5 señales para saber si vale la pena salvar tu relación de pareja

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Las relaciones más sólidas no son aquellas exentas de conflictos, sino las que saben gestionarlos. [Foto: Getty Images]
Las relaciones más sólidas no son aquellas exentas de conflictos, sino las que saben gestionarlos. [Foto: Getty Images]

En las relaciones de pareja los inicios son fáciles, los finales complicados. Cuando una relación comienza se reviste de un halo de novedad. Todo es posible. Todo parece ligero. Todo fluye.

Sin embargo, con el paso del tiempo se suelen ir acumulando responsabilidades, frustraciones y desilusiones. La historia conjunta comienza a pesar. Las discusiones se vuelven más frecuentes. Las diferencias se acrecientan. Los miembros comienzan a distanciarse. Surgen dudas.

Casi todas las parejas pasan por una etapa así. De hecho, las relaciones más sólidas no son aquellas exentas de conflictos, sino las que saben gestionarlos y salir fortalecidas de ellos.

Las discusiones ocasionales no son motivo de preocupación. Es completamente normal que dos personas piensen de manera diferente y que de vez en cuando sus cosmovisiones colisionen. Pero si últimamente las discusiones han subido de tono, las diferencias se han ahondado y sientes que has perdido la conexión con tu pareja, es probable que necesites hacer un alto en el camino para repensar el rumbo que está tomando vuestra relación.

¿Cómo saber si la relación ha terminado o todavía puede salvarse?

Las relaciones perdidas no son aquellas en las que más discute sino en las que se ha asentado la indiferencia emocional. [Foto: Getty Images]
Las relaciones perdidas no son aquellas en las que más discute sino en las que se ha asentado la indiferencia emocional. [Foto: Getty Images]

1. Eres sensible a las necesidades de tu pareja – y tu pareja es sensible a las tuyas

La relación de pareja es un espacio íntimo en el que satisfacemos muchas de nuestras necesidades emocionales. De nuestra pareja esperamos amor, comprensión, apoyo y validación emocional. Esa relación debe agregar valor a nuestra vida.

En cambio, cuando una relación comienza a absorber valor y energía intuimos que algo va mal. Esa sensación de malestar difuso suele ser un indicador de que nuestra pareja se ha vuelto insensible a nuestras necesidades emocionales – o viceversa.

A veces se trata de una situación coyuntural. Si nuestra pareja está imbuida en un proyecto profesional muy importante o está cuidando de un padre o un hijo enfermo, es comprensible que no pueda con todo. Sin embargo, es importante valorar si se trata de una situación reversible o no.

No hay mucho que hacer cuando ambos miembros de la pareja se muestran insensibles a las necesidades del otro, no les preocupan sus sentimientos y no les ayudan a alcanzar sus sueños. Al contrario, si aún existe empatía y una preocupación auténtica por el bienestar del otro, hay suficiente margen de maniobra para aplicar los cambios que sean necesarios para salvar la relación. Por tanto, para saber si vale la pena salvar vuestra relación, pregúntate si aún os preocupa hacer feliz al otro.

2. Existe una conexión emocional que posibilita el diálogo

La conexión emocional va mucho más allá de la llama del deseo. Es un sentirse bien al lado del otro. No experimentar la necesidad imperiosa de hablar para llenar el silencio. Estar cómodo en su compañía. Sentirse aceptado. Conectar. Saber que podemos hablar de cualquier cosa.

Cuando se pierde esa conexión emocional, los miembros de la pareja se convierten en dos desconocidos que viven bajo el mismo techo. En esos casos la comunicación suele limitarse a un intercambio de agendas para encajar las responsabilidades cotidianas. La intimidad deja paso a la distancia y la frialdad emocional. Entonces comenzamos a sentir que estamos acompañados, pero solos. Se instaura una sensación de vacío.

De hecho, las relaciones perdidas no son aquellas en las que más discute o en las que bullen emociones como la frustración o la rabia sino aquellas en las que se ha asentado la indiferencia y la distancia afectiva.

Mientras exista un vínculo emocional fuerte, la relación no ha terminado. Si puedes compartir tus sentimientos y preocupaciones con tu pareja porque esta se muestra receptiva, aún existe un vínculo que se puede salvar. Siempre que ambos puedan ser auténticos, abrazarse, conectar y dialogar, la relación sobrevivirá.

La confianza es una vía de doble sentido que beneficia tanto a las personas en quienes confiamos como a nosotros mismos. [Foto: Getty Images]
La confianza es una vía de doble sentido que beneficia tanto a las personas en quienes confiamos como a nosotros mismos. [Foto: Getty Images]

3. El pilar de la confianza se mantiene sólido

La confianza es la base de toda relación de pareja. Cuando se pierde la confianza, es muy difícil reconstruirla. Si nuestra pareja nos ha sido infiel o no cumple sus promesas, es complicado volver a confiar y construir algo sólido de cara al futuro.

