Taringa apuesta al blockchain, los tokens y los NFTs para redefinir su futuro

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Taringa nació en 2004, y hace dos años fue comprada por IOVLabs
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¿Se acuerdan de Taringa? Volvió, pero en forma de tokens. Una de las mayores comunidades online de principios de los 2000 (se lanzó en 2004, específicamente) sigue vigente y, luego del anuncio de su compra hace dos años por la empresa IOVLabs, ahora lanzó una nueva versión en la que promete muchas novedades, entre las que se encuentra su propia moneda virtual de intercambio.

La versión V8 (si, claro, la octava) anuncia cambios en la forma de obtener recompensas por el contenido que se sube a la plataforma. Así, ahora apelará a la nueva estrategia de IOVLabs de monetizar por los contenidos subidos por sus usuarios, al mejor estilo YouTube u otros sitios similares. En este caso, será posible obtener los denominados T!Coins, con los cuales será posible comprar ítems, productos y servicios en la también renovada T! Store de Taringa.

Esta moneda propia, al mejor estilo de las que otorgan muchos juegos para poder conseguir artículos internos, se pone en marcha, precisamente, en este proceso de gamificación de Taringa. “Al estar bajo el paraguas de IOVLabs vamos a ir incorporando su experiencia en materia de blockchain y criptomonedas para nuestra red. Pero eso será progresivo. En primer lugar usamos bases de datos tradicionales para los primeros cambios grandes que implementamos en esta versión”, explica Matías Botbol, cofundador y actual CEO de Taringa.

Matías Botbol, de Taringa
Matías Botbol, de Taringa


Matías Botbol, de Taringa

Blockchain, criptomonedas y NFTs

Una de las principales novedades de esta nueva versión de Taringa bajo la dirección de IOVLabs es que ahora utilizará blockchain para garantizar el correcto funcionamiento del nuevo sistema de recompensas. “Ahora los usuarios tienen que cumplir misiones, y con eso van desbloqueando y consiguiendo las T!Coins, con las que pueden premiar los posteos de otros usuarios o comprar ítems en nuestra tienda. Pero a futuro la idea es integrar blockchain para que las T!Coins se transformen en criptomonedas reales, y los ítems que vayan adquiriendo se conviertan en NFTs”, agrega Botbol, aunque aclara que todavía “tenemos que resolver bastantes diferencias técnicas del mundo blockchain, tenemos que ir mejorando y construyendo, en base siempre a cómo van reaccionando nuestros usuarios.”

Para obtener este futuro dinero virtual será necesario no solo subir contenido que tenga buena repercusión, sino que también habrá que cumplir diferentes misiones que se van planteando y que permiten adquirir medallas e ir subiendo de rango. ¿Suena conocido? Sí, porque además de ser algo similar a lo que ocurre en muchos juegos, lo de las medallas y los rangos era algo que ya existía en Taringa. El sistema puntuaba de acuerdo a la repercusión del contenido que se creaba, la actividad de los usuarios al otorgar o recibir puntos, la cantidad de seguidores y mucho más. “En 2019 hicimos un cambio de arquitectura muy grande y cambiamos el sistema de rangos. Pero la gente no lo tomó bien, porque era algo que venía desde el comienzo de Taringa. Por eso ahora lo retomamos en esta nueva versión”, explica Botbol.

Adaptarse para seguir creciendo

Actualmente, Taringa cuenta con más de 30 millones de usuarios registrados, 1000 comunidades activas y más de 13 millones de usuarios activos mensualmente. ¿Cómo hizo Taringa para sobrevivir tanto tiempo, en un mundo virtual repleto de redes sociales cada vez más segmentadas? ¿Tal vez leyendo el libro de su historia? No, en realidad, lo hicieron adaptándose, prestando atención a las necesidades de sus usuarios. “Es la propia comunidad la que le va dando una identidad real a la plataforma”, sostiene Botbol. En sus orígenes, allá por 2004, la gente generaba contenidos más desarrollados, tal vez pasaba horas buscando información y escribiendo posteos muy “parecidos a los textos periodísticos”, en lo que era algo más similar a los blogs que estaban de moda por ese entonces. Pero al surgir las redes sociales y migrar los contenidos a la generación de microcontenidos, Taringa se adaptó creando conceptos como los shouts -parecidos a los tuits- y comenzar a ser una verdadera cuna de memes.

“Al igual que sucedía en otras redes, empezó a aparecer mucho contenido político. Entonces tratamos de que se le diera más importancia a los tutoriales, que es algo que a la gente le sirve mucho: recetas de cocina, cómo cambiar una rueda del auto, etc.”, explica Botbol.

Una de las singularidades de Taringa es cómo llega a este presente, más como una empresa latinoamericana “surgida en Argentina” que como un fenómeno local que se haya exportado. “Taringa no deja de ser una comunidad global. Es una red social, sí, pero en los diferentes países donde llegó la fueron adoptando como algo propio, y por eso fuimos incorporando gente de varios países de Latinoamérica para que los contenidos no fueran solo de y para usuarios argentinos”, concluye Botbol.

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