El rescate más épico del surf: le salvan de una ola de 15 metros a 100 km/h

Lucas Chumbo surfeando una ola en Nazaré. Foto: Olivier Morin/AFP via Getty Images.

Nazaré es una pequeña ciudad portuguesa en la costa atlántica, a unos 120 kilómetros al norte de Lisboa, asentada frente a un cañón submarino de 5000 metros de profundidad. Gracias a este accidente geológico, y al hecho de que la orilla sea bastante recta, con una playa larguísima sin acantilados ni ensenadas (apenas destaca un pequeño cabo en el que hay un faro), el lugar es todo un paraíso para los amantes del surf. Gracias a un efecto físico conocido como “interferencia constructiva” (que, simplificando, consiste en que las olas que se van generando se suman unas a otras), allí se forman montañas de agua de una altura impresionante, más de 20 metros en ocasiones, sobre todo cuando se acerca el invierno.

Los expertos aprovechan este entorno tan particular para demostrar sus habilidades; allí se han batido récords Guinness de las olas más grandes jamás surfeadas. Pero también son conscientes del peligro que supone enfrentarse a semejante fuerza de la naturaleza; no son pocos los que han acabado gravemente heridos, o algo peor, al ser atrapados por el mar. El último en comprobarlo en sus propias carnes ha sido el brasileño Lucas “Chumbo” Chianca.

Todo ocurrió el pasado día 20, cuando Chumbo se enfrentaba a una de las muchas olas altísimas que se generan en Nazaré, sobre todo en la playa del Norte, justo encima del cabo. Subió hacia la cresta y dio un salto, pero al caer perdió el equilibrio y se fue al agua. Nada que no entrara en las previsiones; de hecho, por ahí cerca andaba con una moto acuática su compañero y compatriota Ian Cosenza para recogerle.

El problema es que detrás de la ola que le hizo caer venía otra más grande todavía. Se estima que podía medir unos 15 metros. Y se dirigía de lleno contra la moto de Cosenza, quien tuvo que dar gas a fondo y ponerse a 100 kilómetros por hora para evitar ser engullido, literalmente. La World Surf League califica la escena como “uno de los rescates más locos jamás vistos”.

Nazaré es un destino muy habitual para los surferos, pero este día 20 había una concentración de deportistas aún mayor de lo habitual. Era una de las sesiones oficiales de prácticas del circuito QS (el que permite a los competidores sumar puntos para clasificarse al World Tour, el torneo en el que están los mejores del mundo). Concretamente participan en la modalidad “tow-in”, que se diferencia del surf “tradicional” en que los competidores no llegan a la zona de mayor oleaje impulsándose con sus propios brazos, sino que les remolca un vehículo (normalmente una moto, a veces un helicóptero), lo que les permite alcanzar velocidades mayores y, por tanto, abordar olas más altas.

Nunca está de más recordar que semejantes proezas solo están al alcance de los profesionales de élite. Intentar hacer frente a una ola de estas características sin tener la formación y la condición física adecuada es una temeridad que probablemente termine en tragedia. Y ni siquiera ellos están a salvo del riesgo que supone enfrentarse a olas de decenas de metros. Como ya dijo el inglés Andrew Cotton tras casi romperse la espalda en ese mismo lugar en 2017, “te puedes preparar al 150%, pero al final no vas a derrotar a la Madre Naturaleza”.

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