Soja: un menú de fósforo, azufre y bioestimulantes

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La soja es el cultivo más importante de la Argentina y, a pesar de su alta concentración de nutrientes en los granos, es el menos fertilizado. Su singular adaptación para crecer en suelos de baja fertilidad, originó un balance fertilización-extracción netamente negativo.

En la región pampeana argentina, el nutriente que mayor frecuencia de respuesta presentó es el fósforo (P). La respuesta esperada de la soja a la fertilización con P depende de su nivel en el suelo. En diferentes regiones y situaciones agronómicas se documentaron respuestas económicamente positivas cuando la disponibilidad en el estrato 0-20 cm es inferior a un nivel crítico (12 y 16 mg kg). No obstante, el incremento derivado de la fertilización puede estar afectado por variables de manejo. En INTA Pergamino se registraron incrementos de mayor magnitud en cultivos de alto rendimiento en siembras tempranas, con grupos de maduración cortos y espaciamiento reducido entre hileras.

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La fertilización fosforada impacta en los rendimientos de soja y podría generar un incremento en el cultivo siguiente -por lo común una especie invernal- por el contenido residual que permanece en el suelo. Esto es importante en rotaciones intensivas o en ambientes de alto rendimiento, donde la extracción se maximiza

En Argentina, hay una diversidad muy grande de fuentes de P: variantes en formas físicas -macrogranulados, microgranulados o líquidos- y químicas -ortofosfatos o polifosfatos-. La práctica abarca manejos como la aplicación anticipada, en la línea de siembra o en bandas al costado o por debajo de las semillas.

El Azufre (S) es otro elemento relevante. Asociado a la materia orgánica, se observaron las mayores respuestas en ambientes de larga tradición agrícola, mal rotados, erosionados o con barbechos cortos previo a la siembra. En soja, el S es agregado comúnmente mediante mezclas físicas o químicas junto a P, prioritariamente bajo la forma de sulfato de calcio, y en menor medida como S elemental.

Además de P y S, varios microelementos se tornaron deficientes en los suelos argentinos y su aporte podría generar incrementos adicionales, ya sea aplicados vía tratamiento de semilla, directamente al suelo o en forma foliar sobre el canopeo del cultivo. Algunos ejemplos son el cobalto (Co) y el molibdeno (Mo), cofactores de enzimas muy importantes en el proceso de fijación biológica de nitrógeno (N); el boro (B), esencial por su participación en la diferenciación y retención de estructuras reproductivas; el Zinc (Zn) que, aun cuando es un elemento con frecuencia relacionado a los cereales, también es un importante activador enzímático y controlador de patógenos de diverso origen. Regionalmente, esta lista podría incluir otros elementos muy relevantes como potasio (K), calcio (Ca)y magnesio (Mg).

En los últimos tiempos se desarrollaron numerosos productos con efecto fisiológico cuyo rol principal no es nutrir al cultivo sino apuntalar el crecimiento durante una etapa clave para el rendimiento. Estos se denominan por su funcionalidad bioestimulantes o fisioactivadores. Incluye una variedad de formas orgánicas que pueden ser muy disímiles entre sí, constituyendo un agrupamiento más funcional que bioquímico.

Finalmente, cabe destacar la particular forma que tiene la soja para proveerse de N, el elemento principal y requerido en mayor cuantía. El alto contenido proteico de granos y planta entera generó un mecanismo evolutivo, que es la fijación biológica (FBN). Así, la soja establece un mecanismo de simbiosis con una bacteria presente en el suelo, pero a la vez introducida a través de inocular las semillas, el Bradyrhizobium japonicum (Bj). Cuando este mecanismo falla, el cultivo sufre una severa penalidad en los rendimientos, lo que originó una industria proveedora de inoculantes en constante evolución. El éxito de Bj motivó otros desarrollos microbianos más recientes, basados en la introducción de controladores biológicos -biofungicidas- promotores de crecimiento vegetal o solubilizadores de nutrientes presentes en el suelo.

A pesar de su reconocida rusticidad, la variedad de tecnologías enumeradas da cuenta del grado de tecnificación que alcanzó esta especie en el país. La correcta nutrición a partir de un diagnóstico preciso asegura la conservación de los suelos y permite aprovechar al máximo el potencial de nuevas tecnologías, maximizando los ingresos para el productor y el país.

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El autor es ingeniero agrónomo y pertenece al INTA Pergamino

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