The French Dispatch: un vistazo a la capacidad de sentir de la especie humana

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UNA REVISTA estadounidense basada en la ficticia ciudad de Ennui, Francia, despide a su editor en jefe luego de un ataque al corazón. La última edición, compuesta por varias historias y un obituario, es presentada a través de los ojos de los periodistas en artículos que giran alrededor de un concepto propuesto por el antes jefe de la revista: “Haz que suene como si así hubieras querido escribirlo a propósito”.

Arthur Howitzer Jr, editor de The French Dispatch of the Liberty, Kansas Evening Sun, expresa en su testamento que su último deseo es que se publique una edición más de la revista, con tres artículos y un obituario.

El primero, escrito por J. K. L. Berensen, protagonizada por Tilda Swinton, cuenta la historia del pintor Moses Rosenthaler, personificado por Benicio del Toro, quien se encuentra encerrado en una prisión de alta seguridad por asesinato y padece severos trastornos mentales; entre los demás prisioneros, el actor Adrien Brody le da vida a Julien Cadazio, un marchante de artes que está aprisionado por evasión fiscal y que descubre el talento del pintor y lo vuelve una eminencia del arte moderno en el mundo.

El segundo artículo se centra en un conflicto sociopolítico entre estudiantes, denominada la “Revolución del tablero de ajedrez”. Escrito por Lucinda Krementz, personificada por Frances McDormand, presenta un manifiesto de amor y juventud en un momento álgido de la población en Ennui, centrado en dos estudiantes revoltosos protagonizados por Thimothée Chalamet y Lyna Khoudri.

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El tercero, con las actuaciones de Jeffrey Wright, Willem Dafoe, Saoirse Ronan, Mathieu Amalric y Edward Norton, desentraña un secuestro que es atestiguado por Roebuck Wright, crítico de comida en la sección culinaria de la revista; a través del rescate, el periodista descubre emociones y personajes que lo acompañan en un viaje emocional e introspectivo.

Al jugar con la relación de aspecto y brincar de blanco y negro a color, la fotografía dirigida por Robert D. Yeoman, más el diseño y arte realizados por Adam Stockhausen y Stéphane Cressend, concretan una visión fina, limpia y fresca de una Francia imaginaria en el siglo pasado.

La banda sonora, como en la mayoría de la carrera cinematográfica de Anderson, fue compuesta por el músico franco-griego Alexandre Desplat, con tonos juguetones, siniestros y nostálgicos que acompañan en este inversivo viaje. Pero el mayor acierto en el último largometraje de Anderson, como en muchos otros, va más allá de lo que vemos y escuchamos en la superficie…

En el caso del pintor Rosenthaler, emerge una persona frágil, llena de miedos por la posibilidad de fracasar como artista y enamorado a morir de su vigilante de celda. Con ligeros tintes que rememoran a Persona de Ingmar Bergman y a Hiroshima, Mon Amour, de Alain Resnais, Benicio del Toro crea a un humano sensible e incomprendido que solo busca encontrar su lugar en un mundo lleno de estímulos que no llega a comprender en su totalidad desde la trinchera de ser un creador.

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Un relato que retrata a los artistas desde la posición del sufrimiento y dolor que conlleva meter las manos al fuego para tan solo poder crear.

“Quiero decirlo de la forma más sencilla que pueda. Estoy intentando formar con palabras los sentimientos de mi corazón”: Moses Rosenthaler.

Por otro lado, el crítico de comida, Roebuck Wright, en manos del actor Jeffrey Wright, se encuentra en medio de una situación caótica entre relaciones parentales, secuestros y redención. Con una atmósfera similar a películas históricas como El tercer hombre, de Carol Reed, Wright presenta la historia en un programa de televisión; mientras la revive, encuentra una emoción escondida que vivía muy dentro de él: la sensación de ser un inmigrante y encontrarse lejos de casa, dejando atrás una vida que ahora parece distante que se difumina cada vez más con el tiempo.

“Tal vez con suerte, vamos a encontrar lo que nos eludió en lugares que alguna vez llamamos ‘casa’”: Roebuck Wright.

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En su nueva producción, el director estadounidense Wes Anderson, presenta una oda hacia el periodismo convencional del siglo pasado; inspirado en su admiración por la revista neoyorquina The New Yorker, el realizador sumerge a la audiencia en una historia romántica sobre la vida de escritores, artistas y periodistas, jugando con el elegante diseño y versatilidad cinematográfica con la que se le ha caracterizado a través de su carrera.

Fluctuando entre la comedia y el drama, Anderson expone su trabajo más ambicioso hasta ahora. Junto a sus guionistas de cajón, Roman Coppola, Hugo Guinness y Jason Schwartzman, la aclamada película por la crítica tiene una trama compleja, pero bien redondeada, con personajes que atraviesan complejos arcos dramáticos, cambiando motivaciones y perspectivas dentro del hermoso mundo imaginario propuesto por la brillante mente de Wes Anderson. Un vistazo a la capacidad humana por sentir y crear lazos de afección.

—¿Por qué lloras?: Zeffirelli.

—Gases lacrimógenos, pero creo que también estoy triste: Lucinda. N

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