Siria: por qué Al-Assad enfrenta uno de los momentos más críticos desde que empezó la guerra civil

LA NACION

La guerra civil, la crisis económica y el coronavirus, golpean duramente a la población siria

DAMASCO.- En medio de la que es definida como la crisis más grave en veinte años de gobierno, el presidente sirio Bashar al-Assad destituyó hoy al primer ministro Imad Khamis, en un país convulsionado por nueve años de guerra civil y una gravísima situación económica que desató amplias protestas sociales.

Al-Assad designó como nuevo premier al actual ministro de obras públicas y vivienda Husein Arnous quien ejercerá el cargo de forma interina hasta las elecciones parlamentarias de julio y la formación de un nuevo gobierno.

El régimen de Al-Assad enfrenta una crisis económica que se agravó con la brusca caída de la moneda, al tiempo que el malestar público se hace sentir en las calles. Estas escenas no se habían visto en las zonas controladas por el gobierno desde los primeros días de la guerra civil que arrasa al país desde 2011.

La libra siria cayó con respecto al dólar a niveles récord por lo bajo. La tasa de cambio, de 47 libras por dólar antes de la insurrección de 2011, cayó a 3000 libras por dólar esta semana. Los precios de los artículos de primera necesidad están por las nubes y algunos directamente desaparecieron del mercado a medida que los comerciantes y el público en general se ven en dificultades para afrontar el aumento del costo de la vida.

Mientras tanto el gobierno sirio busca fortalecer su alianza con Irán y con el presidente ruso Vladimir Putin,Estados Unidos amenaza con nuevas sanciones a cualquier entidad o país que mantenga negocios con el gobierno sirio. Aunque entrarán en vigencia apenas en la segunda quincena de junio, las sanciones vigentes ya impactaron en la frágil economía. Más del 80% de la población está por debajo de la línea de pobreza.

Cientos de manifestantes salieron a las calles en la provincia sureña de Sweida para protestar por el costo de la vida y corear consignas contra Al-Assad en escenas que evocan las primeras protestas contra el gobierno en 2011.

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Al-Assad respondió a aquellas protestas pacíficas con una represión brutal, la que dio lugar a la guerra civil que ha devastado el país, causando casi medio millón de muertes y el desplazamiento de millones. Todavía grandes territorios permanecen fuera del control del gobierno.

Oum Ahmad y su familia sobrevivieron a años de guerra, pero hoy esta mujer siria teme que la caída inédita de la moneda nacional traiga el hambre a su casa.

"Desde el inicio de la guerra, hemos atravesado todo tipo de sufrimientos", explica este mujer de 39 años y madre de cinco hijos, que tuvo que huir en tres ocasiones por los combates en la región de Idlib, el último gran bastión jihadista y rebelde de Siria .

"Si la libra siria sigue cayendo así, tendremos que hacer frente a una grave hambruna", advierte.

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Según el Programa Mundial de Alimentos, los precios de los alimentos aumentaron 133% desde mayo de 2019, en un país donde 9,3 millones de personas se encuentran en condiciones de inseguridad alimentaria.

Las elecciones parlamentarias están previstas para julio luego de dos aplazamientos debido al coronavirus . Pero las pruebas son insuficientes, y se reportaron apenas 152 casos y seis muertes en los territorios controlados por el gobierno.

Esperanzas de cambio

Cuando murió su padre, Hafez al-Assad, hace exactamente veinte años, el 10 de junio de 2000, Bashar representaba para muchos la esperanza de una apertura democrática en el país. Pero dos décadas más tarde, y con los nueve últimos empañados por la guerra, la Siria que dirige está exhausta y aislada.

Cuando asumió a los 34 años, Bashar, oftalmólogo de formación y educado en el Reino Unido, se había forjado una imagen de reformista, dispuesto a emprender una liberalización económica y una relativa apertura política.

Aquella "Primavera de Damasco" con la ilusión de modernidad, representó un paréntesis inédito en un país que llevaba en estado de emergencia desde hacía casi 40 años, con los ciudadanos acostumbrados al miedo y al silencio.

El mandato de Hafez al Asad quedó marcado por su antagonismo con los Hermanos Musulmanes, que culminó en 1982 con la insurrección islamista de Hama (centro), duramente reprimida. Las operaciones militares, lideradas por un cuerpo de élite liderado por su hermano Rifaat, dejaron entre 10.000 y 40.000 muertos en un mes, según varias fuentes.

En aquel entonces, Damasco era un actor destacado en la escena regional, que organizaba la acción de Hezbollah en el Líbano contra Israel, al tiempo que intervenía como potencia tutelar en tierras libanesas.

"Siria no será más que la sombra empobrecida de lo que fue. Los territorios del régimen serán un terreno de competición para Irán y Rusia", vaticina Faysal Itani, del think tank Center for Global Policy.