TikTok, China y cómo la nueva guerra de espías mundial se hace a través de un caramelo envenenado

Gonzalo Aguirregomezcorta
·5  min de lectura
Members of the City Youth Organisation burn posters with the logo of the Chinese owned video-sharing 'Tik Tok' app in support of the Indian government for banning the wildly popular app, in Hyderabad on June 30, 2020. - TikTok on June 30 denied sharing information on Indian users with the Chinese government, after New Delhi banned the wildly popular app citing national security and privacy concerns. "TikTok continues to comply with all data privacy and security requirements under Indian law and have not shared any information of our users in India with any foreign government, including the Chinese Government," said the company, which is owned by China's ByteDance. (Photo by NOAH SEELAM / AFP) (Photo by NOAH SEELAM/AFP via Getty Images)
Manifestación en India contra TikTok y otras aplicaciones de origen chino. (Getty Images)

Poseer información es vital para que empresas y naciones lleven a cabo estrategias con una hoja de ruta muy marcada: el poder, el dominio, el superar a la competencia o a otros países en la carrera de desarrollo armamentístico, tecnológico, de innovación... La historia ha dejado capítulos tan apasionantes como escalofriantes sobre espionaje que se remontan al Imperio Chino y llegan a los tiempos actuales. En medio, reinados, Gobiernos, bloques, compañías de primer orden y todo tipo de guerras. La extensión del espionaje no tiene límites. Atrás quedaron artilugios que en la actualidad son arcaicos pero que en la época decantaron la balanza de un lado y no del otro, y clásicos imperecederos como el robo de información mediante escuchas, capacidad para descifrar códigos, infiltraciones, grabaciones o el hurto directo de documentos. Más recientemente, los avances en la tecnología han abierto otras líneas de espionaje mucho más elaboradas y uno de los últimos episodios lo está protagonizando la aplicación más popular de las nuevas generaciones: TikTok.

La red social de origen chino está en el foco de todas las sospechas al ser retratada como una extensión del Gobierno de Xi Jinping. Estados Unidos valora prohibir el uso de ésta y otras plataformas provenientes del país asiático, algo que anunció el secretario de Estado, Mike Pompeo, la semana pasada; y avisó:

“Sólo deben descargarse la aplicación aquellas personas que quieran que su información privada esté en manos del Partido Comunista Chino”.

A pesar de los intentos de TikTok por frenar la campaña de desprestigio mundial que está experimentando, la imagen de esta plataforma está quedando muy dañada y hace tiempo que lleva colgado el sambenito de aplicación deshonesta. En 2019, fue descargada en 738 billones de ocasiones en todo el mundo por personas que buscan mostrar su lado más creativo, cómico, dramático o personal a través de vídeos cortos. Según diferentes líderes mundiales, TikTok no tiene nada de inocente y comparte con el Gobierno chino información de todos aquellos que la usan a diario.

Jóvenes indios usando TikTok antes de la prohibición. (Getty Images)
Jóvenes indios usando TikTok antes de la prohibición. (Getty Images)

Mientras en EE.UU. todavía se están pensando el prohibir o no la aplicación y hacer lo mismo que el gigante asiático ejecutó al prohibir la descarga de plataformas como Facebook o WhatsApp, en India ya han cortado el grifo a las descargas de ésta y otras 59 aplicaciones. La nación norteamericana acumula 165 millones de descargas, mientras que India cuenta con 610 millones, según datos de Sensor Tower, y destaca como el país en el que más está sufriendo TikTok. Los enfrentamientos entre el Gobierno de Xi Jinping y el del nacionalista indio, Narendra Modi, en las zonas montañosas del Himalaya han provocado la muerte de varios soldados indios y el enfriamiento de unas relaciones que tardarán en restablecerse.

La decisión de prohibir TikTok es una cuestión de seguridad nacional para ambas naciones mientras que para los usuarios no es más que un divertimento. Los potenciales riesgos de que toda la información de los individuos esté siendo almacenada en servidores potencialmente vinculados con el Gobierno chino son secundarios porque la inmediatez es lo que cuenta para ellos, no la posibilidad de que en un futuro sus datos ya no les pertenezcan. Incluso otras acusaciones recientes en EEUU señalan a TikTok por estar incumpliendo presuntamente la ley de protección de datos en menores de edad. Un 60 por ciento de los 25,5 millones de usuarios mensuales activos de la plataforma tienen entre 16 y 24 años de edad. Los hay más jóvenes incluso. Según el Centro de la Democracia Digital, la Campaña por la Libertad Comercial de Menores y otros organismos, TikTok se comprometió a borrar los datos de aquellos usuarios que tuvieran menos de 13 años de edad; algo que no han hecho todavía.

Manifestación en India contra TikTok y otras aplicaciones de origen chino. (Getty Images)
Manifestación en India contra TikTok y otras aplicaciones de origen chino. (Getty Images)

Y así se amplía la brecha entre las personas que argumentan que su libertad para elegir qué aplicación descargan en sus dispositivos debería estar intacta y las autoridades que recomiendan no hacerlo. Ya sea TikTok con China, Facebook con empresas independientes de recogida de datos que luego comparten con otros Gobiernos (caso de Rusia), o cualquier otra red social gratuita que vive de la información proporcionada (o no) por el usuario, el nivel de intrusión de las redes sociales en general es enorme y las consecuencias a largo plazo son desconocidas.

El envoltorio sugiere que formar parte de esta nube de experiencias tan gratificantes como los ‘likes’, el número de visualizaciones o los comentarios es un modo de vida al que hay que apuntarse si uno quiere ser aceptado y no perderse lo que sucede en su entorno. En su interior hay un caramelo envenenado cuyo efecto podría hacer que en un futuro, miles de millones de personas se arrepientan de haber formado parte de este circo en el que le damos vía libre a terceros para que conozcan nuestros secretos mejor guardados. Sólo en el caso en que se vuelvan en nuestra contra, nos daremos cuenta de la verdadera magnitud de estas modas con las que abrimos las puertas al espionaje del siglo XXI.

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