Los sudafricanos se despiden de Desmond Tutu en su capilla ardiente en Ciudad del Cabo

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Los sudafricanos comenzaron a despedirse este jueves de Desmond Tutu en una capilla ardiente con sus restos en la catedral San Jorge de Ciudad del Cabo, el lugar desde donde el arzobispo luchó durante años contra el apartheid.

El sencillo ataúd de pino - "El más barato posible", había pedido Tutu- decorado con claveles blancos llegó temprano a su antigua parroquia a hombros de seis curas anglicanos, indicaron periodistas de AFP, y permanecerá allí durante dos días antes del funeral previsto para el sábado.

Justo antes de que el féretro ingresara a la catedral, el actual arzobispo de Ciudad del Cabo, monseñor Thabo Makgoba, pronunció una oración mientras otros lanzaban incienso. Luego, la viuda del incansable defensor de los derechos humanos, apodada de manera afectuosa "Mama Leah", caminó lentamente detrás de él hacia el interior de la iglesia.

Desde su deceso el domingo con 90 años, figuras mundiales como el papa Francisco, su amigo el dalái lama o jefes de Estado homenajearon a Desmond Tutu, y ahora llegó el turno de los sudafricanos, que se ven huérfanos de un referente.

De todas las edades y razas, cada uno de ellos se detuvo durante unos segundos ante el féretro. Muchos hicieron el gesto de la cruz y otros inclinaron la cabeza o unieron sus manos.

"Hemos venido a rendirle homenaje", confió a AFP Joan Coulson que, con su hermana, llegó muy temprano por la mañana para ser de las primeras en entrar a la catedral. "Lo conocí cuando tenía 15 años, ahora tengo 70", dice, y compara a Tutu con una estrella del rock, "como Elvis".

El público pudo acudir a la catedral hasta las 17h00 locales. Inicialmente prevista para solo una jornada, la capilla ardiente fue prolongada al viernes, "por temor a que haya una avalancha", indicó a la AFP el reverendo Gilmore Fry.

- Sin ostentación -

Tras una incineración privada, las cenizas de Tutu serán inhumadas en la catedral, de la cual fue el arzobispo una decena de años hasta 1996.

Desde el domingo, cientos de sudafricanos acudieron al lugar santo, donde se habilitó un registro para dejar mensajes y ramos de flores.

El país ha decretado siete días de duelo y todas las banderas ondean a media asta. En Ciudad del Cabo, la icónica Montaña de la Mesa se ilumina de violeta todas las noches en homenaje al arzobispo, que solía llevar la sotana de ese color.

La semana ha estado marcada además por numerosas ceremonias, principalmente religiosas a lo largo del país.

Desmond Tutu "hizo las buenas batallas, ahora ha terminado su carrera", dijo el reverendo Frank Chikane, que luchó contra el apartheid junto al arzobispo, en una ceremonia en Johannesburgo.

Por la tarde, amigos y familiares se reunieron en la sede de su fundación en Ciudad del Cabo. "He tenido el privilegio de estar cerca de muchos de los que ya no están", dijo la viuda de Nelson Mandela, Graàa Machel.

Mandla Mandela, el nieto mayor del primer presidente negro, pidió una respuesta colectiva a la ira alimentada por "la pobreza, la desigualdad y el desempleo", en referencia a los disturbios sin precedentes de julio que dejaron más de 350 muertos.

El sábado no habrá ceremonia ostentosa ni gastos suntuosos, ya que Tutu dejó consignas estrictas al respecto. El único ramo de flores será el ofrecido por la familia y la asistencia se verá limitada a un centenar de personas, a raíz de la pandemia.

La ceremonia religiosa será también una ceremonia oficial. Por pedido de Tutu, los militares limitarán su intervención a la entrega de una bandera sudafricana a su viuda Leah, con quien se casó en 1955 y tuvo cuatro hijos.

El premio Nobel de la Paz 1984 se había retirado de la vida pública en los últimos meses, debilitado por su avanzada edad y un cáncer.

Desmond Tutu adquirió su notoriedad en las horas más oscuras del apartheid, cuando encabezó marchas pacíficas contra la segregación y para abogar por sanciones contra el régimen de supremacía blanca de Pretoria.

A diferencia de otros militantes de su época, sus hábitos lo salvaron de ser encarcelado.

Tras la llegada de la democracia en 1994 y la elección de su amigo Nelson Mandela como presidente, Desmond Tutu, que dio a Sudáfrica el apelativo de "Nación del Arcoíris", presidió la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), creada con la esperanza de pasar la página del odio racial.

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