Qué está sucediendo dentro del movimiento extremo para castigar a las mujeres por abortar

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El pastor Jeff Durbin, impulsado por sus creencias cristianas, en fechas recientes promovió un proyecto de ley en Luisiana para tipificar el aborto como homicidio y que los fiscales puedan emprender casos penales contra las mujeres que interrumpen su embarazo, pero esta medida no tuvo éxito. (Adriana Zehbrauskas/The New York Times)
El pastor Jeff Durbin, impulsado por sus creencias cristianas, en fechas recientes promovió un proyecto de ley en Luisiana para tipificar el aborto como homicidio y que los fiscales puedan emprender casos penales contra las mujeres que interrumpen su embarazo, pero esta medida no tuvo éxito. (Adriana Zehbrauskas/The New York Times)

Horas después de que la Corte Suprema anuló el fallo Roe contra Wade la semana pasada, un hombre de barba hirsuta y cuadrada y con una cruz de metal colgada en el cuello celebraba con su equipo en un restaurante brasileño de carnes. Sacó su teléfono para hacer una transmisión en vivo a sus seguidores.

“Le hemos dado un duro golpe al enemigo y a su industria”, dijo este hombre, llamado Jeff Durbin, pero añadió: “En realidad, nuestro trabajo apenas ha comenzado”.

“Ni siquiera los estados que tienen leyes de activación”, que prohíben la interrupción del embarazo en el momento de la concepción aunque sea por violación o incesto, llegaron lo suficientemente lejos, comentó Durbin, un pastor del área metropolitana de Phoenix. “No consideran que la mujer deba ser castigada”.

La resistencia a “la pregunta de si son culpables o no las personas que matan a sus hijos en el vientre tendrá que ser algo que habrá que superar, ya que las mujeres seguirán matando a sus hijos en el vientre”, señaló.

Aun cuando los integrantes del movimiento antiabortista celebran su victoria en la Corte Suprema, la cual ha transformado al país, están divididos acerca de qué hacer a continuación. Los más radicales, como Durbin, quieren promover lo que llaman la “abolición del aborto”, una medida que clasificaría el aborto como homicidio desde el momento de la concepción y responsabilizaría a las mujeres que se someten a este procedimiento, lo que en algunos estados significaría que esas mujeres enfrentarían la pena de muerte. Esa postura se contrapone con el enfoque antiabortista convencional, el cual está en contra de criminalizar a las mujeres y se centra en llevar a juicio a quienes prestan el servicio.

Muchas personas que están en contra del aborto creen que la vida comienza en el momento de la concepción y que este es un asesinato. Los abolicionistas llevan esa idea a lo que ellos creen que es la conclusión lógica y absoluta: los abolicionistas quieren otorgarle al feto, desde el momento de la concepción, la misma protección que le otorga a un individuo la 14.° enmienda.

Los abolicionistas siempre habían sido una facción radical opacada por los grupos convencionales de mayor prominencia a nivel nacional, que se han centrado en promover restricciones graduales a la interrupción del embarazo.

El pastor Jeff Durbin capta a sus seguidores a través de su iglesia y de su canal de YouTube, Apologia Studios. (Adriana Zehbrauskas/The New York Times)
El pastor Jeff Durbin capta a sus seguidores a través de su iglesia y de su canal de YouTube, Apologia Studios. (Adriana Zehbrauskas/The New York Times)

No obstante, durante todo el año pasado ha estado aumentando el alcance de los abolicionistas, en gran medida gracias a su activismo en internet y a esfuerzos específicos en algunas legislaturas estatales e iglesias. El grupo de Durbin, End Abortion Now, que se inició en 2017, presentó un amicus curiae en el reciente caso de la Corte Suprema para anular la resolución de Roe contra Wade junto con Foundation to Abolish Abortion y otros 21 grupos con la misma ideología en estados como Idaho y Pensilvania. Su canal de YouTube Apologia Studios tiene más de 300.000 suscriptores, y es el líder de Apologia Church, una congregación de aproximadamente 700 personas.

Junto con otras personas de la coalición abolicionista, Durbin, impulsado por sus creencias cristianas, en fechas recientes promovió un proyecto de ley en Luisiana para tipificar el aborto como homicidio y que los fiscales puedan emprender casos penales contra las mujeres que interrumpen su embarazo. Esta medida no tuvo éxito, pero llegó más lejos que cualquiera de los demás proyectos de ley de “protección equitativa” que los abolicionistas han querido introducir en más o menos una docena de estados en los últimos dos años.

Este proyecto de ley generó mucho rechazo de otros grupos antiabortistas. En una carta abierta, unos 70 grupos en contra del aborto exhortaron a los legisladores estatales a rechazar iniciativas de ese tipo.