En esos casos, vivir con la persona que nos traicionó se convierte en un recordatorio constante de la posibilidad de volver a sufrir. Caemos en un estado de “contaminación mental” que no solo afecta nuestra autoestima, sino que puede desencadenar preocupaciones patológicas y ansiedad, como comprobaron psicólogos de la Universidad de Columbia Británica.

En realidad, la confianza es una vía de doble sentido que beneficia tanto a las personas en quienes confiamos como a nosotros mismos. Confiar en la persona que tenemos al lado nos ayuda a aliviar la ansiedad y la incertidumbre brindándonos puntos de anclaje seguros para lidiar con los problemas del mundo.

En cambio, si nuestra pareja se convierte en una fuente de inseguridad, el mundo se nos hará cuesta arriba. Mantener esa relación tóxica equivale al masoquismo emocional. Por eso, si crees que no serás capaz de perdonar al otro sin albergar resentimientos o que no podrás volver a confiar en tu pareja, quizá lo mejor sea poner punto final.

4. Todavía miráis en la misma dirección

“En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos”, escribió el psicólogo Erich Fromm. Se refería a la insoslayable necesidad de confluir en un proyecto común que incluya los sueños y esperanzas de cada uno.

Una relación no se salva exclusivamente a golpe de amor, también es un proyecto compartido, valores comunes, ideas similares y sueños sincronizados. No obstante, todos cambiamos con el paso del tiempo. Psicólogos de la Universidad de Manchester comprobaron que en apenas dos años nuestra personalidad puede cambiar mucho más de lo que estamos dispuestos a reconocer cuando nuestras circunstancias varían.

Si las obligaciones cotidianas llevan a dos personas por derroteros diferentes, no es raro que ambos comiencen a mirar en direcciones distintas. Cuando no hay un esfuerzo consciente por poner construir un terreno común y mantenernos “actualizados” sobre los cambios en las necesidades, deseos y aspiraciones de nuestra pareja, es probable que nuestros proyectos vitales comiencen a discurrir por vías diferentes.

En ese caso, será muy difícil realinear las expectativas sin realizar grandes sacrificios que terminen convirtiéndose en piedras arrojadizas cuando surja la primera discusión. Las diferencias en las metas vitales pueden convertirse en un serio obstáculo incluso para las relaciones donde aún hay amor.

Por tanto, para saber si vale la pena salvar la relación, debes preguntarte si ambos seguís mirando en la misma dirección en decisiones vitales como el deseo de tener hijos, el lugar donde os apetece vivir o los proyectos profesionales. ¿Queréis construir las mismas cosas en vuestra vida?

Una relación implica un proyecto compartido, valores comunes, ideas similares y sueños sincronizados. [Foto: Getty Images]
Una relación implica un proyecto compartido, valores comunes, ideas similares y sueños sincronizados. [Foto: Getty Images]

 

5. Disposición a asumir responsabilidades y comprometerse a cambiar

El amor y la sintonía emocional no suelen ser suficientes para salvar una pareja. Una relación también está hecha de compromisos. Ambos miembros deben estar dispuestos a hacer todo lo posible por cuidar la relación y luchar contra los obstáculos que aparezcan en el camino.

Cuando en una pareja se instalan las recriminaciones y las conversaciones se convierten en un duelo de lanzamiento de culpas, hay un problema que no se debe ignorar. Si ambos piensan que el “problema” es el otro y que es el otro quien debe cambiar, sin asumir ni un ápice de responsabilidad en la relación, será difícil llegar a buen puerto.

Mantener una relación de pareja implica un arduo trabajo. Implica ceder, escuchar al otro, reconocer los errores propios y, sobre todo, mejorar cada día para que nuestra mejor versión ilumine la relación. Implica un compromiso mutuo. Una disposición a cambiar lo que daña o molesta al otro. Solo desde la responsabilidad y el compromiso se podrán reparar las fisuras que generan los problemas y conflictos.

Si una persona no está dispuesta a comprometerse, no reconoce sus errores y escapa de sus responsabilidades, la otra no podrá llevar sobre sus hombros el peso de la relación durante mucho tiempo.

En cualquier caso, independientemente de lo que esté causando el problema, si crees que tu relación todavía se puede salvar, pero no sabes cómo, un terapeuta de pareja podrá ayudaros a comunicaros, comprenderos y relacionaros mejor. Todas las relaciones pasan por etapas complicadas, si estáis seguros de que queréis seguir adelante, ese bache en el camino terminará reforzándoos.

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