Las demandas por difamación podrían ser una estocada mortal al movimiento #MeToo

El movimiento #MeToo revolucionó a la sociedad en relación a la denuncia de casos de violencia y acoso sexual y dio a las personas que han sido víctimas de esa lacra una posibilidad de alzar su voz para exigir justicia e incidir en una transformación auspiciosa de la sociedad que prevenga dominaciones sexistas y exponga a quienes han cometido abusos sexuales pero se han mantenido impunes y reincidentes.

Con todo, ese movimiento ha enfrentado obstáculos e incluso contradicciones internas que le han restado efectividad o cuestionado, en ciertos casos, sus motivaciones. Este último es, por ejemplo, el caso de denuncias anónimas que exponen como acosadores sexuales a personas sin presentar pruebas más allá de los dichos de alguien que opta por mantener el anonimato.

La periodista francesa Sandra Muller ha sido demandada por difamación por el hombre que ella acusó de acoso vía redes sociales. Ella fue precursora de la versión francesa del movimiento #MeToo. (AFP / Getty Images)

Esos casos han motivado una profunda reflexión dentro del movimiento y la sociedad en general sobre cómo debe conducirse la legítima lucha de #MeToo para resultar efectiva y justa, pero otros punzantes obstáculos le han llegado a ese movimiento vía acciones y demandas judiciales.

Como se narra en CNN, en varios países los hombres han presentado demandas por difamación en contra de mujeres que han afirmado que ellos las sometieron a abuso o acoso sexual. Es el caso, en Francia, de la periodista Sandra Muller, quien en 2017 acusó públicamente a Eric Brion, un productor de televisión, de haberle dicho: “Tienes grandes pechos, tú eres mi tipo de mujer. Te haré tener orgasmo toda la noche”.

Muller se sintió profundamente humillada por esas palabras y se convirtió en precursora en Francia del equivalente al #MeToo. Su decisión catalizó las revelaciones de muchas otras personas que hasta entonces habían sufrido en silencio.

Brion publicó tiempo después una disculpa pública en el periódico Le Monde explicando que le dijo esas “palabras inapropiadas” a Muller durante una fiesta cargada de alcohol, solo una vez. Al parecer Brion le envío un mensaje de texto a Muller con una disculpa, pero no recibió respuesta. Y dijo que habría preferido ser juzgado en un tribunal por esas palabras en lugar de en las redes sociales.

Así, Brion optó por demandar por difamación a Muller. Su abogado ha dicho que Brion ha reconocido haber dicho esas palabras pero que optó por recurrir a los tribunales porque Muller lo acusó de haberla acosado sexualmente en el trabajo.

Incluso, de acuerdo a The New York Times, los abogados de Brion han dicho que las acusaciones de Muller contra él alteraron su vida, le han hecho perder oportunidades laborales y él mismo ha dicho que su conducta nada tiene que ver, por ejemplo, con la de Harvey Weinstein, magnate de Hollywood que ha sido acusado de violación y agresión sexual.

Brion considera que ha sido víctima de un “ataque de precisión” de parte de Muller y tratará de probarlo en la corte, todo ello en el contexto de la controversia, de peso en Francia, sobre si intentos de seducción, así sean crudos o torpes, son o no equiparables a acoso.

Y aunque aún está por dilucidarse lo que se decidirá en ese juicio, Muller y otras activistas han señalado que con demandas como esa se pretende hacerlas callar, y disuadir a otras personas de denunciar lo que han sufrido por el temor a tener luego que encarar costosas demandas ante los tribunales. Y se critica que en Francia, y en otros muchos países, la justicia está impregnada de sexismo y muchas de sus determinaciones se orientan no tanto hacia la equidad sino a preservar privilegios y roles dominantes.

Con todo, como se señala en CNN, en Francia y otros países en juicios de difamación toca al acusado probar que lo que se le imputa es falso, mientras que en Estados Unidos son en muchos casos los demandantes los que deben probar que los acusados actuaron de modo falso. Y al menos en 24 estados, señala la televisora, una persona puede acabar en la cárcel si es hallada culpable de difamación.

Eso añade un inquietante componente para las personas que luego de denunciar públicamente haber sido víctimas de acoso sexual podrían verse en la situación de enfrentar la posibilidad de ir a prisión si sus dichos son considerados difamatorios.

Activists en la marcha del movimiento #MeToo de 2018 en Hollywood, California. (Getty Images)

Y aunque es posible que en ciertas situaciones se hayan dado acusaciones infundadas o falsas, y de ser así es apropiado que se esclarezcan las cosas, la voz alzada de #MeToo es un movimiento necesario y legítimo. Pero si se considera que la interpretación en las cortes con frecuencia reincide en los patrones sexistas que se han sufrido por décadas, la posibilidad de que una justa denunciante acabe siendo declarada culpable solo por haber dicho lo que le realmente le sucedió es ominosa.

Máxime porque muchas de las denunciantes que han expuesto a sus acosadores son personas de recursos limitados que han señalado a individuos que eran sus jefes y tiene mayor capacidad económica para sufragar los elevados costos de un juicio en Estados Unidos. Es por ello que activistas denuncian que la tendencia de someter a denunciantes de #MeToo a demandas por difamación puede disuadir a más personas de contar sus historias y, por ende, perpetuar el ciclo de impunidad y silencio que ha propiciado la dominación y el abuso sexista.

Por lo pronto, Muller ha dicho que luchará en corte hasta el final y, en Estados Unidos, organizaciones como Time’s Up Legal Defense Fund han salido en apoyo de personas que tras contar su caso en #MeToo han sido demandadas. Ese grupo ha recibido en año y medio, según CNN, unas 5,000 peticiones de ayuda, lo que permite dimensionar la magnitud de su reto.