. Foto: Getty Creative

Hoja de roble. Esta es una lechuga en la que las hojas, de un tamaño pequeño, van variando de color, desde un verde menos pronunciado a un morado más atractivo. Las hojas tienen, además, una textura suave, lo que la convierte en perfecta para una gran variedad de ensaladas. Hay que intentar aliñarla justo antes de que sea consumida para que las hojas no pierdan tersura. Su fotogenia va acompañada de un sabor ligeramente dulce que la hace idónea para aquellos que no quieren amargos en su ensalada.

La escarola funciona muy bien en ensaladas especiales. Foto: Getty Creative
La escarola funciona muy bien en ensaladas especiales. Foto: Getty Creative

Escarola. Por sus hojas la reconoceréis. La escarola es una de las variedades más resistentes a las bajas temperaturas, por lo que suele asociarse con el invierno. Destaca por su textura áspera, lo que la hace interesante para unos (y menos para otros). Que nadie compre una escarola pensando en que va a ser tierna y mantecosa. Su sabor es amargo, lo que la hace perfecta en ensaladas que incluyan frutos como la granada, quesos azules o demás elementos con notas dulces.

La endivia, excelente como receptor de ingredientes. Foto: Getty Creative
La endivia, excelente como receptor de ingredientes. Foto: Getty Creative

Endivia. De la misma familia de la escarola, es esta una verdura singular que se caracteriza por sus hojas firmes y blancas -aunque pueden tener toques verdes, amarillentos o incluso morados-, que resultan idóneas para utilizarlas como base de recetas. Es decir, en las endivias, las mezclas de ingredientes se ponen sobre la propia hoja. Pese a su color, la endivia no está exenta de sabor, con un punto amargo. Su textura crujiente hace el resto.

La rúcula funciona incluso en pizzas. Foto: Getty Creative
La rúcula funciona incluso en pizzas. Foto: Getty Creative

Rúcula. Es esta una opción para aquellos que buscan hoja verde suelta y que ni siquiera necesitar cortarse. Se emplea en ensaladas y como base para platos salados ¡o incluso en pizzas! Su sabor amargo pero con toques ácidos se nota en cualquier receta. Hay que emplearla con moderación si lo que buscamos es que el resto de los sabores se aprecien.

Los canónigos tienen un particular sabor a fruto seco. Foto: Getty Creative
Los canónigos tienen un particular sabor a fruto seco. Foto: Getty Creative

Canónigos. Estas hojas se suelen poner enteras en multitud de tipos de ensaladas. Su estructura recuerda a la de un trébol y casi siempre se añaden al final para que no pierdan presencia. Su sabor recuerda al del fruto seco y poseen un regusto ligeramente ácido. Funcionan de maravilla en ensaladas en las que hay presencia de frutas o de frutos secos. También en sándwiches o en tostas de productos salados, desde el jamón cocido al salmón ahumado.

Más historias que te pueden interesar:

VIDEO: El mejor truco para pelar huevos cocidos solo requiere de un tupper, un poco de agua y mucho ritmo