Sindicatos argentinos paran contra Fernández

BUENOS AIRES, Argentina (AP) — En un paso más de su enfrentamiento con la presidenta Cristina Fernández, sindicatos opositores realizaron el martes un paro nacional de 24 horas en reclamo de mejoras en los ingresos de los trabajadores y cambios en la política económica, que fue considerado por el gobierno como una medida extorsiva y prepotente.

"A mí no me corre nadie, mucho menos con amenazas y patoteadas (intimidaciones)", dijo la mandataria, quien desestimó el impacto del paro.

La protesta fue convocada por el ala crítica de la Confederación General del Trabajo (CGT) y el sector más combativo de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), cuyo enfrentamiento con la mandataria ha aumentado en los últimos tiempos.

Los huelguistas dijeron que el cese de actividades fue muy alto en distintos puntos del país y que el paro fue el más masivo y contundente de los realizados durante el mandato de Fernández, quien asumió el poder en 2007 y fue reelegida hace poco más de un año.

El dirigente de la CGT y del sindicato de camioneros Hugo Moyano, uno de los mayores críticos de Fernández, dijo que la protesta tenía "una adhesión mucho mayor que la que imaginábamos".

"El silencio de las calles, en los establecimientos y empresas es la voz que el gobierno debe escuchar. Los dirigentes (sindicales) no necesitan las respuestas, los trabajadores las necesitan", afirmó el combativo sindicalista, antaño cercano a la presidenta.

Fernández desestimó ese discurso, y aseguró que en las "huelgas en serio" en Argentina "no se podía mover una mosca".

Uno de los mayores reclamos es que el gobierno aumente el mínimo no imponible del llamado impuesto a las ganancias, que implica un recorte mensual en el salario de los trabajadores, en un escenario de inflación cercana al 25% para este año según cálculos de economistas privados, más del doble de lo que estima el gobierno.

En la actualidad los trabajadores que pagan ganancias son los solteros con sueldos a partir de los 5.782 pesos (1.207 dólares) y los casados que superan los 8.000 pesos (1.679 dólares) mensuales.

El paro fue cumplido principalmente por los transportistas de mercancías, los recolectores de basura, los peones rurales, los trabajadores de las gasolineras y los empleados públicos y bancarios. La huelga se percibió de forma desigual en el transporte público. En el aeropuerto de la capital decenas de vuelos domésticos y algunos regionales fueron cancelados. En el aeropuerto internacional de Ezeiza el paro afectó a los vuelos de compañías argentinas.

En el centro de Buenos Aires hubo muchos negocios y restaurantes cerrados y menor cantidad de vehículos circulando. Los autobuses transportaron muchos menos pasajeros que en los días hábiles. En tanto, miles de habitantes de las localidades que circundan la capital no pudieron trasladarse a la ciudad ya que la mayoría de las líneas ferroviarias se encontraban paralizadas. Sin embargo, gran parte de las líneas del tren subterráneo funcionaron.

A su vez, sindicalistas y manifestantes de izquierda interrumpieron desde las primeras horas del día el tráfico en algunas avenidas de la capital y en carreteras que unen la capital con localidades de los alrededores.

Pablo Micheli, de la CTA combativa, relacionó el llamamiento del gobierno a los huelguistas a dejar llegar a la gente al trabajo con normalidad "a un concepto neoliberal de la libertad". "Libertad de trabajo es tener un empleo en blanco y un sueldo digno, eso es libertad laboral", dijo.

"Este gobierno no puede dejar de ver lo que ocurrió en toda Argentina... hubo más de 300 cortes de rutas y de puentes y movilizaciones en todo el país y el gobierno ha perdido el control sobre el conflicto social y gremial", señaló.

Un rato antes, el jefe de Gabinete, Juan Abal Medina, dijo que "no se puede hablar de paro porque lo que hubo son piquetes (bloqueos). Es un gran piquetazo nacional".

La huelga se sintió mucho en algunas provincias y en otras lo hizo de forma desigual, según reportes de prensa.

La presidenta, del ala izquierdista del peronismo, hizo un llamado vía Facebook a los trabajadores a realizar "un gran ejercicio de responsabilidad en la defensa del proyecto político que generó más de 5 millones y medio de puestos de trabajo". En los últimos días el gobierno ha considerado la protesta desproporcionada e injustificada.

"¿Alguien quiere volver a esa Argentina o a esa forma de acumulación que es pan para unos pocos hoy y hambre para todos mañana?", se preguntó la mandataria.

El ministro del Interior, Florencio Randazzo, cuestionó por su parte las agresiones que sufrieron trabajadores y comercios que quisieron operar. "Han cortado vías, han apedreado micros (autobuses). Esto está lejos incluso de aquellos que pueden compartir algún reclamo, esta metodología es lamentable", dijo sobre los huelguistas.

La popularidad de Fernández, reelegida con el 54% de los votos en octubre de 2011, se ha resentido desde septiembre a medida que fue creciendo el malestar de sectores de clase media y de sindicalistas que, mediante diversas huelgas y manifestaciones, comenzaron a cuestionar el llamado modelo de inclusión social por considerar que no es todo lo distributivo que debería ser.

Otra de las exigencias de los huelguistas es la universalización del pago de la ayuda familiar a los trabajadores sin tener en cuenta para ello un tope salarial. Además reclaman al gobierno que termine con la deuda millonaria que mantiene con las prestadoras de salud de los sindicatos, que aumente las jubilaciones y disponga "un bono de fin de año" para los trabajadores.

La protesta reflejó la división del movimiento obrero argentino ya que no participaron los sectores sindicales más cercanos a la mandataria.

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