Sin precedentes: acusaciones y pases de factura en un encuentro empresario

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De la bronca, a José Ignacio de Mendiguren le temblaba la voz. Y hablaba casi a los gritos. Habrá sido también la modalidad del Zoom, que a veces desinhibe. En un discurso en el que aludió y criticó a varios directivos, incluso reflotando episodios del pasado, el textil acaparó ayer por la tarde el momento previo a la asamblea de la Unión Industrial Argentina (UIA), que renovó autoridades y puso en funciones a Daniel Funes de Rioja como presidente. Su argumento fue que alguien había vetado, sin avisarle, su ingreso en el comité directivo de la entidad, razón por la cual cuestionó al nuevo líder fabril y se quejó de que Paolo Rocca, de Techint, grupo al que responsabilizó de su apartamiento, no le hubiera atendido el teléfono. Tres de sus pares le contestaron en términos igualmente duros.

Fue un momento tenso. Escuchaban unos 120 miembros del Consejo Federal de la UIA y sólo cuatro ejecutivos participaban de manera presencial, desde la sede de Avenida de Mayo: Miguel Acevedo y David Uriburu, presidente y secretario salientes, y sus reemplazantes, Funes de Rioja y Miguel Ángel Rodríguez. Mendiguren habló por Zoom. “Es importante que a la UIA le demos transparencia y debate interno. Yo creo que en este proceso eleccionario no lo ha habido”, empezó, y se dirigió a Funes de Rioja, a quien le cuestionó las negociaciones por la lista de unidad que definió las nuevas autoridades: “No hace falta, querido Daniel, que te exprese la cantidad de intercambios que hemos tenido vos y yo sobre el futuro y esta lista. Vos me dijiste que veías muy bien mi presencia en el comité. Es más: me dijiste que era un valor adicional mi experiencia parlamentaria porque eran muchas las leyes que hoy complican a la industria. Y me dijiste que era un valor que yo presidiera un banco de inversión. Después no sé qué pasó. No nos podíamos comunicar: te pedía permanentemente, en honor a lo que tenemos, a los años, comunicarnos. Sobre la fecha, cuando no quedaban plazos para nada, se me dice que mi sector iba a ser vetado”.

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Hay que poner el debate en contexto. Es probable que nadie lo haya dicho de manera directa y cabal, pero la principal objeción a Mendiguren es su condición de funcionario del Gobierno, no de textil: es diputado en licencia y preside el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE). “Va a votar las leyes del oficialismo, no las nuestras”, explicó a LA NACION una de las autoridades fabriles. La decisión tomada al respecto representa, al mismo tiempo, una postura frente a la Casa Rosada. Mendiguren aprovechó lo que juzgó falta de frontalidad en sus compañeros para repasar, lista en mano, las cámaras a las que, dijo, había llamado y en las que no había recibido ninguna refutación a su ingreso en el comité. “Ninguna de estas entidades habló de un veto”, dijo, y aludió a Techint: “Me quedaba una sola empresa, que sería la del veto y que todos conocemos. Llamé al señor Paolo Rocca, me dieron su teléfono, estaba en Italia. Le dejé diez mensajes, porque cuando yo era presidente de la UIA Rocca me llamó varias veces para que le solucionara enormes problemas que tenía con el gobierno nacional, y así lo hice. No tuve respuesta. ¿Se ataca ahora mi honorabilidad? Nadie la puede cuestionar. Yo nunca pagué coimas, y por eso nunca tuve que confesar en un juzgado haber pagado coimas. No acepto que personas que hoy se sientan en ese comité cuestionen mi honorabilidad”.

Uriburu, de Techint, que lo escuchaba a través de la pantalla, le advirtió en ese momento que se estaba extendiendo. “Habíamos dicho que eran dos minutos y ya llevás como cuatro”, le dijo. “Ya termino”, siguió Mendiguren, y le pidió a Acevedo unos instantes más. Pero, ante la insistencia de Uriburu, dobló la apuesta: “Ya termino, señor secretario. Si el presidente me lo concede. A usted le pido, que es uno de los que voy a cuestionar también”. Al ver que lo increpaba, Uriburu se puso más duro: “Te doy dos minutos y, si no, te cortamos el micrófono. Te lo pido por favor”, le anticipó. Mendiguren lo seguía tratando de usted. “Escúcheme: esa patotería suya y de su empresa ya se van a terminar. Hasta la Rural vota autoridades. Terminemos con un grupo que asusta con la lapicera de dejar dentro o fuera de la lista y pretende dominar. Rocca decía siempre que no le interesaba participar, que quería gobernar las entidades. Tengamos una UIA plural”, agregó.

Ya era una discusión corporativa sin precedentes. Mendiguren eligió cerrar más cerca del drama que del debate empresarial. Y se dirigió a Funes de Rioja: “Lamento, Daniel que con todo lo que te conozco, hagas esto. Vos sabés que yo prefiero un industrial a cargo de la UIA, no un abogado. Pero no esperaba esto: espero el café que hace un mes no me querés dar. Sabés que estás en falta”.

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Varios de los participantes se quedaron sin palabras. Con excepción de Cristiano Rattazzi (Fiat), Eduardo Nougués (Ledesma) y Adrián Kaufmann (Arcor) que pidieron intervenir para contestarle. El más duro fue Rattazzi. “Vos en el comité, en la UIA, puertas adentro, podés decir lo que quieras -empezó-. Pero lo que dijiste el otro día en el programa A dos voces de Daniel Funes de Rioja es inaceptable. Me dio vergüenza ajena”. El resto argumentó más o menos lo mismo. No lo estaban dejando afuera de la UIA, dijeron, sino sólo del comité, que había sido armado por acuerdo, con lista de unidad. Una nómina que, para peor, después del sobresalto, había que votar. Y así fue: la respaldaron todos, sin ninguna objeción, ni siquiera la del propio Mendiguren.

La única ironía de una tarde sin indirectas.

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