Sputnik V: cómo las biotecnológicas rusas esquivaron protocolos y desafiaron a Occidente

Robyn Dixon
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MOSCÚ.- La ciencia rusa, y las ambiciones del presidente Vladimir Putin de convertir a su país en una usina tecnológica a nivel global, parecen estar en su mejor momento.

La vacuna rusa Sputnik V ahora cuenta con un sello de reconocimiento a nivel mundial, tras la publicación en la revista británica The Lancet del informe científico que ya pasó por el "referato" de sus pares científicos y que coloca a la vacuna al mismo nivel de las desarrolladas en Occidente, con 91,6% de eficacia pasados 21 días de la primera dosis y 91,8% en mayores de 60 años.

Para la industria biotecnológica rusa, esos resultados son una validación alentadora después de las sospechas de Occidente, una desconfianza fogoneada sobre todo por la decisión de Rusia de lanzar la vacuna antes de que los ensayos médicos estuvieran completos, usando incluso a los investigadores como sujetos de prueba.

La publicación también es una poderosa carta de presentación para la Sputnik en un mundo desesperado por ampliar la producción de vacunas.

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La Sputnik V ya ha sido registrada en al menos otros 16 países y territorios, sobre todo en la ex Unión Soviética, Medio Oriente y Latinoamérica. Ante la escasez de vacunas, ahora la Unión Europea también evalúa allanarle el camino a la Sputnik y a la vacuna china.

El visible éxito de la Sputnik viene a coronar un esfuerzo audaz, y por momentos aparentemente temerario, que refleja la capacidad de Rusia para la improvisación científica. Los expertos rusos picotearon elementos de vacunas existentes desarrolladas en el Instituto Gamaleya, Centro Nacional de Epidemiología y Microbiología, pero salteándose varios de los protocolos científicos habituales.

Tras la caída de la Unión Soviética, el financiamiento para la ciencia se derrumbó y los investigadores rusos volaron en masa hacia Occidente. Putin ha intentado revitalizar la estancada ciencia rusa con enormes inversiones en universidades y laboratorios de investigación. En 2018, el presidente les reclamó a los científicos más publicaciones y más aplicaciones prácticas para sus investigaciones.

En los últimos diez años, Rusia construyó varias instituciones de altísimo nivel científico, como el Instituto de Ciencia y Tecnología Skolkovo, conocido como Skoltech, en las afueras de Moscú. Pero persiste una mentalidad soviética que impone barreras burocráticas a la colaboración con científicos del extranjero o la importación de materiales para la investigación.

La Sputnik como "valor atípico"

Ilya Yasny, jefe de investigación científica del fondo de inversión Inbio Ventures, con sede en Moscú, dice que estadísticamente hablando, la Sputnik V representa más "un valor atípico" que una señal de que la ciencia médica rusa se ha convertido en un serio competidor mundial.

"El principal problema de la ciencia rusa es regulatorio", dice Yasny. "Nuestras leyes y normativas atrasan unos 15 años en comparación con la Unión Europea."

Hace tres años, Putin anunció una estrategia de investigación nacional que prometía la apertura de 900 nuevos laboratorios, incluidos 15 centros de investigación de clase mundial centrados en matemáticas, genómica, robótica y estudio de materiales.

Yasny dice que en Rusia muchos desarrolladores de medicamentos siguen considerando el estándar global para los ensayos clínicos (en tres etapas y con extensas pruebas demográficas) como "trabas innecesarias".

Para que su credibilidad se sostenga en el tiempo, dicen los expertos, los científicos rusos deberían publicar más artículos revisados por pares en revistas internacionales como The Lancet y colaborar con científicos extranjeros.

Pero Rusia avanza en la otra dirección.

La ciencia rusa está muy rezagada desde hace años en términos de publicaciones en revistas internacionales, según se desprende del análisis de 22 millones de informes científicos entre 2005 y 2017 realizado por Vit Machacek y Martin Srholec, del Instituto de Análisis Económico y Democracia de la ciudad de Praga. En enero de 2020, los escándalos por plagio y duplicación en las investigaciones científicas rusas llevaron a la Academia de Ciencias de Rusia a retractarse de más de 800 informes científicos.

El "Proyecto 5-100" del presidente Putin inyectó dinero en una selección de 21 universidades rusas con el objetivo de colocar a cinco de ellas en el ranking de las mejores 100 a nivel mundial. No lo logró. Solo una, la Universidad Estatal de Moscú, alcanzó el puesto 84 en la Clasificación Mundial de Universidades QS. La Clasificación Universitaria de Times Higher Education no incluye ninguna universidad rusa.

La ciencia rusa y soviética siempre ha abocado la mayor parte de sus recursos a la física nuclear, el desarrollo de armas y la exploración aeroespacial. Putin suele jactarse del despliegue de misiles hipersónicos de su país, un desarrollo que podría presagiar una nueva carrera armamentista.

