La nueva tecnología contra el Covid-19 -quita y pon- que te monitorea constantemente

Natasha Singer
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Tyler Dixon, estudiante de último año de la Universidad de Oakland, quien presentó una solicitud para oponerse al requisito de que los residentes de los dormitorios y los atletas de la institución utilicen el BioButton, en Rochester, Míchigan, el 14 de septiembre de 2020. (Emily Rose Bennett/The New York Times).
Tyler Dixon, estudiante de último año de la Universidad de Oakland, quien presentó una solicitud para oponerse al requisito de que los residentes de los dormitorios y los atletas de la institución utilicen el BioButton, en Rochester, Míchigan, el 14 de septiembre de 2020. (Emily Rose Bennett/The New York Times).

En Rochester, Míchigan, la Universidad de Oakland se está preparando para entregar a los estudiantes dispositivos ponibles que registran la temperatura de la piel una vez por minuto —o más de 1400 veces al día— con la esperanza de identificar las primeras señales del coronavirus.

En Plano, Texas, los empleados de la oficina general de Rent-A-Center recientemente comenzaron a usar detectores de proximidad que registran los contactos cercanos entre ellos y que pueden utilizarse para alertarlos sobre una posible exposición al virus.

Y en Knoxville, Tennessee, los estudiantes del equipo de futbol americano de la Universidad de Tennessee colocan rastreadores de proximidad bajo sus hombreras durante los partidos, lo que le permite al director médico del equipo determinar cuáles jugadores podrían haber pasado más de 15 minutos cerca de un compañero de equipo o un jugador rival.

Los nuevos y poderosos sistemas de vigilancia, dispositivos ponibles que monitorean continuamente a los usuarios, son los aparatos de alta tecnología más recientes usados en la batalla para frenar el coronavirus. Algunas ligas deportivas, fábricas y residencias de ancianos ya han comenzado a utilizarlos. Los complejos turísticos están apurándose para implementarlos. Algunas escuelas se están preparando para probarlos. La industria de organización de conferencias los está considerando como una potencial herramienta que los ayude a reabrir los centros de convenciones.

Una fotografía sin fecha de BioIntelliSense muestra el BioButton que utiliza algoritmos para intentar detectar las primeras señales de COVID-19. (BioIntelliSense, Inc. vía The New York Times)
Una fotografía sin fecha de BioIntelliSense muestra el BioButton que utiliza algoritmos para intentar detectar las primeras señales de COVID-19. (BioIntelliSense, Inc. vía The New York Times)

“Todo el mundo está en las primeras etapas de esto”, afirmó Laura Becker, directora de investigación enfocada en la experiencia de los empleados en International Data Corp., una empresa de investigación de mercado. “Si funciona, el mercado podría ser enorme porque todo el mundo quiere volver a experimentar algún tipo de normalidad”.

Las empresas y los analistas de la industria afirman que los rastreadores ponibles llenan un vacío importante en la protección pandémica. Muchos empleadores y universidades han adoptado herramientas de detección de virus como aplicaciones que identifican síntomas y cámaras que miden la temperatura. Sin embargo, estas herramientas no están diseñadas para detectar al 40 por ciento estimado de personas con infecciones de COVID-19 que quizás nunca desarrollen síntomas como fiebre.

Algunas oficinas también han adoptado aplicaciones de monitoreo de virus para celulares que detectan la proximidad de los usuarios. Pero los nuevos rastreadores ponibles sirven a un público diferente: lugares de trabajo como fábricas donde los trabajadores no pueden llevar sus teléfonos o equipos deportivos cuyos atletas pasan tiempo juntos.

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Esta primavera, cuando las infecciones por coronavirus comenzaron a dispararse, muchos equipos profesionales de futbol americano y baloncesto de Estados Unidos ya estaban utilizando tecnología de monitoreo de rendimiento deportivo de Kinexon, una compañía de Múnich cuyos sensores ponibles rastrean datos como la velocidad y la distancia generada por un atleta. La compañía adaptó rápidamente sus dispositivos a la pandemia, con la presentación de SafeZone, un sistema que registra contactos cercanos entre jugadores o entrenadores y emite una luz de advertencia si se acercan a menos de 1,8 metros. En septiembre, la NFL comenzó a exigir que los jugadores, entrenadores y personal llevaran puestos los rastreadores.

