La soberbia de la intolerancia

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Las recientes declaraciones del ministro del Interior, con agravios a ciertos medios de prensa y periodistas por difundir informaciones objetivas emanadas de dirigentes políticos y jueces sobre las presuntas irregularidades que se habrían constatado en el curso de las elecciones primarias abiertas, revela, una vez más, que en la Argentina muy pocas veces rigió la libertad de prensa con la amplitud dispuesta por su Constitución.

Ello obedeció no sólo a las numerosas violaciones de su orden institucional, sino también a la soberbia de la intolerancia que caracteriza a la fuerza gobernante, que desprecia el pluralismo cuando sus contenidos colisionan con las aspiraciones políticas que determinan su conducta.

La imprudencia de esas declaraciones configura el último eslabón agregado a la cadena de ataques perpetrados en los últimos años para trabar el desenvolvimiento de la prensa libre en el país.

Evidencian que la libertad de prensa es siempre la primera libertad desconocida por quienes no comulgan con la tolerancia y el pluralismo republicanos porque, dado su carácter estratégico, el desconocimiento de ella abre las compuertas para acometer impunemente contra las restantes libertades.

Miles de periodistas agraviados, encarcelados, torturados y asesinados, como también medios de prensa acallados por la sola circunstancia de difundir hechos u opiniones no compartidos por quien ostenta el poder, son la prueba más elocuente de aquella afirmación.

Esta situación patológica tiene muestras cotidianas. Hoy, públicamente, todos se proclaman fervientes defensores de la libertad de prensa, pero son muchos los que, en forma pública o privada, propician todo tipo de restricciones a esa libertad cuando ella se opone a sus intereses o valores, ya sean políticos o éticos.

Tal comportamiento, al margen de constituir una intolerancia irracional y dogmática, es fomentada por grupos de intelectuales y dirigentes políticos que, con particular soberbia y aplicando criterios oligárquicos, no pueden admitir la expresión de puntos de vista diferentes a los forjados por sus febriles intelectos.

Sin embargo, no es la primera vez que se pretende desarticular a la prensa libre en el país, culminando con el fracaso estrepitoso de esas tentativas. Ello obedeció, y obedece a la decidida acción de sus protagonistas y de quienes no claudican en su lucha por la defensa de la libertad de expresión y del derecho a acceder a la más amplia información.

Es un desafío que se asume con dignidad recordando que las libertades no se disfrutan por obra de la providencia, sino debido a la defensa de ellas en cada espacio y en cada momento.

El autor es miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas.

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