“Sigue una tendencia al deterioro”: pese al fin del aislamiento, los efectos negativos de la pandemia aún persisten en los chicos

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La educación, uno de los principales indicadores afectados por el aislamiento
La educación, uno de los principales indicadores afectados por el aislamiento - Créditos: @Shutterstock

Un primer estudio sobre el impacto de la pandemia de Covid-19 en el bienestar general de los chicos y los adolescentes demuestra que, aun cuando algunas condiciones recuperaron sus niveles previos a 2020, los efectos residuales en la alimentación, la salud, la educación y la pobreza son tan potentes que será difícil revertirlos sin políticas públicas más sustentables que la asistencia económica y alimentaria de emergencia.

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El nuevo diagnóstico social que trazó en 152 páginas el equipo del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) abarcan el período entre 2010 y 2021, con especial atención a los dos últimos años con el aislamiento y el distanciamiento social. “En ninguno de los indicadores, o en muy pocos, volvimos a los valores de 2019″, dijo a este medio Ianina Tuñón, investigadora responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, que ahora incorpora este nuevo estudio.

“La recuperación es lenta y, en algunos casos, no la hay: sigue una tendencia al deterioro en indicadores como la violencia familiar, la estimulación de los niños a través de la palabra, la alfabetización básica, la continuidad del secundario o la pobreza”, agregó esta tarde antes de la presentación de los resultados en una de las aulas de la UCA.

El equipo relevó una muestra representativa de los centros urbanos del país (5840 menores de 17 años) para ampliar hasta el año pasado la tendencia en el cumplimiento de ocho derechos humanos y sociales en esa población asociados con el acceso a la alimentación, la salud, un hábitat digno, la subsistencia, los procesos de crianza y socialización, la información, la educación y la protección social contra el trabajo infantil.

Rodolfo Pablo Moreno, presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría; Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, y la pediatra Ángela Gentile, estuvieron hoy, en la presentación del informe
Rodolfo Pablo Moreno, presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría; Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, y la pediatra Ángela Gentile, estuvieron hoy, en la presentación del informe - Créditos: @Gentileza de la UCA


Rodolfo Pablo Moreno, presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría; Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, y la pediatra Ángela Gentile, estuvieron hoy, en la presentación del informe (Gentileza de la UCA/)

Indicadores

La seguridad alimentaria en la infancia y adolescencia no está ga­rantizada en el país”, sentencia el primero de esos resultados. Los datos indican que las carencias alimentarias en los menores crecieron de manera sostenida desde 2018, con su pico del 37,2% en 2020, durante el aislamiento social preventivo obligatorio (ASPO) que dictó el Poder Ejecutivo nacional. El año pasado, esa proporción retrocede al 29,2% previo a la pandemia. En la población que tuvo que restringir la cantidad y calidad de la comida, hubo un 14,9% que en algún momento sintió hambre por los problemas económicos, según señalan los autores del informe “Condiciones de vida y desarrollo de la Infancia: Continuidades y rupturas de la salida de la pandemia”.

Dos de cada 10 chicos y adolescentes argentinos siguen viviendo en condiciones de hacinamiento, proporción que se duplica en los más pobres. “Las condiciones registran progresos sostenidos entre 2010 y 2018, pero sin cambios relevantes en los últimos años. Las diferencias regionales son notables y especialmente perjudiciales para el conurbano bonaerense”, detalla la investigación.

Seis de cada 10 chicos están en un hogar que, por sus niveles de ingresos, cayó por debajo de la línea de pobreza, lo que alcanza el pico de la década. Un cuarto de esa población está en hogares indigentes. “En la infancia, hay un crecimiento sostenido de la pobreza”, definió Tuñón. Dos de cada 10 chicos y adolescentes tienen que compartir la cama, lo que se duplica en los menores de cinco años.

Entre 2019, 2020 y 2021, apenas un cuarto (25%) de los chicos y los adolescentes “no fue pobre ni indigente de modo sostenido en el tiempo”, precisan los investigadores, mientras que poco más de un tercio del 75% es “crónicamente pobre” y esto, a criterio de los autores, podría haber sido aún más grave sin asistencias económicas y alimentarias estatales (AUH, IFE o Tarjeta AlimentAR) durante la pandemia. El año pasado, el 48% de la población de entre cero y 17 años recibía esas ayudas de emergencia.

“Nos llamó la atención que no se pudiera lograr una merma de la pobreza en la infancia, como sí se pudo ver el año pasado en la población general”, comentó Tuñón, que consideró que podría deberse a que la indigencia se mantiene en valores muy altos (15%). “Son dos millones de chicos con un nivel de pobreza muy grave, que incluye episodios de hambre, lo que también tiene correlación con la inseguridad alimentaria, que también alcanza al 15% de los chicos”, agregó la investigadora.

Salud

Más de la mitad (58,7%) de los menores de 17 años recibe atención en el sistema de salud público como única opción de cobertura en la familia, el valor más alto de la década. Los datos revelan, también, que el 27,4% de los chicos y los adolescentes no tuvo un control preventivo y un 57,9% de los menores de entre 3 y 17 años no fue al odontólogo en los últimos 12 meses.

La estimulación a través de la lectura de cuentos o historias entre cero y ocho años es clave para el desarrollo. Sin embargo, en 2020, no la recibió un 50% de los chicos en esa edad, lo que el año pasado cayó apenas al 48%, comparado con el 40% antes de la pandemia. Dos de cada 10 chicos no festeja su cumpleaños.

Si hay algo que la gestión de la pandemia dañó es la educación. “Se registran deterioros en la escolarización en el nivel inicial y la primaria –advierten los autores–. En la educación primaria, hubo una mayor retención [de los alumnos] y el abandono escolar fue menor que en el secundario, aunque duplica el registrado en el promedio histórico. El déficit de educación primaria en 2021 alcanzó al 11,5% de los chicos. En la educación secundaria, se registra una merma del déficit total que evidencia un aumento significativo de la no asistencia.”

Como en los servicios de salud, los datos también dan cuenta de un aumento del uso del sistema público en la primaria y la secundaria, pero con un retroceso marcado en la oferta de jornada doble, la enseñanza de idiomas y computación en la escuela, sobre todo de la clase media no profesional.

“En muchos de estos indicadores observamos que están muy golpeados los niveles medios profesionales y no profesionales”, dijo Tuñón. “Los chicos y los adolescentes no iban a ser la población más afectada por pandemia –recordó la investigadora–. Pero hay efectos que se subestimaron.”

De la presentación de resultados y el informe también participó la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). “Deseamos que los resultados de este informe permitan la toma de conciencia de los dirigentes económicos, políticos y sociales, y de la opinión pública en general, sobre los problemas graves que enfrenta todavía la niñez y la adolescencia en nuestro país –escribió Pablo Moreno, presidente de la SAP, para el informe–. El fracaso en responder a los determinantes sociales y ambientales de la salud afectará a los niños y los adultos en el curso de su vida. Al igual que en otros problemas de salud pública, la salida es colectiva y comunitaria.”

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