Tigres necesita un entrenador que vaya acorde a su ambición de ser un equipo espectacular

Carlos Alberto Pérez

El Tuca Ferretti y ​Tigres protagonizan un nuevo capítulo de presunta enemistad provocada por la falta de resultados y, sobre todo, por el pobre estilo de juego que ha caracterizado a los felinos bajo el mando del estratega brasileño.

Permitiéndome la analogía con un matrimonio modelo, que a lo lejos es visto como perfecto, pero que en el interior ambas partes saben que no se encuentran en plenitud.

En el plano futbolístico se traduce de la siguiente forma: los títulos hacen que el vínculo luzca inmejorable, pero en las entrañas del plantel, todos saben que podrían estar mejores con caminos separados.

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Como en toda separación marital, hay quiénes pierden más que otros y quienes ganan mucho más. En este caso, el gran perjudicado de la ruptura sería Ferretti, el entrenador de 65 años que revivió a los felinos en el 2011, pero que después aprovechó la gran inyección financiera para hacer de su institución el equipo de la década. Por esa misma razón, sostengo que el mismo equipo hubiera sido capaz de lograr los mismos campeonatos, o incluso más, bajo el mando de un estratega acorde al plantel: poderoso y ambicioso.

Aquino, Gignac, Valencia, Vargas y todos los delanteros que transitaron por San Nicolás Garza merecían un líder que los hiciera jugar como sus aptitudes ameritaban: al frente, con la mira puesta en destrozar, humillar y por supuesto ganar; en cambio tuvieron uno conservador, pero que hizo lo más importante: triunfar y cosechar medallas.


Hoy el tiempo ha transcurrido y el equipo de Ferretti se acerca al final de su época, con un promedio de edad superior a los 30 años. Lo fácil, de acuerdo a mi texto, sería decir que el Tuca diera un paso al costado y dejara volar el ave que mantuvo enjaulado pero bien alimentado, pero ahora ya es muy tarde.


Se aproxima un cambio generacional y la institución felina deberá tomar una decisión crucial para el futuro próximo de su equipo: mantener la esencia conservadora pero efectiva de Ferretti, o dar un paso al frente y afrontar el reto de convertirse en el verdadero equipo grande que busca rellenar de goles al equipo contrario sin dejar de lado los títulos.

Tigres debe valorar si quiere su Ferrari con el freno de mano puesto, o su Lamborghini a exceso de velocidad con el riesgo constante de estrellarse. Tranquilidad y armonía, o adrenalina y protagonismo.