St. Vincent edita su mejor disco, inspirado en un recuerdo familiar

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St. Vincent habla de su nuevo disco, Daddy's Home, en el que abraza el sonido de la década del 70
Erik Carter para Rolling Stone

Artista: St. Vincent. Álbum: Daddy’s Home. Temas: “Pay Your Way In Pain”, “Down And Out Dowtown”, “Daddy’s Home”, , “Live In The Dream”, “The Melting Of The Sun”, “Humming (Interlude 1)”, “The Laughing Man”, “Down”, “Humming (Interlude 2)”, “Somebody Like Me”, “My Baby Wants a Baby”, “...At The Holiday Party”, “Candy Darling”, “Humming (Interlude 3). Edición: Loma Vista. Nuestra opinión: muy bueno.

A veces un buen disco puede nacer a partir de una premisa inesperada. Es el caso de Daddy’s Home, el nuevo álbum de St. Vincent, el proyecto de Annie Clark, irreverente artista de Oklahoma formada en el rigor de la Berklee School of Music pero capaz de crear su propio canon estético, caracterizado por la experimentación y la amplitud de miras.

La inspiración para estas once canciones (los tracks son catorce porque también aparecen tres breves interludios de menos de un minuto) llegó a partir del recuerdo de un auténtico descalabro: la detención, hace una década, del padre de Annie, condenado posteriormente a doce años de cárcel por una maniobra ilegal en el mercado de valores. Clark conectó el recuerdo de ese trance ingrato con la música que escuchaba su papá, dueño de una colección de discos donde dominaban el doo wop -un estilo vocal nacido a partir de la unión de rhythm and blues y gospel-, el particular sonido de sitar sintetizado que fue característico en los singles de soul de la época -Freda Payne, The Stylistics- y el funk impulsado por el piano eléctrico de Stevie Wonder y Donny Hathaway (de hecho, Kenya Hathaway, hija del músico de Chicago fallecido a fines de los 70, es una de las coristas que participan en el disco).

Pero fiel a su estilo, Clark rinde su personal homenaje esquivando oportunamente la solemnidad, observando ese sonido al que toma como referencia a través de una lente deformante, incorporando esos exóticos arrebatos de guitarra eléctrica que son su marca registrada y dándole espacio a su inclinación manifiesta por la teatralidad y el humor negro. También asoma la nariz Johnny, un personaje recurrente en sus canciones (chequear temas de discos anteriores como “Marry Me”, “Prince Johnny” o “Happy Birthday, Johnny”) que ha disparado todo tipo de especulaciones en los foros de discusión de sus fans.

Producido por Jack Antonoff, socio también en Masseduction (2017), y grabado en Electric Lady, el estudio del Greenwich Village fundado por Jimi Hendrix en 1970, Daddy’s Home abre el fuego con “Pay Your Way In Pain”, una estimulante cruza de glam y funk que suena como un derivado contemporáneo del “Fame” de David Bowie y cierra con “Candy Darling”, cuyo clima evocativo remite al Alex Turner que de vez en cuando se calza el traje de crooner con Arctic Monkeys o The Last Shadows Puppets.

En su estudiado papel de artista posmoderna, Clark multiplica las citas: no son solo los discos de su progenitor los que configuran el multicolor paisaje de Daddy’s Home, también suma los guiños explícitos a tres de sus influencias decisivas (Tori Amos, Nina Simone, Joni Mitchell) en “The Melting of the Sun” y la lúdica -y preciosa, justo es decirlo- reinvención del hit de los 80 “Morning Train (Nine to Five)” de Sheena Easton en “My Baby Wants a Baby”.

“Nació de las tripas y la pelvis”, declaró ella hace unos días para sintetizar el espíritu de un disco que reúne dilemas existenciales, catarsis pública de traumas privados y la sensualidad que nunca falta en la receta de St. Vincent. A partir de una serie de retazos rescatados de su infalible memoria, Annie Clark armó el renovado look de su presente, traducido con soberbia imaginación en su mejor disco hasta la fecha.

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