Las telas olvidadas encuentran una nueva vida

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Muestras en Nona Source en París, el 13 de mayo de 2022. (Emilie Régnier/The New York Times)
Muestras en Nona Source en París, el 13 de mayo de 2022. (Emilie Régnier/The New York Times)

Como el comprador de telas de Givenchy, Romain Brabo visitaba con frecuencia los almacenes de telas de las casas de alta costura francesas y veía pernos apilados con seda, encaje, tul, cachemira y lana sobrantes, todos olvidados. Las telas más exquisitas eran las de colecciones de alta costura anteriores de Christian Dior o Givenchy, cuando un taller usaba el material para las pasarelas y quizá para algunos pedidos hechos a la medida, y luego enviaba lo que sobraba a almacenar.

“Pensé: ‘¿Por qué no ofrecerles esto a todos?’”, comentó Brabo parado en el centro de una pequeña sala en La Caserne, una antigua estación de bomberos en el norte de París que ahora es una incubadora de moda. La sala estaba llena de muestras de tela.

“Así fue como se me ocurrió esto”, afirmó, mostrando la habitación con un movimiento del brazo.

Brabo se refería a Nona Source, una sala de exposiciones que lleva el nombre de la diosa romana de los textiles. Ayudó a fundar este espacio para ofrecer telas sin usar, o “existencias muertas” de LVMH, el conglomerado multinacional que alberga marcas como Christian Dior, Givenchy, Celine y Fendi, a equipos de diseño de las mismas casas para colecciones cápsula, pedidos especiales o proyectos de mercadotecnia, así como a diseñadores independientes emergentes, a un precio muy rebajado. El surtido de existencias muertas de Nona Source tiene un descuento de hasta el 70 por ciento sobre los precios de venta al por mayor, según Brabo. En mayo, Nona Source abrió una segunda sala de exposiciones en Mills Fabrica, un espacio de cotrabajo e incubadora de tecnología en Kings Cross, Londres. Además, hay rumores sobre la posibilidad de expandirse al sudeste asiático —muy probablemente a Hong Kong o Singapur— y a Estados Unidos.

“Queríamos incentivar el reuso creativo y hacerlo a un precio supercompetitivo”, dijo Brabo. “Reevaluamos todos nuestros materiales, así que nada se va a los vertederos”.

Ya que algunas empresas de moda están haciendo la transición hacia un modelo de negocio más sustentable, se habla mucho de la circularidad, es decir el cambio de una forma lineal de producir y vender productos, conocida como “hacer-usar-desperdiciar”, a una que prioriza el reciclaje y el desperdicio cero. Para las marcas globales eso ha significado repensar y reformular las políticas derrochadoras; para las compañías independientes, que con frecuencia son de jóvenes, las prácticas conscientes del ambiente, como la circularidad, suelen ser un principio fundamental.

Estos dos segmentos de la industria rara vez trabajan en conjunto. Con Nona Source, Brabo está tratando de cambiar eso.

Romain Brabo, comprador de tejidos de Givenchy, en la sala de exposiciones de Nona Source, de la que es cofundador, en París, el 13 de mayo de 2022. (Emilie Régnier/The New York Times)
Romain Brabo, comprador de tejidos de Givenchy, en la sala de exposiciones de Nona Source, de la que es cofundador, en París, el 13 de mayo de 2022. (Emilie Régnier/The New York Times)

En 2019, Brabo se unió al programa de innovación de LVMH, llamado “Disrumpir, actuar, arriesgarse a ser empresario” o DARE (por su sigla en inglés), y transformó “en un proyecto concreto” su idea de aprovechar las existencias muertas, dijo. La plataforma debutó en línea en abril de 2021 y la sala de exposición le siguió en septiembre de 2021.

“Los confinamientos por el COVID-19 en realidad aceleraron a Nona”, sostuvo Brabo. Como la industria de la moda estaba casi paralizada, sin desfiles ni aperturas de tiendas, “pudimos acelerar el proceso. Todas las puertas estaban abiertas”.

En la primera temporada, Nona Source tuvo 300 clientes y el 90 por ciento eran diseñadores jóvenes, según Brabo; en mayo de este año, esa cifra se duplicó hasta 600, procedentes de toda Europa. La plataforma está abierta solo a empresas registradas y hay unas 1000 muestras disponibles. Los satenes de seda son los más populares, seguidos de las cachemiras de doble cara.

“Ya están agotadas”, indicó Brabo sobre las cachemiras.

Con frecuencia, los diseñadores empiezan revisando la oferta en línea, con fotografías y videos en alta definición de los materiales. Para Steven Passaro, un diseñador francés de 30 años que fue uno de los primeros en tantear el proyecto, Nona Source es una bendición por dos razones.

“Uno de los obstáculos más difíciles para los diseñadores jóvenes es tener acceso a pequeñas cantidades de telas de calidad”, sostuvo Passaro durante una visita a su estudio en Les Ateliers de Paris, un centro de las artes cerca de la Bastilla propiedad de la ciudad. “Generalmente, el pedido mínimo es de 50 o 100 metros. Pero a veces solo hacemos cinco piezas de cada diseño. Con Nona Source, podemos encontrar tela para partidas tan cortas”.

Además, Passaro explicó que realiza la mayoría de sus diseños en computadoras con software en 3D. “Nos metemos al sitio web de Nona Source, hacemos una captura de pantalla de la muestra y la ponemos en el diseño”, explicó mientras lo demostraba en una computadora de su taller. “Así podemos saber cómo se verá la muestra exactamente. Sigo yendo a La Caserne para ver el material: tocarlo, sentirlo. Pero al hacer de esta manera nuestra primera selección, evitamos mucho desperdicio, ahorramos mucho tiempo y es eficiente con los gastos”.

Brabo y sus colegas eligieron La Caserne para albergar la primera Nona Source porque es un centro para diseñadores emergentes, con estudios de bajo costo y un restaurante vegetariano. Uno de los inquilinos es Benjamin Benmoyal, diseñador francoisraelí de 31 años.

“El ADN de mi marca es ser sustentable, por eso uso Nona Source”, comentó este último. “Los desperdicios tienen valor. Son un recurso”.

Sacó de uno de los percheros de su estudio un vestido recto sin mangas con dobladillo pañuelo. Era de una lana a rayas que parecía y se sentía como una popelina de algodón.

“Compramos toda esta tela que tenía Nona Source y vendimos todo lo que hicimos con ella”, contó. “Yo no hubiera podido nunca tener esos materiales a estos precios”.

Arturo Obegero, un diseñador español de 28 años que también fue uno de los primeros en aprovechar el proyecto, empezó comprando pernos pequeños, que utilizó para las muestras que cosía en casa. Quedó tan satisfecho con el resultado, que compró pernos más grandes de “una lana negra que parecía mezclilla, con mucha estructuras, y encaje negro” para su colección otoño-invierno 2022-2023 de ropa hecha a la medida para dama y caballero, la cual mostró durante la semana de la moda en febrero.

“En la moda la sustentabilidad se trata como una herramienta de mercadotecnia, pero debería ser una regla a seguir”, afirmó Obegero. “Todos deberían obtener sus materiales de esta manera”.

© 2022 The New York Times Company