“Como organizaciones provida a nivel nacional y estatal que representamos a decenas de millones de hombres, mujeres y niños a favor de la vida en todo el país, queremos dejar claro que declaramos categóricamente que no es provida ninguna medida que pretenda criminalizar o castigar a las mujeres, y rechazamos con firmeza esas iniciativas”, decía la carta. Fue firmada por grupos como National Right to Life, Susan B. Anthony Pro-Life America y Americans United for Life. Otros grupos, como Students for Life, afirman que desean “abolir el aborto” y hacerlo “impensable e inaccesible”, pero están en contra de criminalizar a las mujeres.

En privado, algunos líderes de grupos antiabortistas convencionales expresan preocupación por lo rápido que los abolicionistas han adquirido relevancia.

De acuerdo con un estudio del Centro de Investigaciones Pew realizado en marzo, más o menos uno de cada tres adultos estadounidenses cree que si el aborto es ilegal, las mujeres que se someten a ese procedimiento deben ir a la cárcel, pagar una multa o hacer servicio comunitario. Según el estudio, los hombres, los evangélicos blancos y los republicanos se encuentran entre los más inclinados a creer que se debe castigar a la mujer.

Algunos fiscales ya han usado las leyes referentes a los homicidios y la violencia contra menores para acusar a las mujeres de actividades como inducir el aborto o tener un aborto espontáneo; según la organización National Advocates for Pregnant Women, desde 2006, alrededor de 1300 mujeres han enfrentado esas imputaciones o han sido detenidas.

En el fondo, los abolicionistas creen que están llevando a cabo una cruzada cristiana por la que solo deben responder al Dios que veneran.

Durbin está trabajando para lograr los objetivos de los abolicionistas con una estrategia múltiple: evangelizar por internet y predicar en la iglesia, capacitar a las congregaciones para que sepan cómo evitar que las mujeres vayan a las clínicas donde se practican abortos y acudir a las legislaturas estatales para promover los proyectos de ley que tipifican el aborto como homicidio.

Durbin, de 44 años, tiene cinco hijos, tres nietos y cinco cintas negras. Antes de convertirse en pastor y activista en internet, fue campeón nacional de karate e hizo el papel de Johnny Cage en “Mortal Kombat: The Live Tour”. Mencionó que se casó cuando tenía 20 años y su entonces novia, de 18, estaba embarazada de su primer hijo, y decidió dedicar su vida a Jesús después de que casi muere por una sobredosis de éxtasis.

No es casualidad que el nombre que haya elegido el grupo sea “abolición”. Durbin y sus compañeros activistas describen su misión como algo equiparable a los esfuerzos para abolir la esclavitud en Estados Unidos antes de la guerra de Secesión. Además, los abolicionistas del aborto, así como muchos partidarios del movimiento antiabortista general, comparan a los defensores del derecho al aborto con los defensores de la esclavitud.

“En esa época había personas que se pronunciaban en contra de los abolicionistas”, aseveró. “Decían: ‘Bueno, claro que está mal, pero si no quieres tener un esclavo, no lo compres’. Así que era como decir: ‘Es su plantación y su decisión’”.

Al igual que muchas personas que asisten a su iglesia, Christine Schwan conoció a Durbin por YouTube y lo vio dar un mensaje del Día de las Madres acerca de una mujer que no abortó a su bebé. Días después, se unió a una de las manifestaciones de la iglesia frente a una clínica de Planned Parenthood. Fue algo que sentía que tenía que hacer.

“Por lo que había hecho”, confesó Schwan, de 63 años. “Por haber tenido un aborto”.

Al preguntarle cuántos años tenía cuando le practicaron ese procedimiento, solo dijo “más joven” y se rehusó a dar detalles. Aseguró que no tenían importancia ante la verdadera realidad del asunto.

“No soy una víctima. Fui una pecadora. Fui una pecadora absoluta”, afirmó.

Ahora, Schwan es asistente de Durbin y de otros pastores, todos ellos hombres.

“Lo que más me molesta es cuando el sector provida dice que las mujeres son víctimas”, comentó. “Eso significa que yo no soy responsable de mis actos”.

Agregó: “¿Saben lo que hice? Maté a un bebé. No hay nada peor, porque para eso fuimos creadas”.

Schwan cree en lo que sus pastores le enseñaron, aun cuando esto significa que tendría que enfrentar graves consecuencias.

“Acabé con una vida; debería pagar con la mía”, explicó. Dijo que si las autoridades vinieran por ella: “De inmediato iría al tribunal y diría: ‘Cierto, soy una pecadora. Sí lo hice’. Y si ese fuera mi castigo, lo aceptaría”.

© 2022 The New York Times Company

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