El síndrome del impostor es más común de lo que crees: las señales que te da tu cuerpo

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Quienes sufren del síndrome del impostor se niegan a recibir o aceptar muestras de reconocimientos o éxito. (Getty Creative)
Quienes sufren del síndrome del impostor se niegan a recibir o aceptar muestras de reconocimientos o éxito. (Getty Creative)

Karina es excelente profesional y padece Síndrome del Impostor. Es meticulosa, comprometida, quizás demasiado perfeccionista, al punto de manifestar físicamente cuando le incomoda que algo no está como ella cree que debe estar. Pero cada vez que recibe un elogio acerca de su desempeño, responde negativamente. Suele decir que no es suficiente, que la próxima vez lo hará mejor; parece tener una cortina inmensa entre su propia percepción de su trabajo y lo que opinan y observan los demás.

Hace poco me contó que no se sentía bien, que creía que sufría un poco de ansiedad, porque siente mucha angustia sobre su trabajo, siente que debe dar mucho más, que los logros que ha obtenido hasta ahora no tienen nada que ver con su excelente formación, ni sus capacidades, ni su talento sino con buena suerte y que, quizás, sus jefes creen que ella es mejor de lo que en realidad es. Cerró diciéndome que tiene miedo de nunca poder estar a la altura y también del momento en que descubran que ella es un fraude.

Esta historia es común, tanto, que frecuentemente vemos comentarios y memes en redes sociales refiriéndose a este síndrome. De hecho, según la doctora Valerie Young citada en un artículo de BBC, siete de cada 10 personas lo han sufrido alguna vez en su vida.

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"Efectivamente el síndrome del impostor es un fenómeno psicológico, donde el individuo que lo padece no es capaz de reconocer sus propios logros y éxitos; y aún teniendo evidencias siente que es un fraude", dice Natalia Rodríguez, conferencista y coach internacional, quien agrega que la persona que sufre de este síndrome siempre está pensando que no hizo bien determinada labor, que la gente se va a dar cuenta de que no tiene el conocimiento suficiente para llevar a cabo determinada tarea y teme que sea notorio que no es tan bueno en su trabajo o en sus actividades diarias.

Quienes sufren de este síndrome se niegan a recibir o aceptar muestras de reconocimientos o éxito, y sienten que tal vez los demás piensen que están siendo engañados porque lo consideran de una manera que realmente no es la verdadera. Eso creen. "Todo el tiempo se están cuestionando y analizando si lo que hizo o dejó de hacer era lo correcto o no", explica Rodríguez.

Aunque es un fenómeno psicológico, no es un concepto dentro del ámbito clínico, por lo cual, según explica el psicólogo Tomás Santa Cecilia, no aparece registrado dentro de los diagnósticos de psicopatologías utilizados en psiquiatría o psicología clínica. Sin embargo, esto no quiere decir que, dado el caso, no necesitemos ayuda profesional para liberarnos de él, o que no podamos ayudarnos con de herramientas psicológicas.

Cómo reconocer que necesitas ayuda

Para poder ganarle al enemigo, debemos conocerlo. Natalia Rodríguez explica que para saber diferenciar entre un episodio de inseguridad o el síndrome como tal, es necesario que nos escuchemos y nos detengamos a pensar qué tan frecuentemente experimentamos esta situación. Que nos preguntemos si es algo recurrente o es posible que se trate de un hecho aislado.

Quien sufre del síndrome del impostor tiene miedo de nunca poder estar a la altura (Getty Creative)
Quien sufre del síndrome del impostor tiene miedo de nunca poder estar a la altura (Getty Creative)

¿Cómo nos sentimos ante nuestros logros?¿Completos o por el contrario cada logro o éxito viene acompañado de una sensación de vacío o insuficiencia por todo lo que se ha hecho? Si estas sensaciones son constantes se está en presencia del Síndrome del impostor. Además, Rodríguez apunta que otra manera de diferenciarlo tiene que ver con las sensaciones que se experimentan corporalmente.

