Termina la edición 2021 del Festival Internacional de Buenos Aires, marcada a fuego por la pandemia

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El FIBA se abrió con Comizi d’amore, de Italia, bajo el formato de autoteatro, apenas para 25 autos, y con transmisión en directo por la plataforma de Cultura
El FIBA se abrió con Comizi d’amore, de Italia, bajo el formato de autoteatro, apenas para 25 autos, y con transmisión en directo por la plataforma de Cultura

Este domingo a la noche culmina la edición 2021 del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), el encuentro organizado por el Gobierno porteño dedicado al teatro, la danza, la música y las artes visuales que abarcó 250 propuestas con más de 1400 artistas en 31 sedes y a través de diferentes plataformas virtuales.

Creado en 1997, a lo largo de su historia el encuentro escénico ha posibilitado al público local, fundamentalmente en sus primeras versiones, tomar contacto con los grandes creadores y grupos del mundo. Con el paso del tiempo, el mismo festival fue redefiniendo su calendario como sus objetivos hasta transformarse en un festival de verano. La que concluye esta noche, como lo adelantó Federico Irazábal, su director artístico, está marcada a fuego por la pandemia. En ese contexto lo mejor del festival es que se haya realizado, que no hay perdido su continuidad y que los creadores locales seleccionados, en un tiempo verdaderamente crítico para el sector. hayan tenido trabajo (aunque, como se verá mas adelante, no en las condiciones que ellos esperaban). Seguramente no fue un proceso fácil gestionar un festival de este tipo. Por lo pronto, la convocatoria para obras a estrenar fue realizada con muy poco tiempo de anticipación y hasta el mismo encuentro se presentó al periodismo y al público apenas cuatro días antes de su apertura.

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La pandemia, los protocolos sanitarios, el aforo limitado, los aviones casi parados que imposibilitan el traslado de artistas extranjero como el tsunami de propuestas para ver en pantalla se colaron en los procesos creativos, en los modos de exhibición, en las temáticos de las propuestas y en lo formal de la mayoría de los trabajos nacionales como extranjeros que se presentaron a lo largo de estos diez días.

La noche de apertura del encuentro fue con la obra Comizi d’amore, una variante de autoteatro que en estas tierras impulsó Nito Artaza desde septiembre del año pasado. El espectáculo de la compañía italiana Kepler-452 junto a creadores locales presentó la propuesta bajo el pomposo mote de Pandemic Theatre. El dispositivo fue creado por el escenógrafo italiano Emanuele Sinisi en pleno tiempo duro de la cuarentena. En perspectiva, aquellos planteos espaciales fueron un interesante ejercicio para pensar al llamado teatro pandémico; pero, a juzgar por el resultado de este desparejo montaje, tal vez no era necesario llevar ese dispositivo al hecho presencial que, por otra parte, solo podía ser apreciado en vivo por 25 autos (100 espectadores como máximo).

El anfiteatro del Parque Centenario, con aforo limitado, y la obra Mi don imaginario, que cierra el festival
Sergio-Santillan


El anfiteatro del Parque Centenario, con aforo limitado, y la obra Mi don imaginario, que cierra el festival (Sergio-Santillan/)

Homenaje a Hugo Midón

El FIBA se cierra esta noche con Mi don imaginario, un homenaje al director y dramaturgo Hugo Midón que dirige Pablo Gorlero. El espectáculo se estrenó el viernes en el anfiteatro Eva Perón, de Parque Centenario. Más allá de los valores de la propuesta entre el montaje de inicio y el de cierre del festival abre un abanico de extrema actualidad en lo que hace a este territorio en conflicto entre la llamada nueva normalidad escénica, representada por la propuesta italiana, y un tipo de montaje que en lo formal reproduce código, hábitos y modos de consumo teatral de la (¿vieja?) normalidad (claro, un “detalle” no menor: todo sucede con aforo limitado y con todas las medidas sanitarias vigentes tanto para los creadores como para el público). Entre esos dos extremos, durante el festival organizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad hubo trabajos en espacios públicos, inmersivos, aquellas que mixturaron al vivo con la pantalla, obras sostenidas en lo sonoro, propuestas coreográficas devenidas en trabajos audiovisuales, muchas indagaciones biodramáticas, experiencias testimoniales de referencias sociopolíticas, radioteatros, obras a las que se accedía mediante un Zoom, un videojuego llevado al marco de una sala, cruces de nacionalidades en un mismo espectáculo, teatro de texto puro y muchas obras a las que se pudo acceder por Vivamos Cultura (página que, sea por tema de la plataforma y/o por cuestiones ligados a los proveedores de Internet, no siempre fluyó).

En comparación con ediciones anteriores de este festival que, desde hace tres años, copa la agenda cultural del verano porteño, esta vez hubo más cantidad de espectáculos internacionales (16 en total). Pero, signos de estos tiempos, solamente una artista extranjera estuvo en la Ciudad (la francesa Séverine Fontaine, con Resiliencia). El resto: modo híbrido. Hubo mayores propuestas extranjeras aunque el costo de inversión del FIBA 2021 fue menos de la mitad, contando la inflación interanual, que el del año pasado (de 60.000.000 de pesos pasó a 30.000.000). Lo cual abre un interrogante: en el escenario económico actual, ¿acaso el modo híbrido siga vigente debido a motivos presupuestarios?

Resiliencia fue una de las 16 propuestas internacionales y la única que contó con su creadora y performer actuando en vivo en la Ciudad
Diego Astarita


Resiliencia fue una de las 16 propuestas internacionales y la única que contó con su creadora y performer actuando en vivo en la Ciudad (Diego Astarita/)

El FIBA 2021 sumó al Fibita, la edición pensada para el público infanto-juvenil que es una interesante apuesta en lo que se refiere a la generación de nuevos públicos. Claro que así como sumó al Fibita esta vez, como venía ocurriendo en las dos últimas ediciones, no se realizó paralelamente Ciudanza, el festival coreógrafico para espacios públicos que, según informaron los responsables de Cultura, se realizará a mediados del año.

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Durante los días del Festival Internacional de Buenos Aires se abrió otros escenario por fuera de lo programación formal: la tensión entre los artistas locales y los organizadores. En un comunicado que viralizaron en las redes, 27 elencos plantearon su postura de descontento. “Se esperaba con ansias que esta edición del FIBA actuase al menos como un paliativo económico a la inactividad del año anterior. Sin embargo, tal como fueron planteadas las condiciones y fechas de pago en la convocatoria, estableciendo que las compañías debían garantizar estrenos y reposiciones en tiempo y formar a cambio de pagos con una demora de 90 a 120 días, volvió a poner, una vez más, el peso de la producción del lado de los trabajadores de la cultura”, expresa el comunicado que titularon “Los artistas estamos financiando el FIBA”. Desde el ministerio que conduce Enrique Avogadro, respondieron: “Desde la producción del Festival se conversó con cada uno de los firmantes para buscar soluciones específicas al proceso que cada uno estaba atravesando, teniendo en cuenta que las bases y condiciones (aceptadas al momento de inscribirse) y la declaración jurada (aceptada al momento de ser seleccionados los proyectos) eran claras sobre los tiempos que implican los procesos administrativos”.

En lo formal, el FIBA concluye esta noche. Pero al mismo encuentro se lo puede pensar como un festival en proceso que seguirá desplegando sus formas cuando los trabajos locales que contaron con ayuda económica realicen sus respectivas temporadas con obras que, seguramente, se habrán afianzado en sus procesos creativos. ¿Será en salas sin aforo limitado? Imposible saberlo: la pandemia sigue definiendo las cosas.

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