Los suizos rechazan el salario mínimo más alto del mundo

GINEBRA.- Los suizos pueden tener fama de ser un pueblo liberal y progresista, pero las urnas en los últimos meses se vienen encargando de desmentirlo. En una nueva decisión de marcado carácter conservador, en un referéndum votaron contra la instauración de un salario mínimo legal que podría haber sido el más alto del mundo, una iniciativa promovida por los sindicatos y los partidos de izquierda, y rechazada por el gobierno.

El salario mínimo propuesto por los defensores de la iniciativa era de 4000 francos suizos (3270 euros), lo que situaría a Suiza a la cabeza de ese rango de sueldos en todo el mundo. Un 76,3% de los que fueron a votar rechazaron la medida. Al mismo tiempo, los suizos bloquearon por estrecho margen (53,4%) una importante compra de aviones a Suecia para la renovación parcial de su flota aérea de combate.

Los temas sometidos a consulta popular concitaron en esta ocasión la atención de los ciudadanos, como lo demuestra que la tasa de participación (56%) haya sido una de las más elevadas en los últimos diez años. Los suizos son convocados a las urnas cuatro veces al año para pronunciarse sobre las cuestiones más diversas, de alcance federal o cantonal.

Tras conocerse los resultados definitivos, el ministro de Economía de Suiza, Johann Schneider-Ammann, se declaró aliviado por el rechazo a la iniciativa de un salario mínimo, que había sido impulsada por los sindicatos con el apoyo de partidos de izquierda.

"Es una señal clara en favor de nuestra estructura económica, de nuestro mercado de trabajo y de nuestra forma de convivencia social", comentó. El ministro insistió en que la aceptación de una remuneración mínima hubiese llevado a la supresión de empleos, particularmente en las regiones periféricas, y defendió que "el trabajo es el mejor antídoto contra la pobreza".

Los medios económicos se habían unido en la campaña contra la iniciativa del salario mínimo, y advirtieron repetidamente que perjudicaría a quienes intentaba proteger: los trabajadores con los salarios más bajos.

Entre los opositores más activos estuvieron representantes de los sectores de la hotelería y gastronómico, que anticipaban que tal medida afectaría al ya estrecho margen de rentabilidad que tienen, y les obligaría a reducir su personal.

Tradicionalmente, los suizos son muy reticentes a apoyar cambios o medidas que puedan suponer un límite a la libertad empresarial o amenazar la competitividad del país. A través de otro referéndum, los electores decidieron en febrero pasado imponer cuotas de entrada a los ciudadanos europeos y acabar así con la libre circulación de personas establecida entre la Unión Europea y Suiza desde 2002.

Esa consulta siguió a otra muy polémica de 2009, en la que se prohibió la construcción de minaretes en las mezquitas.

Tampoco era la primera vez que la ciudadanía suiza era convocada a las urnas para pronunciarse sobre una cuestión directamente relacionada con la remuneración laboral. El año pasado, los suizos aceptaron ampliamente una iniciativa para prohibir las millonarias indemnizaciones previstas para los altos ejecutivos a la hora de desvincularse de sus empresas. Sin embargo, rechazaron la iniciativa por "salarios equitativos", que establecía que el sueldo más alto en una compañía no podía ser más de doce veces mayor que el más bajo.

También es habitual en el sistema suizo que los ciudadanos decidan sobre cuestiones relacionadas con la defensa, como ocurrió ayer al votar contra la compra de 22 aviones de caza Gripen, de fabricación sueca. El gasto de 2500 millones de euros ya contaba con el aval del Parlamento desde hacía ocho meses.

La decisión de la ciudadanía obligará a anular la operación pactada con Suecia, y que tenía por finalidad reemplazar una flota de aviones de combate que, con tres décadas de funcionamiento, son considerados obsoletos.

Agencias AFP, EFE y DPA

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