"Cada vez que nosotros experimentamos una emoción, esta se refleja de alguna manera en el cuerpo. No es lo mismo lo que el síndrome del impostor pueda ocasionar en el cuerpo que un sencillo episodio de inseguridad que se pueda tener ante cualquier situación. Por ejemplo, cada vez que alguien va a hablar en público, como dar un taller o una conferencia, por muy experimentado que esté, experimenta antes de entrar cierto nerviosismo, como maripositas en el estómago. Esto es normal y va pasando en la medida que interactúas con las personas".

"En el caso del síndrome esas sensaciones pueden ser más agudas: sudoraciones, palpitaciones, temblores y eso persiste en varias situaciones que enfrenta el individuo en la vida. La inseguridad permanece en el tiempo y se dan conversaciones internas donde la persona se pregunta ‘¿Será que lo hice bien, hice lo correcto?’. Hay que entender que experimentar miedo es válido, siempre y cuando no te paralice”.

La coach dice que cada individuo experimenta las emociones de manera diferente, lo que si es constante es que siempre hay señales que nos ofrece nuestro propio cuerpo. “Una vez que las identificamos, que hacemos consciencia de cómo esas emociones trabajan en nuestro cuerpo, es más fácil poder lidiar con el síndrome.

Por otra parte, el lenguaje también nos da señales útiles para detectar el fenómeno en nosotros mismos y en otras personas. “Cuando alguien está haciendo algo que evidentemente está bien hecho, tiene logros notables, tiene éxito, pero sus conversaciones suelen incluir inseguridades en frases como ‘tengo que tratar de hacerlo mejor’, ‘no es suficiente’, ‘debí esforzarme más’, denota que no hay estructura de coherencia entre lo que hace, lo que piensa, lo que dice y siente con respecto a sus logros y a los resultados que está obteniendo”.

Quienes padecen este fenómeno psicológico consideran que sus logros son producto de la suerte, no de su talento o capacidades (Getty Creative)
Quienes padecen este fenómeno psicológico consideran que sus logros son producto de la suerte, no de su talento o capacidades (Getty Creative)

La experta señala que este síndrome está muy ligado con el perfeccionismo, con lo cual otras frases comunes que escuchamos o nos decimos a nosotros mismos están orientadas a que el trabajo debe estar perfecto siempre; a que no se puede delegar porque nunca queda bien si no lo haces tú mismo. Asimismo, las personas con el síndrome pueden ponerse nerviosas o contrariarse cuando alguien les considera experto en algo; y piensan que nunca tienen suficientes conocimientos que validen sus capacidades.

Adicionalmente, existen también métodos profesionales para detectar y reconocer que algo no está del todo bien. Los test psicológicos para saber si tienes el síndrome del impostor también son herramientas muy útiles que pueden arrojar mucho autoconocimiento y guiarnos en la mejor manera de lidiar con él.

Cómo manejarlo

Para lidiar con este síndrome es necesario hablar del tema. Conversar con alguien de confianza acerca de tus sensaciones. Después encontrar evidencias, detectar qué son esas cosas que sí debes mejorar o aprender, y reconocer qué cosas manejas con total propiedad, cuáles son tus conocimientos y habilidades reales, aceptar y reconocer tus conocimientos; trabaja diariamente en lograr tus metas. Visualizar progresivamente los pequeños logros dan cuenta de lo que vas construyendo.

Además, Rodríguez también recomienda prácticas que nutren y fortalecen nuestra salud emocional como meditar y respirar, y en caso de que se agudicen los síntomas es necesario acudir al especialista para que nos ayude a encontrar la raíz del problema porque, según explica, el Síndrome del impostor es un fenómeno que puede responder a un desequilibrio biológico, o también puede tener sus raíces en experiencias vividas en la infancia. “Es frecuente en personas con padres muy estrictos, o con falta de aprobación de sus cuidadores. Es por eso que hay que individualizar, porque puede haber distintas causas. Podemos ponerle nombre, pero no en todas las personas es igual”.

Por último, pero no menos importante, una clave sencilla y reconfortante para comenzar a superarlo es dar las gracias cada vez que recibimos un elogio, o un cumplido. Agradecer sin justificaciones, sin explicaciones, y sin preguntarnos si hay algún interés escondido en la atención que estamos recibiendo, solo concentrados en recibir lo que nos están dando.

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