Teatro y realidad se mezclan en un refugio antiaéreo en Leópolis

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Leópolis (Ucrania), 9 sep (EFE).- El arte y la realidad se entrelazan en la obra representada y ambientada en un refugio antibombas del teatro de marionetas de Leópolis, al oeste de Ucrania, cuando la casa abre una nueva temporada después de brindar refugio durante meses a decenas de ucranianos desplazados por la guerra.

Cuando la sirena antibombardeos resuena durante la obra, a la audiencia le cuesta reconocer si se trata de parte de la representación o de una alarma real, aunque ya se encuentran en el lugar más seguro para esperar a que pase la amenaza, en un refugio antibombas.

Apretujados en un pequeño sótano junto a una de las calles centrales de Leópolis, los espectadores no pueden evitar identificarse con los protagonistas de la obra, en la que un grupo de extraños se ven encerrados juntos durante una alarma.

Es una experiencia que han tenido infinidad de veces desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, el pasado 24 de febrero, a pesar de que la ciudad de Leópolis, al oeste del país, ha salido hasta ahora relativamente indemne de la guerra.

Los protagonistas de "Érase una vez en un refugio antiaéreo", que se inspira en los primeros meses del conflicto cuando el temor a los grupos de sabotaje rusos imperaba por doquier, sucumben bajo el estrés de la situación a emociones como la autocompasión, la agresividad, y el miedo y la suspicacia mutuos.

Sin embargo, cuando buscan al enemigo oculto en el grupo, salen a la luz sus vulnerabilidades, las pérdidas que han sufrido y sus esperanzas de futuro, lo que finalmente les lleva a sobreponerse a las divisiones y aceptar la experiencia compartida.

Los espectadores, muchos de los cuales asisten al teatro por primera vez en años debido a la combinación de la pandemia y el conflicto bélico, reaccionan con entusiasmo a una obra que tiene un efecto terapéutico en medio de la guerra.

Andriy Bondarenko, el principal dramaturgo del teatro, explica a Efe que al concebir la obra intentó encontrar el equilibrio adecuado entre el humor y la tragedia, algo a lo que muchos ucranianos están muy acostumbrados.

El humor con frecuencia se convierte en salvavidas en los tiempos más oscuros y prácticamente nadie puede estar de duelo todo el tiempo, subraya, pero tampoco hay forma de escapar a la dolorosa realidad.

"Empezamos a trabajar en abril cuando empezamos a pensar en qué podríamos hacer a continuación," dice, y agrega que la obra es producto del esfuerzo conjunto de los actores y de muchos desplazados que se refugiaron en el espacioso teatro procedentes de ciudades bajo ataque, como Mariúpol y Járkov, en el sur y el norte del país, respectivamente.

El teatro, especializado en obras de marionetas para niños -aunque el único personaje al que no interpretan actores, en esta obra en cuestión, es el perro de uno de los protagonistas-, sintió que debía ayudar a actores y espectadores a procesar sus dolorosas experiencias.

Con la mayor parte del edificio ocupada por los desplazados, el refugio antiaéreo se convirtió en el nuevo escenario, aunque éste no es el único cambio de cara a la nueva temporada.

"Decidimos retirar las obras de dramaturgos rusos," afirma Bondarenko, aunque matiza que se mantendrá la de una autora bielorrusa que defiende posiciones pro-ucranianas.

El dramaturgo espera que los espectadores regresen poco a poco a los teatros, aunque admite que es complicado, ya que la sensación de peligro sigue en el ambiente y en particular muchos niños están refugiados en el extranjero.

Cinco de los empleados del teatro han abandonado sus puestos de trabajo para empuñar las armas en la guerra, aunque Igor, un profesor de arte dramático desplazado de Járkiv contribuye a paliar los efectos de ausencia.

"Sería genial que los soldados en el frente también pudieran ver esta obra," declara Igor a Efe al finalizar la representación, y añade que el arte forma parte del proceso de curación y ayuda a hallar sentido a las dolorosas experiencias que han vivido tanto militares y civiles.

Rostyslav Averchuk

(c) Agencia EFE