Suspenden generosos alivios, se dispara la pobreza en Brasil

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SAO PAULO (AP) — La favela surgió casi de la noche a la mañana en medio de la pandemia, cuando la gente empezó a usar tablas de madera encontrada en basurales para construir casuchas en un terreno baldío de Sao Paulo.

Geovani de Souza y su esposa embarazada figuraron entre las 200 familias que se instalaron allí en los últimos seis meses como consecuencia del descalabro económico causado por el COVID-19.

“Sin trabajo, no podía pagar el alquiler y nos desalojaron de donde vivíamos. Encontramos esta solución aquí”, dijo de Souza, quien ahora trabaja cuando puede como albañil. Hay muchas historias parecidas.

La repentina aparición de la favela Penha Brasil refleja el aumento de la pobreza desde que el gobierno redujo uno de los programas de alivio económico por la pandemia del coronavirus más generosos del mundo. Esto dejó a los pobres a merced de aumentos en los precios de la comida, con un mercado laboral cada vez peor. Y no hay perspectivas de una vacunación masiva a corto plazo.

“Los beneficios del gobierno serán menores y el proceso de recuperación es más duro por la pandemia y la lentitud de las vacunaciones”, expresó Sérgio Vale, de la consultora de Sao Paulo MB Associated. “Hay más pobreza, cuentas más altas y los precios de los alimentos subieron... Será difícil sobrevivir”.

El año pasado el gobierno brasileño invirtió 300.000 millones de reales (55.000 millones de dólares) en ayuda a 68 millones de personas, un tercio de la población. El dinero impulsó la actividad económica mientras el presidente Jair Bolsonaro denunciaba las restricciones para contener el virus. La recesión que sufrió Brasil por la pandemia fue del 4,1%, menor que la de los países de la región, donde algunas economías se contrajeron un doble.

Pero el gobierno suspendió esos beneficios a fines del año pasado, dando prioridad a las maltrechas finanzas públicas y sin anticipar el brutal tsunami del COVID-19 que se produjo a partir de enero.

Reanudó los beneficios en abril, aunque abarcando a solo dos tercios de la gente y distribuyendo menos dinero que antes.

El mercado laboral se vino abajo, lo mismo que en otras economías latinoamericanas con un sector informal grande, según una comparación internacional publicada el 14 de mayo por un instituto de investigaciones del gobierno.

Entre diciembre y febrero, la tasa de subutilización —desempleo más subempleo, visible e invisible— subió al 29,2%, el nivel más alto para ese período desde el 2012, de acuerdo con el instituto nacional de estadísticas. Incluye un desempleo del 14,4%, que según Vale va a aumentar más todavía.

La pobreza —gente que vive con menos del salario mínimo— subió en el primer trimestre del 2021 a su nivel más alto en al menos nueve años, tras bajar marcadamente el año pasado, según Marcelo Neri, director del centro de políticas sociales de la Fundación Getulio Vargas.

La inseguridad alimenticia de personas del sector informal es cuatro veces la de la gente que tiene empleos formales con salarios fijos, indicó Tereza Campello, ex ministra de desarrollo social.

“Esto revela lo precario que es el marcado laboral desde que se eliminaron muchas de las protecciones”, manifestó Campello. “Incluso quienes hacen algunos trabajos y están más expuestos al virus viven en condiciones casi tan malas como los desempleados”.

Los ingresos bajan y los precios suben. La inflación avanza a su ritmo más rápido desde el 2016, a un 6,8%. En los últimos 12 meses, el costo de alimentos básicos como la mandioca aumentó un 18%, el del arroz un 57% y el de los frijoles hasta un 51%.

Los residentes de las favelas reciben donaciones de alimentos de organizaciones sin fines de lucro como Río de Paz. Su fundador, Antônio Carlos Costa, dijo que a veces la gente llora de gratitud.

Vania Heleno dos Reis, de 52 años, dijo que el alivio del año pasado le permitió dejar de limpiar casas, pero que tuvo que volver a hacerlo hacia fin de año. Ella y su marido, Pedro, un empleado de mantenimiento, no comen carne desde hace semanas. Comen pollo, huevos, arroz y frijoles.

“A Pedro le gusta comer bastante a la mañana, pero ahora trata de consumir solo un bollo de pan en lugar de dos, para guardar el otro para la noche”, comentó dos Reis en un supermercado cerca de Heliópolis, la favela más grande de Sao Paulo.

“Ojalá pudiese quedarme en casa. Pero no puedo”, agregó. “Me protejo lo que puedo. Sé de gente que murió por el COVID. Pero tampoco puedo morirme de hambre”.

La propagación del COVID-19 se aceleró este año, causando más muertes en los primeros cuatro meses del 2021 que en todo el 2020. Casi 2.000 personas mueren a diario, una cifra superada solo por la India.

Los países vecinos también sufren. Brasil y otras cinco naciones de América Latina y el Caribe registran algunas de las tasas de muertes per cápita más altas del mundo, de acuerdo con Our World in Data, un portal de estadísticas. El producto bruto regional se contrajo un 7,4% en el 2020, que resultó el peor año desde 1821, en que los países se libraron del yugo colonial, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

“En el 2019, la región volaba con un motor roto. En el 2020, se estropeó el otro motor”, dijo el principal economista del BID, Eric Parrado, en un informe de marzo. “El reto que enfrentamos ahora es hacer llegar el avión a destino a salvo, rescatar a los pasajeros y hacer los arreglos necesarios”.

La gente adinerada de la región viaja a Estados Unidos a vacunarse y los pobres quedan a merced de los programas de vacunación locales. La mayoría de las naciones no tienen suficientes vacunas, pero Brasil en particular se dejó estar en la búsqueda de dosis. Apostó fuerte a AstraZeneca, y cuando surgieron problemas de abastecimiento, apeló únicamente a la vacuna china CoronaVac. La producción local de ambas vacunas fue suspendida temporalmente la semana pasada.

Apenas en febrero el gobierno empezó a firmar acuerdos con otros proveedores, demasiado tarde como para adquirir cantidades sustanciales a corto plazo. Solo el 8,9% de la población está vacunada.

“La mejor política económica que hay hoy es una vacunación masiva”, declaró el secretario de políticas económicas de Brasil Adolfo Sachsida en una conferencia de prensa del 18 de mayo. “Hay que vacunar rápidamente a la población para garantizar un regreso al trabajo a salvo”.

Vale sostuvo que la gente se acostumbró a no hacer lo que hay que hacer para contener el virus, lo que aumenta las posibilidades de que haya una nueva ola de contagios del COVID-19 en el tercer trimestre.

A comienzos de septiembre se suspenderán los alivios reducidos que recibe ahora la gente, a menos que el gobierno ceda a las presiones y decida extenderlos.

“Todo hace pensar que la situación social empeorara”, dijo Campello, la ex ministra de desarrollo social. “Brasil cerrará el 2021 con un nivel de desigualdad que no se veía desde la década de 1990”.

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Biller informó desde Río de Janeiro. El videoperiodista de la AP Lucas Dumphreys colaboró desde Sao Paulo.

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