El sistema inmunológico y la alimentación: un trabajo en equipo

Érika Choperena

El sistema inmunológico es una gran máquina defensa, es la línea de batalla para vencer bacterias, virus y todo lo que desequilibra al organismo. La alimentación está íntimamente ligada a esto pues los nutrientes que aporta juegan un papel fundamental.

Además de los efectos biológicos que provoca en el cuerpo, toda la comida tiene la misión de dar saciedad y placer. ¿Cuántas veces has escuchado que comer es una de las actividades favoritas de las personas? Aunque es válido, va mucho más allá de eso.

La alimentación nutre y esos elementos le dan armas al sistema inmunológico para ser más fuerte.

¿Qué es el sistema inmunológico?

Para entender por qué la alimentación es importante primero hay que saber cómo actúa el sistema inmunológico. A éste lo forman algunos órganos, células y líquidos.

Lo primero que debes saber es que existen distintos tipos de inmunidad. La primera -que se adquiere al momento de nacer- es la piel ¡Sí! Este órgano, en conjunto con las mucosas funciona como una primera barrera física.

Otro tipo de inmunidad es la que protege al cuerpo humano de algunas enfermedades que les dan a los animales; no siempre es eficiente pues las bacterias y virus pueden mutar.

También está la que se adquiere por medio de vacunas y la que desarrolla el cuerpo con padecimientos específicos; es decir, se crean los anticuerpos para combatirlo una sola vez y el organismo se vuelve inmune a él.

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Y a todo esto ¿cómo funciona el sistema inmunológico frente a seres extraños? Es algo parecido a una estrategia de guerra.

Cuando una bacteria o virus entra al organismo, los anticuerpos -que son proteínas especializadas- los reconocen y al mismo tiempo que los rodean también avisan a unas células llamadas “T” cuya misión es destruirlos.

Todo este proceso es la inmunidad en sí. Para que el sistema sea efectivo, esté fuerte y preparado se necesita un equilibrio que se consigue con distintas acciones diarias.

Está comprobado científicamente que tener horas de sueño suficientes y prácticas constantes de meditación ayudan a fortalecerlo.

La alimentación es fundamental, principalmente para dos cosas. La primera para sintetizar moléculas específicas; en la defensa al cuerpo son imprescindibles los anticuerpos, que están conformados por aminoácidos extraídos de las proteínas que vienen de la comida.

La segunda es que incentivan la producción de ciertas sustancias; por ejemplo, la vitamina C que se adquiere al comer zapote, guayaba o cítricos aumenta el interferón que impide la entrada y proliferación de los virus.

sistema inmunológico y alimentación

Échale una mano a tu sistema

Hay muchas maneras de ayudar al sistema y una de ellas es mantenerlo hidratado. Al beber una cantidad suficiente de agua es más fácil que el cuerpo expulse la mucosidad de vías respiratorias que son campos de cultivo para virus y bacterias. La Clínica Mayo recomienda ingerir unos 8 vasos o 2 litros de agua diaria. 

Consumir alimentos con vitamina E contenida en aceites vegetales, cereales, verduras de hoja verde y frutos secos ayuda a aumentar la respuesta inmunológica en todas las personas pero principalmente aquellas inmunodeprimidas o con dietas desequilibradas.

La vitamina A -abundante en el huevo, la mantequilla y los lácteos en general- desempeña una función imprescindible para mantener las mucosas y la piel sanas que son las primeras barreras inmunológicas. Además es esencial en contra de infecciones.

Por último y no menos importantes están los flavonoides disponibles en la col, las verduras de hoja verde, cítricos, bayas y frutos rojos. Éstos potencian al máximo la acción de la vitamina C que es fundamental en contra de los virus.

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