Desde septiembre, los datos han ayudado a detectar los contactos de unos 140 jugadores y miembros del personal de la NFL que dieron positivo, incluyendo un brote en el equipo Titanes de Tennessee, dijo Thom Mayer, director médico de la Asociación de Jugadores de la NFL. El sistema es útil en particular para descartar a personas que hayan pasado menos de 15 minutos cerca de colegas infectados, añadió.

Los equipos de futbol americano universitario de la Southeastern Conference también utilizan rastreadores Kinexon. Chris Klenck, médico jefe del equipo de la Universidad de Tennessee, dijo que los datos de proximidad ayudaron a los equipos a saber cuando los atletas pasaban más de 15 minutos juntos. Descubrieron que rara vez sucedía en la cancha durante los juegos, sino a menudo en la banca.

“Podemos tabular esos datos y, a partir de esa información, ayudar a identificar a las personas que son contactos cercanos de alguien que dio positivo”, dijo Klenck.

Nueva forma de vigilancia

Los expertos en derechos civiles y privacidad advierten que la propagación de este tipo de dispositivos ponibles de monitoreo continuo podría conducir a nuevas formas de vigilancia que perduren más allá de la pandemia, pues traerían al mundo real el mismo tipo de seguimiento extenso que compañías como Facebook y Google han establecido en línea. También advierten que algunos sensores ponibles podrían permitirles a los empleadores, universidades u organismos de seguridad reconstruir las ubicaciones o las redes sociales de las personas y así frenar su capacidad de reunirse y hablar de manera libre. Además, afirman que estos riesgos de extracción de datos podrían afectar de manera desproporcionada a ciertos trabajadores o estudiantes, como inmigrantes que viven en el país ilegalmente o activistas políticos.

“Es escalofriante que estos dispositivos invasivos y no probados puedan convertirse en una condición para conservar nuestros empleos, ir a la universidad o formar parte de la vida pública”, afirmó Albert Fox Cahn, director ejecutivo del Proyecto de Supervisión de Tecnología de Vigilancia, una organización sin fines de lucro ubicada en Manhattan. “Peor aún, no hay nada que impida que la policía o el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas les exija a las escuelas y a los empleadores que entreguen esos datos”.

Los ejecutivos de Kinexon y otras compañías que comercializan los rastreadores ponibles dijeron en entrevistas recientes que habían pensado a fondo en los nuevos riesgos de la extracción de datos y habían tomado medidas para mitigarlos.

Los dispositivos de Microshare, una empresa de análisis de lugares de trabajo que fabrica sensores de detección de proximidad, utilizan tecnología Bluetooth para detectar y registrar a las personas que llevan puestos los rastreadores y que entran en contacto cercano entre sí durante más de 10 o 15 minutos. Sin embargo, el sistema no monitorea de forma continua las ubicaciones de los usuarios, aseguró Ron Rock, director ejecutivo de Microshare. Además, utiliza códigos de identificación, no los nombres reales de los empleados, para registrar los contactos cercanos.

Rock agregó que el sistema había sido diseñado para que los gerentes de recursos humanos o funcionarios de seguridad de las empresas clientes lo utilizaran para identificar y alertar a los empleados que pasaron tiempo cerca de una persona infectada, no para mapear las conexiones sociales de los trabajadores.

La Universidad de Oakland, una universidad pública de investigación cerca de Detroit, está a la vanguardia de las escuelas y empresas que se están preparando para dar el salto al BioButton, un sensor del tamaño de una moneda que se adhiere a la piel en todo momento, que utiliza algoritmos para tratar de detectar posibles síntomas de COVID-19.

Aún no se sabe si esta vigilancia continua de estudiantes, una población joven y en gran parte sana, será beneficiosa. Los investigadores apenas están en las primeras fases de estudio para determinar si la tecnología ponible puede ayudar a indicar señales de la enfermedad.

David A. Stone, vicepresidente de investigación de la Universidad de Oakland, afirmó que las autoridades académicas habían examinado cuidadosamente el BioButton y concluyeron que era un dispositivo de bajo riesgo que, sumado a medidas como el distanciamiento social y el uso de cubrebocas, podría ayudar a frenar la propagación del virus. La tecnología alertará a los servicios de salud de la universidad sobre la presencia de estudiantes con posibles síntomas del virus, dijo, pero la institución no recibirá datos específicos como sus temperaturas.

“En un mundo ideal, nos encantaría poder esperar hasta que este sea un diagnóstico aprobado por la Administración de Medicamentos y Alimentos”, dijo Stone. Sin embargo, agregó, “nada en esta pandemia ha sucedido en un mundo ideal”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company