Aun así, Rusia se ha anotado algunos importantes logros en materia de investigación médica, incluido el desarrollo de una vacuna contra el ébola y una vacuna para el síndrome respiratorio de Oriente Medio, o MERS, un brote de otro coronavirus detectado por primera vez en 2012.

Y el dinero sigue corriendo. El viernes, Putin declaró el 2021 como "Año de la ciencia", y el gobierno prometió un desembolso de fondos de 280.000 millones de dólares para la investigación científica y médica de aquí hasta 2030.

"Jaque mate": la publicación en The Lancet

También los propios rusos se van haciendo amigos de la Sputnik después de algunas dudas iniciales. Una encuesta publicada el 2 de febrero por el Centro levada, una agencia de sondeos independiente, reveló que en diciembre solo el 38% de los rusos estaba dispuesto a vacunarse. Y de los que no querían, el 30% pensaba esperar los resultados de los ensayos clínicos.

"Parece que todos decidieron vacunarse hoy", decía Irina Vasilyeva, enfermera de un hospital municipal de Moscú, mientras aplica la dosis de 0,5 mililitros de la Sputnik V en el brazo de un paciente y observa como la fila de espera se sigue alargando. Era el 6 de enero, víspera de la Navidad rusa.

Los funcionarios rusos, mientras tanto, disfrutan del lustre que les dio la publicación en The Lancet.

"Los detractores de esta vacuna se quedaron sin argumentos: el artículo en The Lancet es jaque mate para los incrédulos", dice Kirill Dimitriev, director del Fondo Ruso de Inversión Directa, que solventó el desarrollo de la vacuna.

Dimitry Peskov, vocero del Kremlin, citó la publicación en The Lancet como evidencia de que Rusia hizo bien en registrar la vacuna antes de la fase 3 de los ensayos.

Stephen Morrison, director del Centro de Políticas Globales de Salud en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, señala que la validación de la revista británica llegó "en buen momento" para Rusia, mientras la Unión Europea (UE) tiene problemas de suministro y por la lentitud de la vacunación.

Pero hasta ahora ningún fármaco o vacuna desarrollado solo por Rusia ha recibido aprobación para su uso en toda la UE: ese es el próximo gran paso que podría dar la Sputnik V en el escenario internacional.

Las fallas de suministro y otros problemas han dejado a la UE con escasez de sus dos vacunas principales: la desarrollada por AstraZeneca con la Universidad de Oxford, y la desarrollada por la estadounidense Pfizer con la alemana BioNTech.

La canciller alemana Angela Merkel dijo el miércoles que si era aprobada por los reguladores, la Sputnik era bienvenida en Europa.

En una entrevista donde comenta el artículo de The Lancet, David Holden, profesor emérito de enfermedades infectocontagiosas del Imperial College de Londres, dice que la Sputnik "parece haber sido bien diseñada". "En general, creo que es muy alentador", dijo Holden.

Atajos científicos

Sin embargo, los investigadores rusos tomaron algunos atajos para llegar a ese punto.

El director del Instituto Gamaleya, Alexander Ginzburg, y decenas de sus colegas se inyectaron la vacuna en abril, incluso antes de que probarla en monos. Ginzburg dijo que Rusia logró acelerar el desarrollo de la Sputnik modificando simplemente una vacuna contra el MERS que ya tenían lista.

Pero Irina Yakutenko, una periodista científica y bióloga molecular rusa radicada en Alemania, dice que el empujón que recibió la Sputnik "no es una buena manera de hacer ciencia".

"Comenzaron a usarla en humanos sin que hubiera suficiente investigación en animales", dice Yakutenko.

"Espero que esto no se generalice y que no decidan que ahora podemos tomar atajos en el desarrollo de medicamentos", agrega la científica y periodista. "Para desarrollar fármacos hay que cumplir rigurosamente con todos los protocolos médicos y científicos, y eso insume mucho tiempo y muchísimo dinero."

Otros detractores apuntan a los datos rusos que respaldan el artículo de The Lancet.

En los ensayos de la Sputnik V "hay una gran falta de transparencia", dice el biólogo italiano Enrico Bucci, profesor adjunto de la Universidad Temple, en Filadelfia.

En septiembre, Bucci y otros 14 científicos enviaron una carta a The Lancet criticando una investigación sobre el Sputnik V publicada anteriormente en la revista.

Yasny, investigador del fondo de inversión ruso Inbio Ventures, también critica la falta de transparencia y dice que es posible que se haya exagerado la eficacia de la vacuna, aunque aún cree que la Sputnik es una buena vacuna.

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Yasny señala que la resistencia de Rusia a someterse a los niveles de transparencia y las normas de la ciencia médica en Occidente no hace más que socavar la confianza internacional en la ciencia rusa. En la Argentina, donde se está aplicando la Sputnik V, solo el 39 % confía en la vacuna rusa, según la encuestadora Poliarquía.

"En mi opinión, deberían publicar tanta información como puedan, pero eso no está en el ADN ruso", dijo Yasny. "Prefieren ocultar las cosas."

The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide