Alerta, tú también puedes llegar a creer en las teorías de la conspiración

Miguel Artime
·7  min de lectura
El profesor Steven Novella durante una charla escéptica en 2014. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).
El profesor Steven Novella durante una charla escéptica en 2014. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).

Corría el año 2005 cuando comencé a oír hablar de Steven Novella, médico y profesor de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, pero conocido especialmente por su incesante labor como adalid del pensamiento crítico y el escepticismo. Recuerdo haberle escrito varias veces hasta que me autorizó a traducir sus artículos al castellano en la web divulgativa en la que yo colaboraba por aquel entonces. Como colofón, sus lectores en castellano pudimos entrevistarle, y aquel esfuerzo comunal aún puede leerse en este enlace.

Desde entonces hasta ahora han pasado muchas cosas. Los medios de comunicación perdieron influencia a manos de las redes sociales. Los blogs “casi” desaparecieron y llegaron los youtubers. La tele perdió adeptos y llegó el streaming, etc. Sin embargo, 15 años después este brillante pensador italoamericano sigue exhibiendo sus ideas poderosas envueltas en un verbo sencillo. Hace tiempo que no intercambio impresiones con él, pero apuesto que a pesar de los años Novella estará cada vez más asombrado de las supercherías que algunos seres humanos son capaces de tragarse.

¿Algunos? Bien, ahí está la novedad. En su último artículo en The Ness, el veterano escéptico acaba por reconocer que, de un modo u otro, todos creemos en las teorías de la conspiración. Aunque en esto, como en las multas de tráfico por exceso de velocidad, las diferencias de nivel importan.

Su conclusión no debe extrañarnos, en el fondo cada uno somos de nuestra madre y tenemos ciertos rasgos psicológicos que pueden hacer que nos inclinemos hacia alguna creencia conspirativa. Sin embargo lo suyo es no dejarse enredar en la madeja sin hacerse las preguntas pertinentes. Así es, debe haber un punto en el que uno se ve forzado a detenerse y preguntarse: ¿Puede ser cierto esta historia? ¿Qué pruebas la sustentan? ¿Me estoy dejando llevar por mis prejuicios y/o por mi fidelidad a la tribu?

Una cosa interesante es que la premisa contraria también se da. Incluso el más conspicuo magufo conspiranoico tiene una pequeña bombilla escéptica encendida en su cerebro. El debate se da en el interior de cada uno, y en algún momento el lado escéptico o el conspirativo ganan sobre el otro.

Durante su artículo, Novella se apoya en su colega escéptico, el sociólogo Asbjørn Dyrendal profesor de filosofía y estudios religiosos en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU). Dyrendal ha descubierto que cuando le preguntas a una personas sobre un número elevado de teorías de la conspiración, finalmente todo el mundo parece creer en alguna “un poco”. Afortunadamente no todo el mundo cree en grandes conspiraciones, ni ha hecho de ellas el centro de sus creencias, aunque el noruego ha comprobado que existe cierta tendencia a aceptar algunas ideas sin pasarlas antes por el filtro de la lógica ni sustentarlas en las evidencias. ¿Por qué? Simplemente porque encajan con nuestros sesgos más íntimos.

En sus propias palabras: “todos somos más vulnerables a creer que lo que creemos es correcto, especialmente cuando nuestra identidad está en juego y las emociones son fuertes. Puede compararse un poco con las emociones asociadas con nuestro equipo de fútbol”.

¿Nunca te ha ocurrido que crees que tu equipo es mejor y que merece mejor suerte? Mi amigo Manolo es un fanático del Oviedo C.F. Cuando hablamos de fútbol, suele aprovechar cualquier lance para intentar convencerme de que el resto de equipos ganan porque tienen suerte, han recibido ayuda arbitral o simplemente hacen trampas. Obviamente esto "casi nunca" es cierto, pero las personas como él caen a menudo en este sesgo, que se hace más poderoso cuanto mayor es el grado de identificación, apego y emoción que muestren hacia el club de sus amores.

Como en el caso deportivo, estos mismos factores contribuyen también al pensamiento conspirativo. Y es que a medida que unimos identidad y emoción, el pensamiento se vuelve progresivamente más y más sesgado. Esto podría deberse a creencias preexistentes, o bien porque se está formando una identidad ligada a una teoría conspirativa en particular.

