Sororas somos y nuestra red formamos

Por Patricia San Juan

México, 8 Mar (Notimex).- “Yo te creo, hermana” es una frase que se ha repetido en redes sociales, a plena voz en los micrófonos de una manifestación y en secreto dentro de una fiscalía. Cuatro palabras que podrían ser la diferencia entre sentirse sola o parte de una red de conocidas y desconocidas que da soporte.

Esa red está conformada por mujeres muy diversas, que viven en todas las regiones y que forman parte de diferentes clases sociales e ideologías. Tienen experiencias divididas y cosmovisiones distintas, pero, aun así, entre ellas se escuchan y se toman de la mano. Dan por ellas y entre ellas lo necesario para crecer y seguir avanzando.

Con el paso de los años el concepto “hermana” se ha convertido en una clave relevante para comprender el avance dentro de la lucha por los derechos de las mujeres y evolucionó a lo que ahora se conoce como “sororidad”.

El diccionario de la Real Academia Española la define, en su segunda acepción, como: relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento, tras agregarla en diciembre de 2018.

La palabra se creó en respuesta a una queja conjunta: si la fraternidad sólo agrupa a los hombres, que luchan por sus propios intereses y que por definición no permite que las mujeres se integren, se creará otra donde las mujeres puedan tener un espacio, explica María Luisa Femenías, doctora en Filosofía por la Universidad de La Plata, para el sitio Encuentro.

Pero sororidad no sólo es una definición de diccionario, puede significar “intentar entender y comprender las diversas realidades que viven las mujeres alrededor del mundo” para poder “construir iniciativas de manera colectiva y transversal entre todas” y, de esta manera, “lograr sociedades más igualitarias y espacios más seguros”.

Dicha opinión representa la experiencia de Florencia de 27 años, activista argentina que mira a la sororidad en su país como un impulso para que se creen políticas públicas que ayuden a las mujeres a lograr una sociedad en la que sean protagonistas, con el mismo rol que los hombres y el de todas las disidencias.

La sororidad, desde la maternidad y la comunidad, implica para Alejandra, de 36 años, migrante en la ciudad de Minnesota, al norte de Estados Unidos, alzar la voz en contra de las injusticias de género.

Hacerles frente hablando con mujeres y hombres sobre temas como “la falta de recursos emocionales y físicos para las mujeres embarazadas o con hijos recién nacidos” y la falta de reconocimiento a las labores profesionales que históricamente han sido ejercidas por mujeres, como es el caso del cuidado a la salud, el sector en el que ella trabaja con niños pequeños brindándoles terapias.

Por ello ha recurrido a formar un grupo de mujeres donde encuentra seguridad. Entre ellas pueden abordar sus problemas, encontrar apoyo y motivación para buscar un avance. Su trabajo en conjunto también implica hablar con sus legisladores para demandar e impulsar cambios locales o nacionales para que sus profesiones sean respetadas y su papel en la sociedad se reconozca.

Mientras que, en su vida como madre y parte de una comunidad que educa a niñas y niños, conforma una red que les ofrece herramientas para crecer con valores desde los cuales en la masculinidad se puedan proyectar los sentimientos y en la concepción femenina puedan dar a conocer sus ideas, y ambos sean respetados por los demás.

También se puede vivir la sororidad como la comprensión de las diferencias que existen entre las mujeres por la edad, la condición política, económica y social, para darle una dimensión a los problemas a los que se enfrentan, como lo experimenta Mariana, comunicóloga mexicana de 25 años.

Señala que es importante entender y analizar las dinámicas de un “mundo machista, misógino y patriarcal para ayudar a las otras sin criticarlas”, pues a pesar de las diferencias como personas, quienes forman parte del género femenino son capaces de apoyarse, comunicarse, entenderse y tolerarse.

En caso de no comprender las demandas o las luchas del resto, la sororidad también implica ser capaces de estar presentes siempre que otra mujer necesite ayuda.

Aunque no considera que la sororidad ha permeado en México, observa que las mujeres han comenzado a aprender qué implica, a pesar de la cultura machista que continúa siendo muy fuerte y que en algunas ocasiones significa que otras mujeres critiquen el crecimiento profesional o personal de sus compañeras o conocidas.

Este grupo de mujeres que viven en el continente americano se une a miles en el mundo para solucionar los problemas de género, toman decisiones y actúan por y para sus compañeras cada día con pequeños y grandes gestos, para lograr un futuro diferente en el que las mujeres puedan vivir en paz e integradas socialmente con las mismas oportunidades.

La sororidad, que puede tener tantas definiciones como mujeres vivas, tiene un punto de acuerdo, el apoyo por y para las integrantes del género, una forma de hacer eco para cambiar las naciones.

Por ello, aunque el día de la mujer se conmemora hoy, la sororidad se queda y crece a pesar de los días que marque el calendario. Se extiende entre las redes de amigas, familiares y desconocidas, y avanza silenciosamente una a una.

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NTX/I/PMS/JGM