'No es suficiente': Vivir una pandemia con 100 dólares a la semana

·7  min de lectura
Isabel Galán, cuenta el dinero que recibió de cuidar niños, el 21 de abril de 2021, en su apartamento del Bronx. (Desiree Rios/The New York Times)
Isabel Galán, cuenta el dinero que recibió de cuidar niños, el 21 de abril de 2021, en su apartamento del Bronx. (Desiree Rios/The New York Times)

En una vivienda del sur del Bronx, Isabel Galán juega con su hijo pequeño para que no interrumpa mientras sus dos hermanos comienzan sus clases remotas.

La casa de Galán es pequeña, pero feliz. Christopher, de 11 años, Mia, de 7, e Ian, de 1, se llevan bien. Los mayores ayudan a mantener el espacio ordenado. El más pequeño los ha hecho reír durante el largo año que han pasado juntos dentro de casa.

Los daños colaterales de la pandemia

Sin embargo, detrás de estas escenas de alegría doméstica hay una situación financiera tan grave que puede ser difícil de comprender: en el año transcurrido desde que la pandemia paralizó la economía de una de las ciudades más ricas y caras del mundo, Galán y sus hijos han vivido con 100 dólares a la semana.

“20, 50 dólares”, dice Galán, de 31 años. “Los guardo como si fueran oro”.

Antes de la pandemia, Galán trabajaba en una tintorería en el Bronx y ganaba alrededor de 350 dólares a la semana, lo que ayudaba a mantener a sus hijos e incluso a su madre en Puebla, México.

Pero en marzo de 2020, cuando Galán se preparaba para volver al trabajo después de haber tenido un hijo, la tintorería cerró sus puertas mientras la ciudad se quedaba en calma.

El casi medio millón de inmigrantes que viven en la ciudad de Nueva York sin estatus legal quedaron devastados por la pandemia, afectados por el virus y las consecuencias económicas que causó y sin derecho a recibir los cheques de estímulo ni las prestaciones por desempleo que mantuvieron a muchos neoyorquinos a flote.

Isabel Galán, arriba, compra suministros para elaborar adornos con los que pueda ganarse unos dólares, en el Bronx el 20 de mayo de 2021, con sus hijos y un niño al que cuida. (Desiree Rios/The New York Times)
Isabel Galán, arriba, compra suministros para elaborar adornos con los que pueda ganarse unos dólares, en el Bronx el 20 de mayo de 2021, con sus hijos y un niño al que cuida. (Desiree Rios/The New York Times)

Las mujeres como Galán se vieron particularmente afectadas, según un cálculo reciente del Instituto de Política Fiscal. Muchas tenían trabajos con salarios bajos en el sector de servicios. Algunas se vieron obligadas de manera repentina a quedarse en casa con los niños cuando las escuelas cerraron.

Alrededor de 35.000 mujeres migrantes de la ciudad de Nueva York tuvieron muy poca comida para alimentarse en marzo.

Una bola de nieve

Entre ellas se encuentra Galán, que se ha visto desesperada por encontrar trabajo y sin dinero para pagar por el cuidado de los niños, incluso si consigue un nuevo empleo.

Solo usa dinero en efectivo, debido a que cerró su cuenta bancaria porque no podía pagar la comisión por el servicio. Nunca toca el último billete de 20 dólares que está metido en el colchón, dice, porque lo guarda para un viaje de emergencia en taxi en caso de algún problema. “Para que podamos llegar a una sala de emergencias”, explica.

Galán es la mayor de cinco hermanas. Su educación formal en Puebla terminó después de la escuela primaria. Su padre era alcohólico y su madre la necesitaba en casa para que cuidara de sus hermanas mientras ella se iba a trabajar. “Mi madre era el papá y yo era la mamá”.

Esas habilidades la ayudaron a hacerse cargo de un hogar, comentó.

Sin embargo, la llegada de la pandemia sacudió a Galán y a su familia de maneras inesperadas. Desempleados y sin poder salir de casa, ella y su pareja, el padre de Ian, comenzaron a pelear, comentó. Cuando las peleas subieron de tono, se fue con sus hijos a un refugio.

Ahí, Galán y sus hijos vivieron durante meses en una habitación pequeña. Galán encontró la manera de ganarse unos dólares. Decoraba torres de pañales para que otros residentes del refugio las compraran como regalos para sus bebés y hacía piñatas para las fiestas.

