La Tierra se quedará antes sin agua para beber que sin comida

José de Toledo
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A waterfowl paddles in the Albufera Natural Park near the village of Alcudia on the Spanish Island of Mallorca, October 28, 2005. The Spanish government has named 18 wetland areas in the country as 'high-risk' for the transmission of the bird flu virus due to the concentration of wild fowl in the area. REUTERS/Dani Cardona
REUTERS/Dani Cardona

Igual que nos pasaría a los seres humanos, el planeta se morirá antes de sed que de hambre. La falta de fuentes de agua potable generaré serios problemas para la humanidad, y para la vida que alberga nuestro planeta, antes de que podamos sufrir las consecuencias de la falta de alimentos.

Pero, mientras que existen muchos proyectos y planes para asegurar que nuestro planeta puede dar de comer a una cantidad siempre creciente de seres humanos, lo mismo no se puede decir de la preocupación por las fuentes de agua potable.

De hecho, la situación no deja de empeorar cada año. Una estimación que dan los expertos es que, desde la década de 1970, hemos perdido un tercio de la superficie de humedales de nuestro planeta. Humedales que, si bien no son directamente agua potable, contribuyen de manera imprescindible a la hora de mantener el ciclo del agua.

Algunos de los problemas para asegurar el suministro de agua – que, no lo olvidemos, es uno de los objetivos marcados por Naciones Unidas para el 2030 – son de sobra conocidos: la contaminación y polución de las aguas, la disminución de lluvias y la desertización de áreas de nuestro planeta…

Pero otras son menos conocidas. Casi nunca se cita como un factor a la hora de dificultar el acceso al agua potable la generación de comida. La agricultura, por ejemplo, supone uno de los grandes consumos de agua limpia en nuestro planeta, y si queremos asegurar el acceso a alimentos de cada vez más personas, cada vez irá creciendo su importancia en este sentido.

Y la agricultura, además, consume cada vez más agua. Según datos de la FAO, el organismo de Naciones Unidas encargado de la alimentación y agricultura, el 80% de los terrenos cultivables del planeta dependen de la lluvia. Pero con el cambio climático, estas lluvias se vuelven menos frecuentes y predecibles, lo que obligaría a recurrir al regadío, que conlleva un alto consumo de agua.

Todo esto, sin contar con que muchos ecosistemas acuáticos – de nuevo, y como recordatorio, imprescindibles para mantener el ciclo del agua – han pasado a dedicarse a cultivos.

La ganadería es otro sector donde el agua también se emplea de manera extensa, y otro en el que la alimentación de la humanidad entra en conflicto con la necesidad que tenemos de disponer de agua.

En resumen, si no somos conscientes del problema al que nos enfrentamos, podemos morir de sed antes que de hambre. Si empezamos a ser conscientes, podremos aprender a gestionar un recurso tan escaso como el agua, y asegurar nuestra propia supervivencia.

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