Ahí es cuando entran en juego otros factores como el sesgo de confirmación (la tendencia a recordar y favorecer la información que confirma las creencias propias), la validación subjetiva (la tendencia a considerar que una información es correcta si tiene algún significado personal), el refuerzo comunitario (el proceso mediante el cual una afirmación repetida por miembros de una comunidad se convierte en una fuerte creencia), el efecto de cámara de eco (la situación que se da cuando las creencias son amplificadas por transmisión y repetición en un sistema “cerrado” en el que se censuran las visiones diferentes) y los efectos específicos del pensamiento conspirativo, que aísla a las creencias para no someterlas a refutación.

Todo esto conduce a una espiral de auto-reforzamiento. Existen múltiples vías de salida para abandonar dicha espiral, pero si uno no las toma, con el tiempo se puede llegar a creer cualquier afirmación, aunque sea realmente absurda y fácil de refutar. Pongamos por ejemplo el caso de los terraformistas. Algunos creyentes en esta conspiración creen verdaderamente que en la Tierra no hay gravedad, sino que simplemente aceleramos hacia adelante a 1G. Para evitar que nadie alcance el fin del disco y descubra el engaño, inventan un muro de hielo (como el de Juego de Tronos) que rodea toda la Tierra plana, el cual está permanentemente vigilado por soldados de la NASA. Enséñales una foto o invítales a que usen tu telescopios y verás que es inútil puesto que todas las fotos de nuestro planeta tomadas desde el espacio están trucadas, y además todas las empresas áreas y los científicos son cómplices de la gran mentira en mayor o menor medida.

¿Es lo más absurdo que hayas oído jamás? Podría ser, hasta que llegaron los creyentes en QAnon, que como sabéis consideran que un grupo de pedófilos satánicos rigen el mundo. Se han hecho famosos porque "supuestamente" Donald Trump estaba con ellos, y de hecho el principal objetivo de su presidencia era sacarlos a la luz. Obviamente esto no sucedió jamás, pero si sigues alimentando la conspiración y extendiendo su relato, la teoría avanzará mediante giros cada vez menos creíbles (al menos vistos desde una perspectiva racional). 

No es tan difícil caer en creencias de este tipo, recordad lo que ha pasado en las recientes elecciones presidenciales en los Estados Unidos. A pesar de la total ausencia de pruebas que apuntalase las acusaciones de fraude vertidas por Trump, a día de hoy el 76% de los votantes republicanos creen que en mayor o menor grado, les robaron las elecciones.

¿Qué define a un creyente en las teorías de la conspiración? Lo primero que se nos vendrá a la mente es la educación, lo cual es cierto parcialmente. En realidad este factor no tiene tanta importancia como creemos. El noruego Dryendal publica una lista con los rasgos más importantes de estas personas:

· Tienden a tener un nivel educativo un poco menor

· Viven más a menudo en democracias menos exitosas, lo cual influye en la confianza que muestran en los demás y en las autoridades

· Pertenecen a grupos que sienten que deberían tener más poder e influencia

· Un poco más a menudo, pertenecen a organizaciones políticas o grupos religiosos “especiales”

· Utilizan más a menudo la intuición (“corazonadas”) a la hora de tomar decisiones

· Ven conexiones con más frecuencia que la mayoría, incluso aunque esas conexiones no existan, y son más proclives a ver una intención como causa de algún suceso

· Son un poco más narcisistas y paranoicos que el resto

· Obtienen su información de las redes sociales con mayor frecuencia

Resumiendo, la educación es un factor a tener en cuenta, pero no tan importante como el resto de los que aparecen en el listado. Todos, independientemente del nivel educativo podemos convertirnos en seguidores de una teoría de la conspiración.

El factor que en opinión de Steven Novella nos impide caer en estos laberintos cognitivos es la metacognición, entendiendo esto como la habilidad para pensar de forma crítica sobre el propio pensamiento. ¿Crees que jamás te equivocas? ¿Eres de los que nunca ha cambiado de parecer en base a las evidencias? Tienes un problema.

En la era de las fake news, tal vez deberíamos potenciar alguna asignatura en nuestras escuelas que enseñara a los alumnos a pensar de forma clara, lógica y crítica. Enseñarles a evaluar las distintas afirmaciones e informaciones, de modo que puedan cuestionar sus propias creencias.

¿Dónde hay que firmar Steven? Yo me apunto.

Me enteré leyendo Theness.com.

Otras historias que te pueden interesar: