El socialismo portugués pone a prueba su modelo

Silvia Pisani

MADRID.- Portugal, el país de moda en Europa, celebra hoy elecciones en las que el primer ministro socialista y responsable del llamado "milagro económico", Antonio Costa, parte como favorito para lograr la reelección.

Eso dicen todas las encuestas. Lo que no se sabe es si este astuto político de 58 años alcanzará mayoría propia o si se verá obligado a alianzas de gobierno para mantener la estabilidad, que fue el rasgo distintivo de sus cuatro años de gestión.

Un escándalo de supuesta corrupción con un armamento robado terminó de salpicar su final de campaña. El caso le estalló en las manos y recortó los números finales de sus sondeos preelectorales.

Tan tenso se puso el clima que Costa, habitualmente sereno, llegó a perder los nervios en uno de sus últimos actos públicos.

"¡Mentiroso! ¡A Usted lo envía la oposición para sabotearnos!", acusó el líder socialista en pleno discurso de cierre cuando una persona del auditorio le reprochó su supuesta ausencia durante los graves incendios forestales de hace dos años.

La legislatura que termina estuvo signada por el -para algunos, mal llamado- "milagro portugués", que hizo peregrinar hasta Lisboa al candidato por el kirchnerismo Alberto Fernández. "Siento que lo de Portugal puede estar en sintonía con mi forma de pensar", dijo Fernández antes de entrevistarse con Costa, el mes pasado.

En una tan impensada como eficaz alianza con sectores de izquierda radical, Costa dio vuelta las cifras macroeconómicas del, por entonces, castigado país.

Para asombro del Fondo Monetario Internacional (FMI) y sin apelar a sus recetas, Portugal creció por encima del promedio europeo -3,5% en 2017 y 2,4% el año pasado- y redujo en forma dramática el desempleo: del 18% cuando asumió Costa, al 7% actual.

El déficit, que superaba el 7% en 2014, cayó hasta niveles mínimos. A ello se suma la consolidación del turismo del exterior -que representa el 17% del PBI y una suba del salario mínimo de 600 a 690 euros mensuales.

La contracara de todo eso es un aumento exponencial de la deuda y la sensación de fatiga de la población, que es la que carga con el esfuerzo.

"Molesta cuando hablan de milagro porque si bien los números son sorprendentes vistos desde fuera, la realidad para la población es muy dura", dijo a LA NACION Nuno Sosa, uno de los 100.000 portugueses que, según cifras oficiales, reside en España.

Mateus Elizama, economista de la IMF Escuela de Negocios, con sede en Lisboa, sostiene que el apoyo popular al plan de "austeridad" de Costa fue fundamental.

"Una de las claves fue el enorme apoyo popular al programa de austeridad" de Costa, dijo, al tiempo que dudó de que fuera fácilmente extrapolable a otra geografía sin ese condimento social.

"Hace rato que el portugués vivía austeramente y se consideraba pobre", dijo. "No se qué podría pasar en culturas que viven de otra manera", añadió.

Juego de alianzas

Con sus luces y sombras, el modelo portugués sale a prueba en los comicios. La gran diferencia esta vez es que seguramente Costa será el más votado, a diferencia de lo que pasó hace cuatro años, en que con una astuta maniobra de alianzas, desplazó a la derecha, que había salido primera.

Según las encuestas, el primer ministro tiene el 38% de intención de voto: insuficiente para alcanzar la mayoría de 116 diputados sobre los 230 que tiene el Congreso portugués.

En ese caso, serán las urnas las que digan con quién busca alianza. Si repite la llamada "gerigonça" (mamarracho), en asociación con el Bloque de Izquierda (radical) y con el Partido Comunista, como lo hizo hasta ahora.

O si, como señalan analistas, le bastará con el Partido Animalista (PAN), que fue revelación en las pasadas elecciones europeas de mayo.

Para el Partido Social Demócrata, de derecha, liderado por Rui Río, la aspiración no estaría tanto en la victoria, que ven como algo improbable, como sí en evitar un retroceso que avive todavía más su crisis interna.

El Bloque de Izquierda, con Catarina Martins como candidata, espera que Costa no logre la mayoría absoluta y que su partido vuelva a ser decisivo para ejercer el gobierno portugués.