Qué significado tiene el comportamiento homosexual en animales

Nicolás de la Barrera
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Todo giraba en torno a la reproducción. Desde un punto de vista estrictamente religioso, pero en muchos casos también desde una perspectiva científica, durante mucho tiempo la función de la sexualidad en la vida sobre la Tierra no tenía otra explicación más que la de ser el medio para dejar una descendencia. Por eso, cuando en la naturaleza las observaciones de animales del mismo sexo en comportamientos "homosexuales" se hicieron más frecuentes y más numerosas en distintas especies, un problema surgió entre los defensores de la evolución: ¿de qué forma podía compatibilizarse la cópula entre machos o el sexo entre hembras con la idea de que los seres vivos "buscamos" pasar nuestra información genética a una próxima generación?

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Hoy, esta "paradoja" evolutiva ya no posee la importancia de otros momentos. La sexualidad ya no se halla ceñida a la reproducción. Sin embargo, la acumulación de observaciones puede conducir a otro interrogante, sobre la sexualidad misma de los animales no humanos. Si se tomaran estas observaciones sin mayor análisis, entonces hoy desde la biología se afirmaría, en función de innumerables cópulas, contactos y cortejos registrados, que existen animales homosexuales. Pero esto no sucede, así se hayan visto a babuinos, flamencos, elefantes, ciervos, jirafas, ovejas, osos panda, pingüinos -y la lista continúa largamente- en las más diversas prácticas sexuales entre hembras y entre machos entre sí. Y la razón de por qué no se arribó a esta definición tiene que ver con la enorme complejidad de los significados de la sexualidad entre los seres vivos.

El caso de los bonobos

"El comportamiento homosexual es una faceta normal del repertorio sexual de una gran variedad de especies de primates así como también de otras especies de mamíferos", dice la bióloga Mariana Raño, de la Estación Biológica Corrientes (EBCo-CONICET-MACN). "Este comportamiento se define como el contacto o manipulación genital entre individuos del mismo sexo y, además, el montaje hembra-hembra o macho-macho incluyendo también movimientos copulatorios".

Si bien en primates el comportamiento homosexual, puede afirmarse, es bastante común, Raño apunta que "la especie estrella en éstos temas está representada por los bonobos (Pan paniscus), del género de los chimpancés y una de las especies ampliamente estudiadas por su particular comportamiento sexual, dado que todos los miembros adultos de esta especie tienen relaciones sexuales de forma habitual entre individuos del mismo sexo".

El comportamiento homosexual en primates, indica Raño, "puede tener diversas funciones sociosexuales como la atracción a posibles parejas macho, formación de alianzas, demostración de dominancia, reconciliación, práctica para futuras cópulas heterosexuales y reducción de tensión entre individuos".

En el caso de las bonobos, Raño cita un reciente estudio liderado por la primatóloga Liza Moscovice, sobre una comunidad de la República del Congo: "Llegaron a la conclusión de que las interacciones sexuales entre las hembras bonobos están vinculadas a aumentos de oxitocina, proximidad y coaliciones. Otra conclusión reveladora a la que arribaron es que son las hembras quienes interactúan más frecuentemente de forma sexual con otras hembras, es más, preferían tener relaciones sexuales con otras hembras en lugar de con los machos, dado que experimentaban aumentos significativos de oxitocina luego de tener relaciones sexuales con otras hembras y no ocurría así con los machos".

Y agrega: "Además, las hembras, luego del sexo, permanecían más cerca unas de otras respecto a las parejas de sexo mixto. Estos comportamientos, según los autores 'podrían explicar por qué las hembras alcanzan altos rangos de dominancia en la comunidad de bonobos y sugieren que tanto en humanos como en un pariente filogenéticamente cercano, la evolución del comportamiento sexual del mismo sexo puede haber proporcionado nuevas vías para promover altos niveles de cooperación'".

El océano, un mar de diversidad

Los encuentros que van más allá del sexo macho-hembra también encuentran su correlato en otros ambientes: los océanos son el escenario de las más diversas combinaciones posibles de interacciones entre sus habitantes.

Aún con dificultades de acceso a sus hábitats y teniendo en cuenta que la sociabilidad es menor, en los peces pueden hallarse ejemplos, como el de la especie Poecilia mexicana, en la cual algunos individuos machos de menor tamaño muerden la papila genital de otros más grandes, sin que estos hagan nada para impedirlo, cuenta Matías Pandolfi, investigador del Conicet en el Instituto de Biodiversidad y biología experimental y aplicada (IBBEA). ¿El motivo para esta tolerancia a las mordeduras? "Eso hace que después las hembras los elijan, porque estas prefieren a los machos que también son buscados por los más chiquitos. Entonces esto aumenta la posibilidad de reproducción para los machos más grandes", comenta.

