Te nombré en el silencio, la búsqueda de madres de desaparecidos en el desierto de Sinaloa

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Te nombré en el silencio, la búsqueda de madres de desaparecidos en el desierto de Sinaloa
Te nombré en el silencio, la búsqueda de madres de desaparecidos en el desierto de Sinaloa

Con valentía, amor y coraje es que las madres buscadoras de El Fuerte y familiares de personas desaparecidas en Sinaloa salen por lo menos 2 veces por semana en busca de sus tesoros: hijos, hijas, hermanas, hermanos, seres queridos que fueron desaparecidos.

Este es un esfuerzo que el director José María Espinosa de los Monteros muestra en el documental Te nombré en el silencio que estará de forma gratuita hasta el 31 de agosto por Cinépolis Klic.

Te nombré en el silencio (2021) sigue los pasos de las mujeres que forman parte del colectivo Las Rastreadoras de El Fuerte, en Sinaloa, como parte de la campaña Rastros y Luces de Ambulante. Su objetivo es presentar el trabajo de las madres que conforman los colectivos de personas desaparecidas en el país, así como, las agresiones a las que se enfrentan por el crimen organizado.

Para José María Espinosa, director del documental y originario de Culiacán, Sinaloa, acercarse al trabajo de Las Rastreadoras de El Fuerte lo adentra a conocer los riesgos y alegrías que pasan las madres del colectivo. Así como atestiguar todo lo que arriesgan al salir a buscar a sus desaparecidos, el desamparo en el que las autoridades tienen a los colectivos y lo precario que es salir a buscarles.

“Lo que vi fue un grupo de mujeres que sustentan el grupo con sus recursos. Una familia de mujeres que, de alguna manera, se apoyan una de la otra. Se dice que este dolor solamente lo sabe la otra madre que tienes enfrente. Vi valentía, amor y esperanza por encontrar a sus seres queridos”, cuenta José María en entrevista para Animal Político.

Espinosa explica que Te nombré en el silencio muestra el trabajo de las madres buscadoras que el gobierno debería hacer. Sostiene que ellas no deberían estar buscando a sus hijos ante un silencio que también comparte la sociedad, al reflexionar sobre las ya más de 90 mil desapariciones en México.

“No hay ningún tipo de esfuerzo de la sociedad, que somos nosotros, y del gobierno para empujar juntos y tratar de solucionar poco a poco, porque esto no solo azota a Sinaloa sino a todo el país. Lo que ellas hacen es nombrar a sus hijos”, añade.

Mirna Medina, líder del colectivo Las Rastreadoras de El Fuerte, en Sinaloa, buscó a su hijo Roberto desde 2014; tres años después, encontró solo una parte de su cuerpo. En compañía del colectivo siguieron buscándolo. Así nació el colectivo un 14 de julio de 2014

“Cada vez que Mirna se levanta nombra a Roberto. Cada vez que lo va a buscar o lo que quedaba de su cuerpo, lo nombra. Ellas mismas son las que ponen esta temática sobre la mesa cuando todo mundo calla”, señala José María.

Siete años buscando a sus tesoros

Para Mirna Medina, la iniciativa Rastros y Luces de Ambulante es importante para visibilizar los casos de los familiares de desaparecidos. Cuenta que, al iniciar este grupo, ella y las rastreadoras, comenzaron solas porque el gobierno no quería reconocer que había personas desaparecidas en la entidad, a pesar de mostrar a las autoridades las carpetas de investigación, “ellos decían que solo eran desaparecidos que andaban por ahí”, exclama.

Actualmente, la situación ha cambiado para este colectivo ya que, a 7 años de haber iniciado como rastreadoras, han logrado la colaboración del gobierno. También se logró que en el 2017 se expidiera la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición Cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas.

Con más de 600 mujeres y hombres que forman parte del colectivo, de las 2 mil personas que tienen registradas, en 7 años han encontrado más de 500 cuerpos en la zona norte de Sinaloa junto con otros grupos de buscadoras. De ellos, han entregado a sus familias más de la mitad de las personas identificadas y eso, para Mirna y sus compañeras y compañeros, es una gran ventaja.

“Nosotros lo que queremos es encontrar mínimo los restos de nuestros hijos, ni siquiera buscamos culpables pero en el fondo sí queremos verdad y justicia. Probablemente, con mucha fe, en algún momento tendremos justicia”, señala Mirna Medina en entrevista.

Hasta ahora, dentro de Las Rastreadoras del Fuerte han logrado identificar y localizar a 250 tesoros, como llaman a sus familiares que fueron desaparecidos. La mayoría de los cuerpos identificados han regresado a casa, “esa es una ventaja grande que se tiene en Sinaloa”, señala Mirna.

