¿Y si te dibujas flores en tu corte militar?

Cassidy George
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Un tatuaje en el pelo de Kimberly Ibbotson. (Vía The New York Times)
Un tatuaje en el pelo de Kimberly Ibbotson. (Vía The New York Times)
Un diseño de la artista del tatuaje Janine Ker. (Vía The New York Times)
Un diseño de la artista del tatuaje Janine Ker. (Vía The New York Times)

Los salones de belleza del condado de Los Ángeles están cerrados al público desde el 3 de diciembre, pero para los estilistas expertos en redes sociales como Amanda Lyberger, una colorista conocida por sus llamativos estilos de arcoíris, la vida debe continuar.

En el salón Thair, su lugar de trabajo, ahora sin clientes, en el distrito de almacenes del centro de Los Ángeles, Lyberger, de 28 años, regaló recientemente a su novia, una tatuadora llamada Blue Poulin, de 22 años, un “tatuaje de pelo”.

Durante tres horas, Lyberger utilizó tinte para el cabello con el fin de pintar un colorido gráfico (inspirado en un par de pantalones estampados de “El príncipe del rap”) en el cabello decolorado y usar el corte militar de Poulin como si fuera un lienzo. Tras un lavado, utilizó una máquina para perfilar y realzar las formas geométricas que había creado, por lo que Poulin pudo “portar” un estampado retro en la cabeza.

El minucioso arte del tatuaje capilar es efímero. En solo una semana, el pelo crecerá y difuminará el diseño y, en cuatro semanas, los tintes azul, rosa y amarillo se habrán desvanecido. Poulin pasó horas en la silla documentando la transformación para TikTok, donde el video que Lyberger compartió ya se ha visto 140.000 veces.

El video, a diferencia del estilo, no tiene fecha de caducidad. En el ámbito digital, los contenidos sobre tatuajes se han hecho virales durante la pandemia, un periodo definido por el acceso limitado a salones de belleza y estilistas. El entusiasmo en internet por estos estilos hizo que la demanda aumentara en Los Ángeles, una ciudad llena de artistas e influentes en busca de protagonismo.

Reina DeMoss, colorista especializada en cabello punk, considera que el tatuaje capilar es una actualización de la “era del internet” de un peinado subcultural básico. Se remonta a los estilos punk británico y estadounidense de finales de la década de 1970 y principios de la década de 1980, cuando las prácticas de belleza extremas florecieron tras la devastación económica y el malestar nacional.

“El corte de cabello es una forma de rebelión y de desconexión de la política, la sociedad o el trabajo de oficina”, dice DeMoss. “Andar con una cabeza casi calva es una declaración, pero añadirle arte, técnica y significado lo eleva a otro nivel por completo”. Con tintes vivos y diseños esculpidos a máquina, el tatuaje capilar vuelve a imaginar el corte de pelo minimalista y autoritario como un lienzo para el adorno máximo y la expresión individualizada.

“El coronavirus nos ha puesto a todos los pelos de punta”, dice Janine Ker, que se autodenomina “artista que hace peinados”. “Te dan ganas de explotar, cambiar y salir”. Ker es más conocida por haber creado el tatuaje capilar con manchas de leopardo en los colores del arcoíris que la estrella del pop latino J. Balvin lució en su actuación en Coachella 2019. Pionera de la tendencia, Ker lleva desde 2016 compartiendo fotografías de sus peinados multicapa, que combinan complejas técnicas de esculpido del cabello con hasta tres capas de tinte y procesamiento.

“Quería superar las limitaciones del cabello como medio y crear algo que realmente impactara a la gente”, comentó.

Ker dijo que pasaron años antes de que sus estilos de belleza alternativos captaran la atención de un público más general. Compartió una teoría sobre su popularidad durante la pandemia: “El pelo es lo único que controlamos ahora mismo. Te miras en el espejo y ves que has cambiado algo o que has marcado la diferencia en tu vida”.

Paris Helena, una fotógrafa de belleza de 26 años que describió el corte militar como una forma de “liberación del cabello”, estaba ansiosa por llevar el clásico corte de cuarentena a un ámbito más artístico y se puso en contacto con Jordan Paige, una estilista y amiga que también es propietaria del salón Thair. El resultado fue una serie de tatuajes capilares inspirados en cuadros famosos, como “La noche estrellada” de Van Gogh y “Nenúfares” de Monet.

Plasmó los estilos en una serie de autorretratos y dijo que el tatuaje capilar le proporcionó un espacio creativo vital e incitó a la conexión humana mientras estaba aislada. “Era una forma de entablar una conversación con alguien al azar en la calle, a 2 metros de distancia”, comentó Helena.

Las reacciones de los desconocidos fueron abrumadoramente positivas, quizá porque, según ella, “hoy en día vemos menos cosas, incluidas las caras y las personas, lo que nos hace apreciar más los pequeños detalles”.

Los peinados de inspiración punk no siempre fueron tan bien recibidos. La estilista Kimberly Ibbotson, de 27 años, especializada en colores vivos, recuerda que en su adolescencia fue víctima de acoso por adoptar tonos poco tradicionales. Según Ibbotson, la tolerancia a las prácticas de belleza alternativas, como los tatuajes en el pelo, es mucho mayor ahora.

“Creo que mucha gente no se arriesgaba por temor a lo que pudieran pensar los demás”, afirma. Pero en la actualidad, el color vivo del cabello es “universalmente aceptado”, dijo. “La gente de hoy es mucho más dueña de sí misma”.

Las actitudes hacia el cuidado del cabello de los hombres también han cambiado significativamente, dando lugar a una creciente población de hombres interesados en estilos más andróginos o experimentales, como los tatuajes para el cabello.

“Los barberos se están metiendo en esto porque ven el potencial que tiene no solo como actividad creativa, sino como una oportunidad económica”, dice Ibbotson.

Julio Arriola, conocido como César y colaborador de Ibbotson, es un barbero que ha aprovechado ese potencial. Es tatuador de cabello y propietario de All Hail Studio, que se inspira en el pionero Dennis Rodman, la exestrella del baloncesto, y atiende sobre todo a una clientela masculina del mundo de la moda urbana y el hiphop.

Arriola cobra una tarifa fija de 1000 dólares por tatuajes de pelo que le llevan más de cuatro horas; algunas de sus intrincadas obras de arte tardan hasta ocho horas en completarse. (La tarifa de Arriola es más del doble de la norma del sector, que es de unos 400 dólares por un tatuaje capilar de cuatro horas).

“Todo el mundo piensa que estamos locos por hacerlo, pero eso es lo mejor de todo”, dice.

Arriola dice que sus clientes suelen hacerse tatuajes en el pelo para marcar una ocasión especial. “Para los hombres, el color del pelo es una forma de reivindicar su identidad”, dijo. “Cada vez que alguien se sienta en mi silla, se le da la oportunidad de reinventarse”. Uno de los clientes habituales de Arriola, Jordan Brent, director creativo de 30 años, describió su motivación en una entrevista telefónica: “El tinte me hace sentir menos invisible”.

This article originally appeared in The New York Times.

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