Así fue el sismo más fuerte que se ha vivido en México

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CIUDAD DE MÉXICO, septiembre 19 (EL UNIVERSAL).- Los mexicanos somos conscientes de vivir en una zona sísmica, pero los sismos de 1985 y de 2017 tienen un lugar muy doloroso en nuestro corazón. Sin embargo y para sorpresa de muchos, no han sido los terremotos de mayor magnitud en México.

El 28 de marzo de 1787, cuando ni siquiera se podía imaginar algo como las alertas sísmicas, pescadores en Oaxaca y Guerrero notaron que el agua se alejaba mar adentro y dejaba al descubierto la arena de la playa. Segundos después, el agua regresó con fuerza a las costas, arrastrando a varias personas hasta los árboles de las montañas, a seis kilómetros de las playas.

Se trataba de un terremoto de magnitud 8.6, que consecuentemente provocó un terrible tsunami. En Oaxaca, se vieron afectadas las zonas de Pochutla (Puerto Ángel) y Tehuantepec, mientras que Acapulco estuvo inundado por 24 horas.

Según el relato del corregidor de Oaxaca, Joseph Mariano Llano, los pobladores fueron sorprendidos por el terremoto. En las Casas Reales, que albergaban la cárcel local, la prisión amenazaba con colapsar, por lo que se sacó a los 220 reos y los agruparon en la plaza, amenazados con pena de muerte si intentaban fugarse.

De acuerdo con los testimonios de la época, los habitantes se negaban a abandonar las casas dañadas y fue necesario amenazarlos con soldados para concentrarse en las plazas. Al sismo le siguió un huracán y por varios días las calles de Oaxaca se convirtieron en un gran centro de damnificados.

En la Ciudad de México también se sintieron los estragos del terremoto del 28 de marzo de 1787. En la capital hubo un sismo de seis minutos y en total, ese mismo día tembló cinco veces.

En los días posteriores hubo réplicas de cerca de 7 grados, pero en los siguientes 141 años no se registraron terremotos en la zona, hasta 1928, cuando ocurrió una serie de sismos de fuerte magnitud en Oaxaca.

De acuerdo con un estudio publicado en 2009 sobre este evento: "La longitud de ruptura inferida del terremoto del 28 de marzo de 1787 sugiere que grandes terremotos con magnitudes de cerca de 8.6 con tiempos de ocurrencia podrían tener lugar en las costas de México y Centro América".

Esto a pesar de que en los últimos 100 años la mayor parte de los movimientos sísmicos han tenido una magnitud de 7.3 a 8.2.

En años recientes, científicos han concluido que la Brecha de Guerrero acumula una gran cantidad de energía, que podría liberarse en algún punto con un sismo de magnitud superior a 9. Sin embargo, gracias a la tecnología de hoy en día, en caso de un terremoto como este, la alerta sísmica capitalina notificaría con 60 segundos de anticipación a los habitantes.

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