Timothy Garton Ash: "Con Biden, la pregunta pasa a ser cómo repensamos la arquitectura geopolítica del mundo"

Hugo Alconada Mon
·12  min de lectura

Joe Biden ganó las elecciones. Ahora, el gran historiador contemporáneo, Timothy Garton Ash, nos invita a mirar hacia delante para afrontar los desafíos globales pendientes. Desde la reconstrucción de una alianza de las democracias de todo el mundo para afrontar a China, dice, al cambio climático.

Elecciones en Estados Unidos: Joe Biden fue declarado ganador y Donald Trump lleva la pelea a la Justicia

Para Garton Ash, esa alianza democrática es una necesidad, "si el autoritarismo o el modelo chino de desarrollo no va a arrasar con todo en los próximos 30 años". Y en esa alianza, dice, la América Latina debe asumir su rol.

¿Es eso todo lo que preocupa al legendario profesor británico de las universidades de Oxford y Stanford? No. Piensa en los avances de la inteligencia artificial y en el nuevo mundo que afrontarán los más jóvenes, mientras se pregunta si ya no es demasiado tarde para que Estados Unidos recupere su lugar de primacía.

Elecciones en EE.UU.: cinco claves del triunfo de Biden

Crítico de Donald Trump, pero no solo del presidente que debe marcharse del Salón Oval, Garton Ash, el académico que logró cruzar el Muro de Berlín y recorrió los países detrás de la "Cortina de Hierro", cree que el desafío pasa por otro lado. Hoy más que nunca, remarca, "la libertad tiene que ser defendida constantemente porque no sobrevive por sí misma".

-¿Qué puede ocurrir con Estados Unidos tras el triunfo de Biden? ¿Puede recuperar su predominio global o es ya demasiado tarde?

-Vivimos en un mundo donde por primera vez tenemos un competidor ideológico global que enfrenta a Estados Unidos y ofrece una modernidad alternativa. Eso es China. Así que todos nosotros, las democracias liberales, estamos siendo puestos a prueba como no lo estuvimos durante las décadas de 1990 o 2000. ¿Dónde había entonces un competidor global? La última vez que sucedió algo similar fue durante la Guerra Fría, y la principal razón por la que Occidente "ganó" aquella Guerra Fría fue porque simplemente se veía mucho más dinámico, abierto y atractivo. En especial, Estados Unidos, que tenía un poder "blando" fantástico. Puedo decirle, viajando detrás de la Cortina de Hierro como lo hice durante las décadas de 1970 y 1980, que la gente soñaba con Estados Unidos. Colgaban los posters de Gary Cooper en "High Noon" .["A la hora señalada", en español] Pero Estados Unidos perdió ese poder blando y no solo por culpa de Donald Trump. Francamente, creo que las dificultades internas de los Estados Unidos -desde su desastroso sistema de atención médica hasta su infraestructura en ruinas y su sistema político profundamente disfuncional-, son de tal dimensión que resulta muy difícil ver que rápidamente se convierta otra vez en el "faro de la colina", en el "gran imán". Lo lamento profundamente porque amo Estados Unidos, amo lo que representa y paso tres meses al año en Estados Unidos. Por supuesto, todavía tiene una gran fortaleza, grandes universidades, Silicon Valley y mucho más, pero de la misma manera en que hace 30 o 40 años nos preguntábamos si la Unión Soviética era reformable, hoy me pregunto si Estados Unidos es reformable.

-Plantea un panorama sombrío para Estados Unidos o, al menos abierto. ¿Y entonces? ¿Qué cabe esperar en el escenario internacional?

-Con una nueva administración al mando de Estados Unidos, la pregunta pasa a ser cómo repensamos la arquitectura geopolítica del mundo o cómo pensamos una nueva. Y la respuesta no puede ser simplemente recrear la vieja alianza trasatlántica, la OTAN. Solo puede pasar por una comunidad mucho más amplia de las democracias del mundo, en la que países como Australia y Japón, por ejemplo, jueguen un papel realmente importante en relación con China como pueden tenerlo Francia o España. Lo mismo que América Latina, que es cultural e históricamente una parte de un Occidente más amplio. En mi opinión, América Latina es otra parte realmente importante de esa comunidad más amplia de democracias que necesitamos construir si el autoritarismo, o el modelo chino de desarrollo no va a arrasar con todo en los próximos 30 años. América Latina debe pensarse a sí misma como parte de una comunidad internacional que enfrente los desafíos enormes que tenemos por delante.

-En esa línea, en mayo publicó una columna en The Guardian donde decía que un mundo mejor podría surgir después del coronavirus. o uno mucho peor. Cinco meses después, y dada la segunda ola de Covid-19 que golpea en Europa, ¿cuál es su visión?

