Tania Bruguera: "En Cuba, la Justicia se usa con fines políticos y no ciudadanos"

Daniel Gigena
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En el marco del programa de exhibiciones online "La historia como rumor", que contextualiza performances realizadas en América Latina, el Malba se ocupó ayer de Destierro (1998), acción artística de Tania Bruguera. En esa ocasión, la artista cubana había fabricado un traje de barro y clavos inspirado en una figura mitológica congolesa, Nkisi Nkondi, divinidad que concede favores solamente a cambio de algo, y caminó con ese atuendo por las calles de La Habana Vieja el 13 de agosto de 1998, día del cumpleaños de Fidel Castro. Entonces, las religiones de origen africano estaban prohibidas por el régimen castrista. "Pensé de inmediato en Cuba y en todas las promesas sociales que se hicieron y no se cumplieron", dijo Bruguera en conversación con la directora artística del Malba, Gabriela Rangel, y la crítica de arte inglesa Claire Bishop. "Siempre busco la dimensión política de las religiones afrocubanas -agregó-. No me detengo en las creencias religiosas sino en su relación con el poder y la vida ciudadana".

Antes de ahondar en las implicancias de Destierro, Bruguera hizo referencia a una huelga de hambre llevada a cabo por artistas, académicos y activistas que protestan desde hace varios días en San Isidro, en La Habana Vieja, por la detención arbitraria del rapero cubano Denis Solís González, cuyas canciones denuncian las condiciones de vida en la isla. "Está preso por usar su obra para la disensión política y el gobierno no ha enviado ni siquiera a un mediador; tampoco permitió que las personas que apoyan a los huelguistas se acercaran", indicó Bruguera. Al mismo tiempo, contó que un violador de menores espera en libertad el proceso judicial. "En Cuba, la Justicia se usa con fines políticos y no ciudadanos", dijo. El gobierno cubano lanzó una campaña difamatoria en la que acusa a Solís González de terrorista y contrarrevolucionario. En un juicio sumarísimo, fue condenado a ocho meses de prisión.

Durante la videoconferencia, la artista -que está en La Habana desde marzo- envió saludos a sus colegas Marta Minujín y Roberto Jacoby.

Bruguera, que se presenta como una "incitadora", pone en práctica las maneras en que el arte influye en la vida cotidiana y el modo en que puede traducirse en acción política. "Todas mis obras tienen un ingrediente histórico", reveló. Desde proponer a los cubanos un minuto libre de censura en la Plaza de la Revolución en La Habana (#YoTambienExijo, 2014) hasta el manejo de un centro comunitario para inmigrantes en la ciudad de Nueva York (Movimiento Internacional de Inmigrantes, 2011), practica un arte que promueve el cambio social. En 2015, en su casa en La Habana realizó Donde tus ideas se convierten en acciones cívicas (100 horas lectura de Los orígenes del totalitarismo).

En 1997 había desarrollado la acción El peso de la culpa, en alusión a un acto de resistencia de los nativos cubanos bajo mandato de los conquistadores españoles, cuando se negaron a ingerir nada, excepto tierra. En su casa en La Habana, la artista consumió tierra con agua y sal durante 45 minutos. En reiteradas ocasiones, fue acusada por el gobierno cubano de promover el desorden público y, en 2014, fue arrestada y padeció campañas difamatorias de las autoridades (como la que ahora sufre Solís González). Ninguna galería representa su trabajo. "Hoy la lucha está en Twitter y Facebook", destacó por videoconferencia. Al ser consultada si no creía que en los países capitalistas también existe censura, Bruguera respondió que en Cuba esta es total. "En mi país yo estoy prohibida", dijo.

El volumen de charlas de Bishop con la artista que desafía al régimen cubano está organizado en torno a cuatro conceptos teóricos: arte de conducta, Political Timing Specific Art [arte en sincronía con el tiempo político], arte útil y "est­Ética", más una quinta noción que Bruguera toma prestada de otras prácticas, el artivismo."Estos conceptos son la mejor manera de representar lo que quiero lograr con el arte. Una situación recurrente que he encontrado estos años es que los críticos analizan mi trabajo usando conceptos de distintas tradiciones de la historia del arte, lo que genera expectativas y exigencias que no tienen nada que ver con mi práctica". Para Bruguera, América Latina tiene tradiciones propias y específicas que exigen tomas de posición con respecto a la colonización y la dictadura, "dos experiencias que nos han definido".

El libro se lanzó este año con el título Tania Bruguera in conversation with/en conversación con Claire Bishop por Colección Patricia Phelps de Cisneros. Es el undécimo de la serie bilingüe Conversations/Conversaciones, que publicó otros con Liliana Porter (en diálogo con Inés Katzenstein), Gyula Kosice, Tomás Maldonado, los venezolanos Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez, el uruguayo Luis Camnitzer y el brasileño Jac Leirner. En la librería del Malba hay ejemplares del libro de Bruguera y Bishop, y también se consigue en plataformas de comercio electrónico.

Además de Bruguera, participaron de la videoconferencia Diego Sileo, teórico del arte y curador italiano que organiza una muestra de Bruguera en Milán; Cristina Vives, que llevó Destierro a Los Ángeles; la crítica venezolana Sagrario Berti, la artista venezolana Dulce Gómez, Lucía Sanromán (que hizo una retrospectiva de la artista en Venezuela) y la escritora Matilde Sánchez. El espíritu de la artista cubana Ana Mendieta, ícono del arte latinoamericano cuya trágica muerte en 1985 fue objeto de investigaciones judiciales, sobrevoló la videocharla auspiciada por el Malba.

Para agendar

La performance de "La historia como rumor" elegida para el próximo mes será Cuando la fe mueve montañas, que el artista belga Francis Alÿs realizó en las afueras de Lima, y participarán del ciclo el arquitecto peruano Richard Perales Orellana, el artista mexicano Rafael Ortega, la investigadora peruana Natalia Majluf, el historiador de arte Gustavo Buntix, el británico Mark Godfried, curador de la TATE, y el investigador peruano José-Carlos Mariátegui.