Streaming: producida por Steven Spielberg, Oslo propone una mirada ingenua sobre el conflicto en Medio Oriente

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Streaming: producida por Steven Spielberg, Oslo propone una mirada ingenua sobre el conflicto en Medio Oriente
Prensa HBO Go

Oslo (EE.UU., 2021). Dirección: Bartlett Sher. Guion: J.T. Rogers, basado en su obra teatral. Fotografía: Janusz Kamiski. Producción: Steven Spielberg. Elenco: Ruth Wilson, Andrew Scott y Jeff Wilbusch. Disponible en: HBO Go. Nuestra opinión: regular.

Tras la reciente escalada del conflicto entre Palestina e Israel, este film parece llegar en el momento justo. Escrito por el dramaturgo J.T. Rogers y basado en su propia obra de teatro estrenada en Broadway y ganadora del premio Tony, narra los encuentros secretos impulsados por un matrimonio de diplomáticos noruegos entre oficiales palestinos e israelíes que desembocaron en los “acuerdos de Oslo”, el primer tratado de paz entre Israel y la OLP. El origen teatral es indisimulable: casi todo el metraje consiste en un grupo de hombres conversando en torno a una mesa. Una serie de flashbacks con filtros coloridos en la Franja de Gaza intentan romper la unidad de lugar, pero resultan reiterativos e innecesarios.

La película, que no solo pretende ser una lección de historia sino también una propuesta aplicable al presente, sostiene una tesis que se expone una y otra vez: si pudiéramos conversar honestamente, si dejáramos de lado la ideología, el dogmatismo y el odio y nos dispusiéramos a escuchar al otro, descubriríamos que aquellos de los que nos separa un abismo, en apariencia, insalvable no son tan distintos a nosotros. Una objeción a este planteo humanista y bien intencionado es que nuestras pasiones y nuestras ideas, que no surgen de un vacío sino por oposición a otras, nos hacen quienes somos. Siempre se puede ser más tolerante, más hospitalario y menos doctrinario, desde luego, pero plantear que la vía para la convivencia es aceptar que nuestras diferencias son ilusorias porque en verdad todos somos más parecidos de lo que imaginábamos, no es solo una negación de la tolerancia sino también de nuestra identidad.

Como la proverbial gota que golpea la cabeza en la tortura china, Oslo insiste con este planteo ingenuo y más apropiado para una fábula de Disney que para un relato que intenta desandar una crisis que lleva ocho décadas: las hijas de los emisarios palestinos e israelíes tienen el mismo nombre, todos comparten la misma devoción por los waffles con crema batida, los milicianos de ambos lados muestran el mismo miedo en la cara cuando se enfrentan. Para facilitar el camino hacia el encuentro la película presenta un relato “balanceado”, mostrándose explícitamente equidistante de las dos partes: se dice que ambas sufrieron dolor y pérdidas, que ambas tienen razón y ambas están equivocadas. Claro que balanceado no es equivalente de verdadero. Tal como los acuerdos de Oslo, a los que el intelectual palestino Edward Said consideró “una capitulación de proporciones devastadoras, el Versalles palestino” y la derecha israelí, una traición, es probable que este film no convenza a nadie que tenga más que un interés pasajero en este conflicto.

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