-Creo que el impacto varía mucho de una región a otra y de un país a otro. Por tanto, no puede haber una respuesta global a su pregunta en este momento. Aunque Europa afronta una segunda ola, la Unión Europea parece más fuerte como resultado. China, a pesar de que el virus comenzó allí, parece mucho más fuerte que antes de la pandemia. Si mira con interés el desempeño económico que probablemente veremos en China en comparación con el de América del Norte, América Latina u otras partes del mundo, esto parece haber catalizado el cambio en el poder mundial hacia China como la superpotencia emergente. En cuanto al populismo -término, por cierto, que tomamos prestado de América Latina [sonríe]-, ahora lo hemos hecho propio en Europa y creo que hay una narrativa bastante ingenua que sostiene que hemos superado nuestro pico de populismo por su mala gestión de la pandemia. Creo que es prematuro afirmar algo así. Es cierto que los populistas lidiaron mal con la pandemia, ya fuera [Jair] Bolsonaro, Trump, [Boris] Johnson o [Andrzej] Duda en Polonia, entre otros. Pero como dice mi amigo Martin Wolf [por el columnista económico del Financial Times] hay que esperar.

-¿Por qué?

-Porque las consecuencias económicas de detener nuestras economías durante meses obviamente podrían causar un desempleo muy alto -en particular entre los más jóvenes-, además de muchas quiebras y niveles enormes de deuda estatal. De hecho, si miras el gráfico de la deuda pública, ahora está al nivel del final de la Segunda Guerra Mundial. Esas son circunstancias en las que personas desesperadas, inseguras, desempleadas o en bancarrota son vulnerables a la retórica populista.

-¿Hay espacio para la esperanza?

-Mi optimismo es muy cauteloso y escéptico. Suelo citar la famosa fórmula que dice "pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad". Y esa es la forma de abordar esto. La única región en la que deposito un poco más de esperanza es Europa. Hegel hablaba sobre la llegada de la razón y de la historia. Y este evento completamente imprevisto de la pandemia ha hecho que Alemania salga de las sombras y haga por la Eurozona lo que debería haber hecho en algún momento de los últimos 20 años. Hoy, Europa está en el proceso de dar un gran paso adelante en el que aceptaremos que la Eurozona es una comunidad de solidaridad, y en los países más ricos del norte de Europa no solo otorgan préstamos a los países más pobres, sino que también otorgan subvenciones a esos países. En cierto modo es una ilustración del aquel dicho de Heráclito: "La guerra es el padre de todas las cosas", y por guerra se refería a grandes acontecimientos dramáticos como el Covid-19.

-¿Cuál es el papel que avizora para Rusia en todo esto?

-Rusia es una amenaza para el proyecto europeo. Es el primer Estado desde la Segunda Guerra Mundial que se anexó territorio de un Estado vecino, Ucrania. También permite campañas masivas de desinformación. Financia partidos extremistas. Envenena a personas en una ciudad inglesa. Es una amenaza, pero regional. Distinto es el desafío de China, una superpotencia emergente que, como bien saben ustedes, puede resultar bastante atractiva para muchos en América Latina y África. Con todo su dinero y su modelo de autoritarismo desarrollista es un serio competidor estratégico para Occidente y para la democracia liberal. Rusia no lo es.

-¿Cuáles son las preguntas que deberíamos habernos hecho hace mucho tiempo y no nos hicimos? ¿Cuáles son las preguntas que deberíamos hacernos ahora?

-Qué excelente pregunta... [calla durante unos segundos] Estoy trabajando en una especie de historia personal de la Europa contemporánea, mirando los últimos 50 años en los que he estado involucrado de alguna manera o he sido testigo de ello. Durante ese período me queda absolutamente claro los dos grandes puntos que no vi mientras ocurrían. El primero es el descontento y todas las tensiones que se estaban acumulando en nuestras sociedades liberales desde principios de la década de 2000 mientras pensábamos, con la máxima arrogancia, que todo iba tan bien. No fue así. Pero aún más grave es el cambio climático. Es algo muy importante que nos hemos perdido y ahora nos damos cuenta de eso, particularmente la generación más joven. Y estás haciendo otra gran pregunta dentro de esa gran pregunta: ¿Qué más no estamos viendo porque ahora estamos viendo el cambio climático? Para mí, definitivamente, la competencia ideológica y geopolítica con China. Y algo más: estamos entrando en una nueva fase de la revolución digital. La inteligencia artificial está llegando. Así que, además de afrontar los problemas del capitalismo y combatir el cambio climático, este proceso digital significará una revolución en la experiencia de vida de los jóvenes de todo el planeta. Su mundo va a cambiar muy rápido, casi no podremos reconocerlo, y eso es profundamente inquietante. Así que te sumo otra pregunta que creo que podríamos estar perdiéndonos: ¿Cómo mantenemos nuestros valores liberales fundamentales cuando todo está cambiando?

