Carlos Lomelí, el Súper Delegado de AMLO que domina el mundo farmacéutico

Carlos Lomelí Bolaños y Andrés Manuel López Obrador en un acto de campaña por la gobernatura de Jalisco en 2018. FOTO: MISAEL VALTIERRA / ARCHIVO CUARTOSCURO.COM

Dentro de la tendencia del presidente Andrés Manuel López Obrador por generar ahorros para canalizar recursos a su política social está la estrategia de cancelar delegaciones en las entidades y enviar solo uno, al que se ha llamado Súper Delegado, quien será el que coordine la entrega de los apoyos sociales del gobierno Federal, asignados a los grupos más vulnerables.

Desde que fue anunciada la designación de los Súper Delegados algunos gobernadores no estuvieron de acuerdo, destacando por su rechazo el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, que rechazó el nombramiento de Carlos Lomelí Bolaños, quien meses antes había sido candidato de Morena al gobierno del estado.

Una investigación realizada por Valeria Durán y Laura Sánchez de la organización civil Mexicanos Unidos contra la Corrupción y la Impunidad hizo públicos negocios que involucran a Carlos Lomelí Bolaños, el Súper Delegado de AMLO en Jalisco. Se le vincula con nueve empresas controladas por once de sus familiares, aunque buscó ocultar su participación en cuatro de ellas.

En lo que va de este sexenio una de sus empresas farmacéuticas, Abastecedora de Insumos para la Salud (Abisalud), consiguió ocho contratos de Gobiernos de Morena con los que ganó 164 millones de pesos.

La empresa Abisalud ha sido proveedora de diferentes gobiernos estatales desde 2013. En seis años obtuvo 150 contratos, que le generaron ingresos por 2,188 millones de pesos, para surtir hospitales y clínicas en los Estados de Jalisco, Guanajuato, Ciudad de México, Estado de México, Chiapas y Michoacán.

Entre sus clientes se encuentran el Instituto Nacional de Pediatría, el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado y Petróleos mexicanos.

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Los negocios del Súper Delegado Lomelí Bolaños con dependencias del gobierno Federal y gobiernos estatales emanados de Morena representan un reto de transparencia para el gobierno de López Obrador, que no abandona el discurso de combate a la corrupción y las malas prácticas heredadas de gobiernos anteriores.

Parece inevitable la “sospecha” de un “presunto” conflicto de interés de parte del Súper Delegado Lomelí.

Por menos de lo que ahora divulga Mexicanos Unidos contra la Corrupción y la Impunidad, en los primeros días de abril el presidente López Obrador vetó a Grupo Fármacos Especializados, Farmacéuticos Maypo y Distribuidora Internacional de Medicamentos y Equipo Médico para que no pudieran participar en las licitaciones de 2019, porque de 2012 a 2018 vendieron el 62.4% de las medicinas y materiales al gobierno “hasta que no se aclarara si no hubo influyentismo y corrupción en la venta de medicamentos el año pasado”.

Es posible que los 164 millones que la empresa Abisalud del Súper Delegado de AMLO, Carlos Lomelí, hubieran sido ganados lícitamente, pero el espectro de sus relaciones políticas y que entre sus “clientes” actuales se encuentre, por ejemplo, el gobierno de Veracruz, lleva a considerar que en las transacciones de negocios esta operando el “influyentismo” que condena en su discurso López Obrador.

Para que no se sospechara que permite el influyentismo, el presidente López Obrador paró el 26 de abril un caso similar cuando anunció en su conferencia de prensa matutina, que solicitaría la cancelación de un contrato ganado por la empresa Bio Pappel Scribe para vender papel a la Secretaría de Educación Pública. La empresa es de Miguel Rincón, amigo y compadre de López Obrador y parte de su Consejo Asesor Empresarial. Después del anuncio del presidente, el Consejo de Administración de Bio Pappel se retiró del concurso sin solicitar indemnización.

Y es que parece que la corrupción encuentra caminos insospechados para cumplir su objetivo de tomar lo que no es suyo. Nadie dijo que sería fácil el combate a la corrupción y por algunos casos hasta ahora conocidos se puede decir que muchos políticos cuando cambiaron de color para volverse “Morenos” no renunciaron a sus “mañas” ni dejaron atrás la filosofía “El que no transa no avanza”

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El caso del Súper Delegado Carlos Lomelí, resulta de mayor riesgo porque tiene la encomienda de administrar y distribuir los apoyos que entregará el gobierno federal por su conducto a los más necesitados, por lo que no debe haber sospecha sobre su honorabilidad.

El tema también tiene su lado político porque los súper delegados son figuras que despiertan recelos entre los gobernadores que los ven como amenazas que pueden erosionar su poder en la entidad, saben que son nombrados por el presidente López Obrador, pero los consideran observadores incomodos.

Desde luego que el súper delegado Carlos Lomelí se defendió al estilo Donald Trump, en las redes sociales publicó un Twitter:

“Rechazo los señalamientos que, sin fundamento, difunden en contra de mi persona. Reitero: ninguna de las empresas en las que tenga participación interviene ni intervendrá en licitaciones gubernamentales.”

Que bueno que se defendió, como dice Ya Sabes Quién, esta en su derecho. Pero el tema ahora es quien le va a creer. El gobernador Enrique Alfaro, cuando menos se queda con la duda.


Aquí se puede ver la investigación completa: El emporio farmacéutico a la sombra del Súper Delegado Lomelí