El riesgo de salir a rastrear

María Cleofa Lugo, también conocida como Manki, es miembro de Las Rastreadoras de El Fuerte, busca a su hijo Juan Francisco Angulo Lugo que desapareció el 19 de junio de 2015.

En cuanto Manki supo de la desaparición de su hijo acudió a la Fiscalía a poner una denuncia pero le dijeron que no, que todavía no era tiempo. “Me dijeron que volviera a las 72 horas de la desaparición pero para las 72 horas mi hijo dónde estaría, a dónde lo llevarían”, cuenta Manki.

Hasta el día de hoy no hay ningún avance de la desaparición de su hijo ante las autoridades de Sinaloa. “Lo que me dijeron fue: investigue y lo que usted investigue lo vamos a poner en el expediente”, cuenta.

Al volverse miembro del colectivo de madres y familiares en busca de sus seres queridos que fueron desaparecidos, Manki cuenta que estar con ellas es una terapia donde todas salen en grupo a buscar sus tesoros.

“Nos han dicho ven a tal parte. Vamos y no encontramos nada, por nomás estarnos vacilando pero nosotras vamos con la esperanza de encontrar a nuestros tesoros”, narra.

Mirna explica que las buscadoras se convierten en “una piedrita en el zapato” tanto para las autoridades como para la delincuencia organizada porque, para ellos, es mejor que no sean encontrados. “Si los sepultan es para que no sean localizados”, añade.

En el norte de Sinaloa, explican Mirna y Manki, Las Rastreadoras se enfrentado a diferentes riesgos que han puesto en peligro sus vidas, desde balaceras, amenazas de muerte o amenazas para salir de las fosas clandestinas, muchas veces teniendo que dejar los cuerpos para después volver por sus tesoros.

“En la desesperación, y no me da vergüenza decirlo, buscamos a charlatanes como los que te leen las cartas y te dicen que él está vivo, pero solo te quitan tu dinero. Buscamos a las personas que pueden trabajar con la delincuencia para preguntarles y es ahí cuando empiezan las malas relaciones, por eso, creo que hay que manejar un perfil bajo y seguir buscando de la manera correcta sin que afecte a nadie en el grupo”, aconseja Mirna.

Ante la experiencia de seguir los pasos de Las Rastreadoras de El Fuerte, el director José María Espinosa cuenta cómo el rastreo de las personas desaparecidas es un momento fuerte donde las y los integrantes del colectivo arriesgan su vida.

“Se arriesga la vida cada vez que se sale a rastrear bajo el desierto de Sinaloa, bajo el sol inclemente de Sinaloa, sobre todo en estas fechas de canícula en que ellas siguen saliendo a buscar. Otro de los riesgos son los animales pero el riesgo más grande es, claro, el narco que de alguna manera siempre está esa tensión de toparse con ellos”, describe.

A pesar de los riesgos, hombres y mujeres en Las Rastreadoras de El Fuerte que salen a buscar a sus desaparecidos también encuentran unión y confianza entre sí. Con la pandemia de COVID-19, los grupos de búsqueda se han reducido a 12 o 14 personas para mantener las medidas sanitarias.

Para Manki, salir a buscar a sus desaparecidos la llena de energía. “El día que me quedo en casa, has de cuenta que me estoy muriendo, porque mi hijo ha de decir ‘a mi mamá no le importo porque no sale a buscarme’, pero de otro modo salgo y les grito a todos, les grito que aquí estoy y vengo por ellos. Con toda la fe del mundo salimos a buscar a todos y no nomás el mío, al que sea. El que encontremos, bendito sea Dios, que vuelve a casa de su madre y a su madre se le quita un peso de encima”, cuenta Manki.

Aunque las agresiones a las madres buscadoras no cesan, como ha sucedido con Maricela Escobedo en Chihuahua o Miriam Rodriguez en Tamaulipas y, recientemente con Arantza Ramos en Sonora. Mirna Medina, madre buscadora en Sinaloa, aconseja mantener un perfil bajo para seguir buscando a sus familiares desaparecidos.

“Estar unidas es la mejor terapia que hemos tenido Las Rastreadoras de El Fuerte. Salir a buscar significa que vas llena de esperanza, a veces no los encontrábamos a veces sí pero el hecho de que simplemente salgas y busques te quita un peso de encima y te hace sentir que tu tesoro te va a estar esperando, te va a escuchar y se dará cuenta que no te quedaste en casa esperando a que alguien te lo entregue. Esa es la esperanza más grande que tenemos”, añade Mirna.

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