El "subpresidente" que aún no se emancipa de su mentor

Ramiro Pellet Lastra

El presidente colombiano, Iván Duque, no la está pasando bien. Promovido a lo más alto del poder por el expresidente Álvaro Uribe, su antiguo mentor y, para muchos, su actual jefe en las sombras, el jefe del Estado se derrumbó en el favor popular al nivel más bajo de lo que va de su gobierno: un escaso 29%.

Tan unidos parecen sus destinos que también Uribe se desbarrancó en las encuestas en estos últimos meses, como si fueran cayendo tomados de la mano. Del 86% de popularidad que tuvo en su mejor momento, en 2008, a mediados de este año su imagen favorable cayó al 34%, según reveló la encuestadora Gallup. Se trata de una expresión insignificante para el líder más aclamado de la historia reciente.

¿Quién arrastró a quién? ¿Duque a Uribe o Uribe a Duque? Quizás fue pura coincidencia. O quizás los dos hicieron las cosas tan mal que cayeron en paralelo. Para quienes tomaron las calles el jueves, en todo caso, la suerte de Duque pasa por librarse de lo que pueda quedar, mucho o poco, de influencia de su padrino. Que se la juegue y busque su propio camino, si lo dejan. Quitarse de una vez la etiqueta de "subpresidente".

La vida le sonreía hasta solo un año atrás a Duque, cuando por fin alcanzó su sueño de convertirse en presidente. Según relatos más o menos verídicos, y no una mera construcción posterior, un cuento de hadas retroactivo o una biografía edulcorada, ya de adolescente Duque les decía a sus compañeros y profesores en el colegio al que asistía que quería ser presidente de Colombia. Nada menos.

"En su clase de sociales comenzó con la idea de ?yo quiero ser presidente' y empezó a trabajar" para serlo, según recordó tras la victoria electoral de junio de 2018 una de sus antiguas docentes en el Colegio Rochester, de Bogotá.

Y tenía de dónde inspirarse el futuro presidente. Para empezar de su padre, el dirigente liberal Iván Duque Escobar, que fue ministro de Minas y Energía y gobernador de la región de Antioquia. Y de su madre, la politóloga Juliana Márquez.

La profesora Sonia Muñoz le contó a la agencia Reuters que sus compañeros y profesores le decían my president, y que arrancó su ascendente carrera política como presidente del centro de estudiantes del Rochester. Cabe preguntarse, desde ya, si lo llamaban my president por el cargo escolar del momento o si realmente tenían confianza en el cargo nacional que alcanzaría después, el más alto posible. Pero en las dos cosas demostraron estar en lo cierto. La profecía empezaba a cumplirse.

Estudió Derecho y Economía y debutó profesionalmente como consultor de la Corporación Andina de Fomento (CAF). El entonces ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos, más tarde presidente, le echó el ojo y lo llevó a trabajar a su cartera. Su buena estrella hizo que otro alto dirigente lo quisiera a su lado, esta vez el presidente Uribe, que lo convirtió en su delfín y lo promovió a grandes saltos.

Lanzado a la política, Duque fue elegido senador en 2014 y cuatro años después alcanzó la primera magistratura. Y fue ahí donde mejor se hizo notar la mano nada sutil de Uribe. Duque iba rezagado en las encuestas y todavía se encontraba en plena disputa con otros miembros de su partido para ganar la candidatura. Cuando Uribe le dio su bendición, su favoritismo entre electorado conservador subió de un distante 10% al casi 40% que lo catapultó al centro de la escena.

Si no fuera por Uribe, después de todo, aquellas palabras de my president que profesaban sus admirados docentes y compañeros hubiera quedado en los estrechos confines del Colegio Rochester. Y quizás también en el yearbook. ¿Pero qué pasó desde entonces, desde la noche triunfal del 17 de junio de 2018?

Esa noche se coronó sucesor de Manuel Santos, con una cómoda victoria del 54% contra el 42% de su rival de izquierda, Gustavo Petro. Era el presidente más joven, con 41 años, y el más votado de la historia, con 10.340.313 de sufragios. Más de un millón de votos más que los sumados por Santos en 2010 en su duelo con el verde Antanas Mockus.

"Gracias, presidente Uribe", dijo en su primer discurso como mandatario electo y los miles de seguidores que lo acompañaban derrocharon aplausos y aclamaciones.

Ya entonces anunció que haría "correcciones" a los acuerdos de paz firmados con la guerrilla de las FARC en 2016. "Somos todos amigos de construir la paz. No vamos a hacer trizas los acuerdos, sino que la paz sea para todos los colombianos. La paz tendrá correcciones para que las víctimas sean el centro del proceso", dijo en ese primer discurso.

Al día de hoy, los colombianos constatan escasos avances en materia de paz, más aún cuando subió la cuenta de bandas armadas en las zonas rurales y de líderes sociales asesinados. Los miles de colombianos que tomaron las calles en la histórica marcha del jueves tampoco ven avances en la extensa agenda de reclamos que llevaron con ellos.

La revista The Economist señaló recientemente que Duque "sigue atrapado en las batallas políticas que han caracterizado el pasado reciente del país". Y, más interesante, dijo que su mayor reto en adelante será "desarrollar políticas que sean verdaderamente suyas".