“Supervariantes”: qué dicen los expertos sobre las posibles mutaciones del coronavirus

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Coronavirus; SARS CoV 2; Covid-19; variante delta; salud; sociedad
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El mundo aún es terreno fértil para que el nuevo coronavirus se expanda y mute. Según las cifras del sitio de estadísticas internacionales, Our World in Data, solo el 53,3% de la población mundial recibió al menos una dosis de alguna de las vacunas contra el Covid-19. Mientras, en los países de bajos ingresos ese número desciende hasta un promedio alarmante del 5%. Estas cifras, dicen los especialistas consultados por LA NACIÓN, dejan abierta la puerta para que surja una nueva “supervariante”, tal como sucedió con la delta en diciembre del año pasado. Sin embargo, ¿podrá una nueva mutación poner en jaque la efectividad de las vacunas y llevar nuevamente la pandemia a los niveles que alcanzó en 2020?

“Puede ocurrir que tengamos más adelante una nueva supervariante, no lo podemos asegurar, pero tampoco podemos negar que esa posibilidad existe. Mientras circule el virus, puede ocurrir”, explica Lautaro De Vedia, miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI). De Vedia aduce que el SARS-CoV-2 cuando se multiplica, muta. Advierte que mientras haya organismos para infectar, el virus se seguirá replicando y, en ese proceso, pueden surgir variantes que sean más transmisibles.

Actualmente, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 99,5% de todas las secuenciaciones genómicas de Covid-19 que se realizan en el planeta, corresponden a la delta. Mientras que en el plano local, tal como indican desde el Ministerio de Salud de la Nación, el 83% de los casos secuenciados responden a esa variante y en algunos grandes aglomerados urbanos la cifra asciende hasta el 90%.

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Pero, ¿cuánto más transmisible o letal podría ser una mutación del virus? De Vedia argumenta que no hay un límite en el nivel de transmisibilidad que puede alcanzar el Covid-19. De hecho, si surgiera una diferencia sustancial respecto de las otras variantes, siempre sería la más fuerte la que se terminaría imponiendo. “Así funciona la naturaleza. El virus se multiplica y termina sobreviviendo e imponiéndose el que mayor capacidad tiene para adaptarse. Por ejemplo, en la Argentina se han detectado algunos pocos casos de delta plus, que sería más transmisible que la delta y podría, en un futuro, ser predominante. Pero, vale aclarar, por lo que se sabe hasta ahora no presentó cambios sustanciales que la conviertan en una amenaza aún mayor a la delta original en cuanto a las hospitalizaciones y las muertes”, agrega.

Vacunas de “segunda generación”

Por el momento la única defensa que conoce el mundo para frenar el avance del virus es la vacuna que fue diseñada para hacer frente al virus original que se detectó en Wuhan, China. Según describe Daniela Hozbor, directora de grupo en el Laboratorio VacSal de la Universidad Nacional de La Plata e investigadora principal del Conicet, con respecto a estos fármacos surgen dos cuestiones. Por un lado, se tendrán que ir reformulando para no perder su eficacia frente a las mutaciones. Pero, por otra parte, su acción podría generar una “presión de selección” en la que terminarían sobreviviendo partículas del virus que serían capaces de evadir la capacidad neutralizante de la vacuna.

“Los microorganismos cambian. Tener la capacidad de mutar es algo que está asociado con la vida. La diversidad es sinónimo de vida. Las vacunas ejercen una presión de selección dentro de esa diversidad y puede ocurrir que eso derive en una mutación del virus que, en cierta medida, pueda evadir lo que la vacuna hace. Frente a las nuevas variantes, las vacunas han perdido algo de su capacidad para neutralizar al virus. Si este se encuentra con una población vacunada, va a sobrevivir el que mejor se adapte a esa condición. Pero esa supervivencia tiene que ver con su propia replicación y la diversidad de resultados posibles, no se relaciona con que el virus sea inteligente y aprenda a evadir al sistema inmune”, argumenta Hozbor.

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La especialista señala que, por estas cuestiones, las vacunas se modifican con el tiempo y cree que el año próximo se desarrollarán las de “segunda generación”, con modificaciones que le permitirán funcionar mejor frente a variantes como la delta o la beta (identificada en Sudáfrica), que evaden en mayor medida la inmunidad que generan estos fármacos. Por eso, es necesario tener el esquema completo. “Para modificar una vacuna tiene que haber evidencia que sustente esa reformulación, y se ve que, frente a algunas variantes, perdieron capacidad neutralizante”, agrega.

Sin embargo, la buena noticia, según Martín Stryjewski, jefe de Internación de Cemic y miembro de la comisión directiva de la SADI, es que las vacunas no van a quedar obsoletas. “Creo que con tantos millones de infectados es muy probable que aparezcan nuevas variantes, aunque no necesariamente más contagiosas. Pero es cierto que ahora hay países con altos porcentajes de vacunación completa y tal vez se seleccionen aquellas variaciones que sean más elusivas al sistema inmune. De todos modos, no creo que las vacunas actuales queden fuera de juego, ya que siguen ofreciendo una protección importante para prevenir hospitalizaciones y muertes. Y si se llegaran a modificar, las más dinámicas en este contexto son las de plataforma de ARNm, como la de Pfizer o Moderna”, concluye.

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