Streaming: en Deseo prohibido, un volcánico romance alimenta el anhelo de otra vida posible

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Streaming: en Deseo prohibido, un volcánico romance alimenta el anhelo de otra vida posible
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Deseo prohibido (The World to Come, Estados Unidos/2021). Dirección: Mona Fastvold. Guion: Ron Hansen, Jim Shepard. Fotografía: André Chemetoff. Edición: Dávid Jancsó. Elenco: Katherine Waterston, Vanessa Kirby, Casey Affleck, Christopher Abbott, Daniel Blumberg, Karina Ziana Gherasim. Duración: 105 minutos. Disponible: Flow (alquiler). Nuestra opinión: muy buena.

“Cuando era una niña pensaba que podía cultivar mi intelecto y hacer algo por el mundo. Pero la vida me dio la sorpresa de ser mucho más ordinaria”, revela Abigail (Katherine Waterston) con la certeza de que la escritura resulta el verdadero escape a esa vida que la envuelve en sus colores otoñales. La tragedia ha llegado temprano a su vida con la muerte de su pequeña hija Nellie y los días en la granja que comparte con su marido se han tornado vacíos, insistentes, rutinarios. Junto a Dyer (Casey Affleck) cuidan los animales, preparan los alimentos, acarrean el agua. Y sin embargo es la palabra que habita en su mente, la misma que recoge con letra prolija en sus diarios junto a los rituales del campo y el clima, la que da materia a una realidad que parece haberla perdido para siempre.

Mona Fastvold elige una breve historia de Jim Shepard sobre el amor prohibido entre dos mujeres en la frontera del estado de Nueva York, a mediados del siglo XIX, para recorrer el despertar del deseo como un vital renacimiento. El componente literario de la película, omnipresente en la voz de Abigail que recoge sueños y pensamientos, imprime hondura a las imágenes granuladas del exterior, a los bosques espesos que rodean la granja y esconden encuentros furtivos, a la cocina tibia por el horneado y adherida a la memoria de lo que allí se confiesa. Convertir esa palabra en textura cinematográfica exige una habilidad que Fastvold sostiene a lo largo de todo el relato, que restituye valor poético a lo que ha escamoteado en las elipsis, que brinda al destello de las miradas el reaseguro de su valor en el recuerdo.

Quien escucha a Abigail en sus charlas y confesiones es su vecina Tallie (Vanessa Kirby), solitaria y misteriosa, con su pelo rojizo y su voz grave, sus poemas infantiles y desordenados. Fastvold se dedica con paciencia a gestar ese encuentro en el terreno inhóspito de los pioneros, en la dureza del invierno, en la intemperie de las emociones. Los maridos, buenos y silenciosos u opacos y amenazantes, asoman como voces ajenas, pragmáticas o censoras, coro de una danza que se celebra esquiva a su mirada. La puesta en escena adquiere el ritmo de esa progresión, cada escena como una página en el diario de Abigail, cada corte de montaje como una inflexión de su pluma.

Día a día, Abigail anhela en su escritura un mundo por venir, algo más que esa vida ordinaria que le parecía prometida, regulada por la granja y el clima, y desafía las tragedias que la aguardan y la preceden con la fuerza única de los poetas.

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