Sin embargo, en los peces, otros fenómenos suceden, tal vez aún más curiosos desde nuestra "perspectiva mamífera", como el cambio de sexo, que puede ser tanto de macho a hembra como al revés, dice Pandolfi. Y resalta: "Los peces son los reyes del hermafroditismo".

En los mamíferos marinos, un grupo en el que podemos encontrar a las ballenas, morsas y manatíes, entre otras especies, sí son bien conocidas las relaciones entre machos o entre hembras. Sin embargo, en este tema en particular, son los delfines quienes más han llamado la atención. "Sobre todo porque son animales hipersexualizados. Si se mide por tiempo la cantidad de relaciones sexuales que tienen es altísima, son animales que en período reproductivo permanentemente están tratando de copular", dice Pandolfi.

"En el caso de los mamíferos marinos, en la pubertad, cuando los animales empiezan a tener actividad sexual generalmente las hembras no suelen ser tan receptivas a los machos jóvenes, que no tienen la experimentación para hacer el cortejo correcto. Es muy común que entre ellos se de como una especie de relación sexual parecida a la que ocurriría con la hembra, y es una forma también muy clásica en los animales sociales de marcar dominancia", explica el investigador.

No obstante, vale una aclaración: más allá de cualquier cortejo o acto de dominación sexual frente a otro individuo del mismo sexo, dice Pandolfi, estos animales "al tener la oportunidad de reproducirse o de formar una pareja en caso de que sean especies monógamas, lo van a hacer, no es que van a evitar intentar reproducirse".

Así, si se asume que el comportamiento homosexual existe, menos claro resulta que haya individuos con una orientación sexual fija e invariable.

Las aves y las interpretaciones para el sexo en los animales

Las aves tampoco son ajenas a las uniones entre animales del mismo sexo. Raúl Marín, investigador en el Instituto de Investigaciones Biológicas y Tecnológicas (Conicet-UNC), cuenta que en codornices en cautiverio se dan cópulas de un macho hacia otro, pero que también son entendidas como un acto de dominación. "Lo interpretamos no como una relación sexual reproductiva sino como parte del comportamiento de agresión, porque se da en un contexto de pelea. No es solamente una monta sino que va acompañado de un picoteo y normalmente el animal que es montado no tiene el comportamiento a la inversa", dice Marín.

"El que empieza la agresión es el que se posiciona rápidamente y el otro entra en un comportamiento de tipo sumiso en el cual generalmente deja de picar, de intentarlo o de huir del lugar. Por eso hablar de un comportamiento de tipo homosexual en el sentido que el humano lo asocia no es el adecuado, desde mi punto de visita, porque no es consistente con un comportamiento de tipo reproductivo y mucho menos de cortejo", agrega Marín.

Más allá de la cuestión vinculada a la dominación de un individuo sobre el otro, Marín suma una explicación que apunta al rol de las hormonas en el caso de las codornices: "Un macho que es castrado, porque le das poca luz durante el día, produce involución de la gónada, y en ese caso baja, e incluso desaparece, su comportamiento de agresión y de monta hacia otro macho. O sea que sí tiene una relación con la testosterona", añade.

El placer de los animales

El afecto y la búsqueda de placer, presentes y vitales en las relaciones humanas, también pueden formar parte de las explicaciones subyacentes: "Me arriesgaría a decir que esa premisa es válida para todas las especies de primates donde se han visto cópulas entre individuos del mismo sexo", dice Raño.

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Por su parte, Pandolfi comenta: "Los animales tienen orgasmos, eso no es algo exclusivo de los seres humanos, y es muy variable. Por ejemplo, en los felinos, la penetración, la ovulación y el orgasmo, los tres procesos se dan juntos. En primates eso se separa".

"Siempre se dice que los humanos somos los únicos que tenemos relaicones por placer, pero los animales no hacen planificacion familiar y también tienen sexo por placer. Hay una búsqueda de placer físico, no consciente, más bien instintiva y claramente eso fortalece los lazos dentro de un grupo definido como un conjunto de animales que suelen ser en general parientes que están establecidos en su sitio normal", añade Pandolfi.

De significados múltiples, el llamado "comportamiento homosexual" expresa que en la naturaleza la vida es compleja y diversa. Y muestra que las categorías, a mano siempre de los humanos, a veces también se quedan cortas.