Así sobreviven a la pandemia los olvidados de Tijuana

Cerca de 500 familias habitan en casas de cartón y láminas


Tijuana, 30 Abr (Notimex).- La colonia Nueva Esperanza es de las zonas más marginadas de Tijuana. Ubicada en las márgenes del Arroyo Alamar, fue poblada de forma irregular, sin embargo sus habitantes reclaman apoyos del gobierno ante la escasez de recursos, agravada con la contingencia del COVID-19.

El asentamiento le hace honor a su nombre.  Allí los habitantes, que en su mayoría provienen de otros estados del país, han encontrado un lugar para reiniciar su proyecto de vida, en una ciudad que muchos consideran que tiene mejores oportunidades.

En Tijuana han apodado a la colonia como la Nueva Cartolandia, haciendo referencia al asentamiento que tuvo lugar en lo que hoy es la canalización del río Tijuana en la década de los sesentas y principios de los setentas, donde muchas familias establecieron casas de cartón, madera, láminas, y demás materiales desechados del sector industrial.

Después de casi 20 años de haber iniciado a poblarse esta zona, sus habitantes han sido defraudados por diversos personajes que se han hecho pasar por líderes que les prometen ayuda para regularizar sus predios y contar con todos los servicios, sin embargo esto no ha ocurrido.

Los rastros de basura quemada, así como la utilización de fogatas para calentar el agua son escenas comunes en la colonia que demuestran la escasez de recursos y la falta de servicios, “hasta hace poco algunas calles ya tienen alumbrado, pero ni eso teníamos”, comentó a Notimex la señora Rosalba Rodríguez, habitante de la zona.

Explicó que desde hace un año y medio habita en las orillas del Arroyo Alamar, tiene tres hijos, y actualmente con motivo de la contingencia sanitaria por el COVID-19, la única forma que tiene para evitar el contagio es no saliendo de casa, porque no han podido comprar ni cubrebocas.

“Estamos sobreviviendo al día, afortunadamente mi esposo no ha dejado de trabajar, porque no labora rodeado de gente, es guardia en una empresa, pero sí nos hace falta apoyo, porque hace unos días vinieron a dejar unas despensas, pero no a todos nos tocó”, expresó.

“Yo le pediría al gobierno que nos atienda, o igual si hay gente que puede hacerlo y le nace apoyar se lo agradeceremos mucho, han sido días difíciles pero estamos buscando la forma de que nuestros hijos no pasen hambre”, dijo.

Por su parte el señor Jesús Ramírez, quien con martillo en mano desarma tarimas de madera afuera de su casa, contó que para no dejar de obtener recursos se dedica a vender los pedazos de madera y de esa forma está sobreviviendo.

“Desbarato las tarimas para vender la madera, una tarima armada la vendo en 40 pesos, pero si la desarmo y vendo las puras tablas me pagan 4 pesos por pedazo así me sale mejor que venderla completa”, indicó.

Narró que la situación sí se ha puesto difícil pues no ha habido actividades en muchas empresas que antes le compraban la madera, y señaló que es necesario que en estos momentos las autoridades les brinden apoyo.

“Yo sé que aquí somos una invasión, pero somos personas, tenemos necesidades, yo he podido seguir teniendo algo de dinero, no como antes de la situación del virus, pero algo es algo, pero hay otras personas aquí que de plano dejaron de trabajar y la están pasando peor”, comentó.

En la colonia habitan cerca de 500 familias quienes al llegar de otros estados, principalmente de Chiapas, encontraron un lugar donde empezar su nueva vida en la frontera, muchos se sostenían de laborar en las maquiladoras, las cuales dejaron de operar como medida para evitar más contagios de COVID-19.

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