Los teatros ocupados en Francia, un nuevo escenario del malestar juvenil

Agencia EFE
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París, 23 mar (EFE).- Su mirada trasluce cierto desengaño, pero sobre todo determinación. Elena, una estudiante de arte dramático, está encerrada junto a otros 30 compañeros en el teatro parisino de La Colline, uno de los casi 80 ocupados en Francia, en un movimiento que gana fuerza cada día.

"Procedemos de diferentes escuelas, somos estudiantes o debutantes en el mercado de trabajo y nos sentimos completamente invisibles", reclama en declaraciones a EFE Elena, mientras posa frente a La Colline, sala de referencia en el teatro contemporáneo en Francia.

La ocupación de este local, que se produjo hace dos semanas en protesta por el cierre prolongado de los teatros, cines y museos como medida de combate a la covid, se diferencia de la de otras salas tanto por sus mensajes políticos a favor de medidas para los jóvenes como por su organización.

Aseguran no estar bajo la órbita de ningún sindicato, como ha sucedido en otros encierros, y presumen de una organización horizontal de tipo asamblearia.

Por este motivo, no tienen un portavoz oficial. Entre ellos escogen cada día quién hablará con los medios. Y el acceso a la prensa al interior de La Colline también está prohibido por motivos de privacidad. No obstante, aclaran que todo el movimiento de ocupación de teatros comparte una misma causa, la de proteger la cultura.

Elena, de 24 años y alumna del conservatorio de Arte Dramático de París, prefiere no desvelar su apellido y explica que siente su futuro doblemente amenazado: por la precariedad del sector, sobre todo para los jóvenes que entran en el mercado laboral, y por la covid.

"Estaremos aquí (encerrados) hasta que tengamos una respuesta favorable a nuestras reivindicaciones", refrenda la joven, quien constata el hartazgo sobre una crisis sanitaria que se inició hace un año y que ahora vive un nuevo repunte con un fuerte agravamiento de las hospitalizaciones y los ingresos en unidades de intensivos.

Entre las demandas, destaca la reapertura de los teatros -siguiendo las recomendaciones sanitarias de distancia e higiene, recalca- y la marcha atrás de una reforma gubernamental sobre las condiciones de acceso al seguro del desempleo que estiman desventajosa para los trabajadores más precarios.

"Queremos participar, que nos escuchen y que estemos en la toma de decisiones que afectan a los jóvenes. Existe una gran distancia entre lo que hace el Estado, que toma decisiones que nos afectan sin consultar, y nuestra situación", insiste.

La estudiante puso como ejemplo de esa "desconexión" la delegación del Ministerio de la Cultura que se entrevistó con miembros de la ocupación de La Colline la semana pasada.

"Les tuvimos que explicar la situación de los que estudiaban en conservatorios de barrio, que ni siquiera tienen el estatuto de estudiantes...", lamenta.

UN MOVIMIENTO EN AUGE

Mientras, la oleada de encierros en los locales culturales se acelera en Francia. Casi tres semanas después de su inicio en el teatro Odeón de París, ya son casi 80 los teatros ocupados por manifestantes, en ciudades como Lyon, Marsella, Nantes y Burdeos, donde fue "tomada" su ópera.

De momento, ninguno de ellos ha sido desalojado por las autoridades y tampoco se han registrado altercados de importancia.

El Gobierno intentó aplacar indignación del sector de la cultura con un nuevo paquete de ayudas económicas, anunciado por el propio primer ministro hace un par de semanas. Sin éxito.

Los manifestantes reprochan falta apoyo a la "base" de la cultura y critican que los nombres consagrados sean los que siempre resulten beneficiados.

En Francia, la cultura está considerada como uno de los vectores más dinámicos de la economía francesa, representando el 2,3 % del PIB del país antes del estallido de la pandemia y dando trabajo a 670.000 personas (el 2,5 % de la población activa).

Por Antonio Torres del Cerro

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