Sin embargo, vivía temerosa de contraer el virus en el baño compartido. Además, su hijo mayor batallaba para concentrarse en el trabajo escolar cuando su hermanito menor lloraba.

En enero, luego de pasar seis meses en el refugio, ella y sus hijos regresaron a su casa en el mismo apartamento. Galán se sentía agradecida: en toda la ciudad de Nueva York, los inmigrantes que se encuentran en el país de forma ilegal han luchado para resistir las consecuencias económicas de la pandemia, ya que no solo han perdido sus trabajos sino sus hogares.

Mantener sola a la familia

Ahora que el padre de Ian ya no estaba, Galán sabía que tenía que encontrar la manera de mantener a su familia sola.

La preocupación más inmediata de Galán era cómo alimentar a sus hijos. Alguna vez tuvo derecho a cupones de alimentos, porque los tres niños nacieron en Estados Unidos. Sin embargo, ya no tenían esa prestación: sin dinero para su teléfono celular de prepago, Galán ya no podía recibir las llamadas de aviso.

Comenzó a depender de los alimentos gratis que entregaban en las escuelas públicas de la ciudad. Todas las mañanas, recoge alimentos en una escuela cercana, con artículos como fruta, yogurt, cereal y cartones de leche que calienta para el biberón de Ian.

Galán no ha podido pagar su renta mensual de 1750 dólares mensuales. Y aunque ha estado protegida por una moratoria de desahucios durante la pandemia, ya le debe varios meses de renta a su casero.

Sin un trabajo estable, Galán sigue buscando cómo ganar dinero. Una amistad le consiguió un trabajo cubriendo fresas con chocolate en una florería por 12 dólares la hora en la época de San Valentín. También hace recuerdos para bautizos y primeras comuniones y guarda los billetes que gana bajo el colchón.

“Pero no es suficiente”, dijo, y cualquier gasto inesperado puede parecer una crisis.

Los niños ya no piden cosas cuando salen, dice Galán. Y, sin embargo, trata de hacer que la vida parezca lo más normal posible; Christopher, su hijo mayor, es quien más le preocupa, y cómo le afecta el estrés financiero.

Hace poco, el niño hizo un orificio en una caja y la llenó de recibos de papel que parecían dinero y le pegó un letrero en uno de los lados que decía: ‘ATM’, las siglas del cajero automático.

“Me dijo: ‘Mami, ¿necesitas dinero?’. Y le contesté que sí y me dio 100 dólares”, comentó Galán.

La llegada de la primavera, trajo algo de esperanza. Después de más de un año en casa con sus hijos, Galán encontró una guardería para los tres que era gratuita. Ahora pasa sus nuevos días libres en trabajos esporádicos y estudiando.

Durante todo el año, tomó clases a distancia de inglés desde su celular cuatro días a la semana, durante dos horas por la tarde, con la esperanza de que poder hablar el idioma con mayor fluidez la ayude a conseguir un trabajo fijo y aprobar un examen para obtener un certificado equivalente a los estudios de bachillerato.

“Los niños estudian durante el día y yo de noche”, comentó.

Y tras meses de manifestaciones por parte de grupos que defienden a los inmigrantes, los legisladores del estado de Nueva York aprobaron un presupuesto que incluye un fondo para trabajadores excluidos de 2100 millones de dólares, destinado para personas que no tienen derecho a otras ayudas por estar en el país sin estatus legal. Es el mayor paquete de este tipo en el país.

Con la documentación adecuada, Galán y otras personas como ella que demuestren que se quedaron sin trabajo durante la pandemia pueden optar a un pago único de hasta 15.600 dólares, el equivalente a 300 dólares semanales durante un año.

Sin embargo, los meses de pobreza absoluta han hecho mella. Galán mantiene una velita prendida en la mesa, que ha parpadeado entre las comidas de la familia. La vela es para su madre, Manuela, cuyos problemas de salud le han impedido trabajar o caminar.

Antes de la pandemia, Galán le enviaba a su madre unos cuantos cientos de dólares al mes para comida o para el transporte, dijo. Ahora, lo único que puede hacer es rezar.

“Me desespera un poco no poder ayudarla”, dice.

Intenta que los niños no la vean llorar.

También debes leer:

EN VIDEO | Maduro se queja porque EEUU no incluyó a Venezuela en países que recibirán vacunas donadas.