La Tigresa Acuña perdió el título mundial supergallo de la FIB y OMB

LA NACION

Toda la ira expuesta por la formoseña Marcela "Tigresa" Acuña (54,800 kg) en su descenso rabioso del ring - del Polideportivo de Hurlingham- en condición de perdedora de su título mundial supergallo ( FIB y OMB), jamás hallará comprensión en su legión de admiradores que la alentaron, fervientemente, por más de dos décadas.

Sus 41 años y su astuto estilo conservador, de buen boxeo, piernas efectivas y puntería, gestaron lo más claro del combate al cabo de los 10 rounds, pero no tuvieron eco en el trío de jurados que con tarjetas, distantes entre sí, proclamaron la victoria - unánime por puntos - de la santafesina Daniela Bermúdez (54,200 kg), que a los 28 años, elevó su carrera, fresca y tesonera, a la condición de tricampeona mundial en pesos diferentes. Hecho reservado a muy pocos púgiles argentinos.

La caída de la vieja reina del boxeo causó una resonancia superior al surgimiento de Bermúdez, quien logró lucir, en corta y media distancia en el segmento final del match. Consolidó su récord en 23 victorias (6 K.O), 3 reveses y 3 empates.

Nacida en Gálvez, en las afueras del gran Rosario, hija y hermana de boxeadores, de infancia pobre con mucho trabajo callejero, experta en el gimnasio y con poca escuela, la flamante campeona, corroboró todos sus buenos antecedentes. Sobre todo, cuando luchó, de igual a igual, con Yesica Bopp y doblegó en modo admirable a la japonesa Tomori Takano y a la azteca Mariana Juárez, en Tokio y México.

Pelea a modo de robot, tiene ángel y cierto talento relegado por priorizar la cantidad de lanzamientos sobre la calidad de sus maniobras. Equiparar esto, la diferenciará de las demás.

Llorando e incrédula, la "piba bonita" del Gran Rosario, buscó un beso - casi maternal- de "Tigresa", su ídola vencida, después de la pelea; no fue posible, Acuña bajó furiosa y la dejó esperando. Asignatura pendiente.