Sondeos en localidades chinas señalan contagio de hasta 60 % de su población

Ng Han Guan/AP

Algunas encuestas realizadas por las autoridades sanitarias señalan que hasta el 60 % de la población de algunas localidades chinas se ha contagiado de COVID, recogió el sábado el medio Health Times, subsidiario del Diario del Pueblo, rotativo oficial del Partido Comunista Chino.

El Centro Provincial para el Control y la Prevención de Enfermedades de la provincia de Sichuan (centro) publicó esta semana los resultados de una investigación basada en un sondeo a más 158,500 habitantes que indica que la tasa de personas que han sido infectadas por el coronavirus supera el 63 %.

La provincia de Sichuan es una de las más pobladas de China con más de 80 millones de habitantes y su capital, Chengdu, fue una de las primeras ciudades en ser golpeadas por brote a gran escala tras el comienzo del desmantelamiento de la política de cero COVID a comienzos de diciembre.

El organismo aseguró que el número de contagios alcanzó su nivel máximo alrededor del 23 de diciembre y que ya “se halla en declive”.

Por su parte, las autoridades de la isla meridional de Hainan, de 9.2 millones de habitantes, expusieron este viernes que la tasa de infección estimada de la provincia ha alcanzado el 50 %, aunque su capital, Haikou, ya ha pasado el pico de contagios, según sus cálculos.

Dos ciudades en la provincia costera de Zhejiang (este), Quzhou y Zhoushan, estimaron que entre el 30 y el 40 % de sus poblaciones han contraído el virus.

El epidemiólogo jefe del Centro de Control de Enfermedades de China, Wu Zunyou, declaró esta semana que la ola de contagios de COVID que sufre el país ya “ha llegado a su pico” en lugares como Pekín, Tianjin (noreste) y la mencionada Chengdu.

Wu aseguró que la propagación en algunas zonas como Pekín y sus alrededores, las regiones centrales de Sichuan y Chongqing y provincias meridionales ha sido “muy rápida”.

“En lugares como Shanghai (este), Hubei (centro) o Hunan (centro), la pandemia todavía se encuentra en una fase de rápida propagación”, señaló el epidemiólogo.

La Comisión Nacional de Sanidad declaró este lunes que, a partir del 8 de enero, la COVID dejará de ser una enfermedad de categoría A en China, el nivel de máximo peligro y para cuya contención se exigen las medidas más severas, para convertirse en una de categoría B, que contempla un control más laxo, marcando así en la práctica el final de la política de ‘cero COVID’ que llevaba vigente casi tres años y que en las últimas semanas las autoridades han desarmado.

La rápida propagación del virus por el país ha sembrado dudas sobre la fiabilidad de las cifras oficiales, que han informado de apenas un puñado de fallecimientos recientes por la enfermedad pese a que localidades y provincias han calculado que una proporción significativa de sus poblaciones se ha contagiado.

Según un experto citado por la prensa estatal, las muertes causadas por enfermedades subyacentes en pacientes que estaban infectados por el coronavirus no se cuentan como muertes por COVID.

Hospitales de grandes ciudades como Pekín o Chongqing se han visto sometidos a una gran presión y han sufrido dificultades para atender a todos los pacientes, según testimonios recogidos en las redes sociales del país.

La Organización Mundial de la Salud se mostró recientemente “muy preocupada” por la evolución de la COVID en China y reclamó “más información”, a lo que Pekín respondió que ha compartido sus datos “de forma abierta, puntual y transparente” desde el inicio de la pandemia.

El Gobierno chino aseguró a principios de este mes que se daban las “condiciones” para que el país ajustara su estricta política de ‘cero COVID’ ante una “nueva situación” en la que el virus provoca menos muertes.

Los cambios llegaron después de que el hartazgo ante las restricciones cristalizase en protestas en diversas partes del país, tras la muerte de 10 personas en un edificio aparentemente confinado en Urumqi (noroeste), con consignas como “no quiero PCR, quiero comer” o “devolvedme mi libertad”.