-Doy otro paso más. Durante una charla para la Hoover Institution, planteó su preocupación por las "Fake News", sobre la hiperpolarización imperante y sobre las "burbujas" en las que vivimos. ¿Cómo construimos puentes entre esas burbujas para mantener la cohesión social?

-[Asiente] El mayor problema que crea Internet no son las noticias falsas. El mayor problema es la hiperpolarización, como se ve hoy en los Estados Unidos, con demócratas y republicanos, aunque no es el único país que no solo tiene dos puntos de vista diferentes, sino que registra dos conjuntos de hechos completamente distintos. Eso destruye la base misma de la democracia. Permítame recordarle que, en los albores de la democracia, hace 2500 años, los ciudadanos de la antigua Atenas se congregaron en un solo lugar, los reporteros de esa época les informaron los hechos, el columnista de la época expuso los argumentos de las diferentes políticas posibles, luego debatieron y así decidieron combatir a los invasores persas en el mar en lugar de en tierra y salvaron así a la primera democracia del mundo en la batalla de Salamina. Así que es absolutamente esencial para la democracia que tengamos una esfera pública compartida, un conjunto de hechos compartidos y varios argumentos.

-¿Cómo restauramos eso?

-Número uno, si tienes un medio de comunicación de servicio público genuino como la BBC, triplica su presupuesto y valla su independencia estructural. Número dos, si tiene buenos medios privados, aférrense a ellos a toda costa y hagan lo que puedan para garantizarse de que sigan siendo diversos y con una propiedad también realmente diversa. Es decir, que no todos los propietarios sean oligarcas amigos del gobierno, como ocurre en Turquía o Hungría o en muchos otros países. Y número tres, si queremos noticias realmente buenas sobre el resto del mundo, coberturas sobre el exterior y reportajes de investigación en profundidad, que son dos de los aspectos más importantes del servicio que el periodismo presta a la democracia, necesitamos una fundación, una ONG, financiación a gran escala para apoyar esas dos áreas del periodismo. En otras palabras, la respuesta a su pregunta es que necesitamos una economía mixta de información clásica.

-¿Cuál es su mensaje para las generaciones más jóvenes?

-[Piensa unos segundos] Mi mensaje para ellos es: recuerden que las cosas han sido muchísimo peor de lo que son hoy, incluso en un período muy reciente, y podrían volverse muy malos rápidamente otra vez. Eso es algo que hemos visto en los últimos dos años. Entonces, habrá muchas cosas sobre el mundo actual que no les gusta, que quieren cambiar y que necesitan cambiar. Pero también hay muchas cosas que realmente necesitan ser defendidas y mejoradas. Y muchachos, depende de ustedes.

-¿Hay alguna pregunta que no le hice y considera relevante responder?

-No. Espero que nos mantengamos en contacto. Estoy muy contento con lo que estás haciendo.

¿Quién es Timothy Arton Gash?

Nacido en julio de 1955, estudió una licenciatura y una maestría en Historia Moderna en la Universidad de Oxford, para luego completar sus estudios de postgrado, en plena Guerra Fría, en la Universidad Libre de Berlín Oriental y en la Universidad Humboldt de Berlín Occidental

Radicado en Alemania desde fines de los '70, comenzó a recorrer los países detrás de la "Cortina de Hierro" y relató el colapso del bloque soviético; desde 1990 es profesor de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford y diez años después se incorporó al Instituto Hoover de la Universidad de Stanford.

Columnista habitual en The New York Review of Books y The Guardian, es autor de diez libros, entre los más destacados se encuentran "Los frutos de la adversidad" y "El expediente: una historia personal", que se tradujo a 18 idiomas.

Ganador de múltiples premios y reconocimientos internacionales y globales, como así también doctorados honoris causa, es miembro de las sociedades reales de Literatura, Historia y Artes, como así también de la Academia de las Ciencias de Berlín.

-Dado que millones de argentinos deben permanecer en sus casas desde hace meses, ¿qué libros, películas, música u otra actividad les recomienda para distraerse o "aprovechar" el tiempo? ¿Qué hace usted en su tiempo libre?

-Aparte de recomendar calurosamente mis propios libros, algo que todos los autores están obligados a hacer en estos días [risas], diría que este es un momento realmente bueno para leer mucha historia. Tanto de su propio país y continente como de otros continentes, porque debemos hacer ahora lo que no hicimos en los años '90 y 2000, que es aprender las lecciones de la historia. Y una de esas lecciones es que nada dura para siempre, todo cambia constantemente. La libertad tiene que ser defendida constantemente porque no sobrevive por sí misma. En cuanto a distracciones más ligeras, además de volver a ver películas europeas fantásticas de los últimos 50 años, estoy viendo un sinfín de series de televisión, como todos. Actualmente estoy viendo una serie francesa, "Le Bureau des Légendes", sobre el Servicio Secreto francés. Siempre es un placer escuchar el idioma francés. Y esa serie es simplemente genial.