La confesión de una pareja de ancianos que mató y desmembró a su hijo... años después de asesinar a su hija y a su yerno

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La tumba de Babak Khorramdin, de 47 años, cuyos padres han admitido haberlo matado en Teherán. (The New York Times)
La tumba de Babak Khorramdin, de 47 años, cuyos padres han admitido haberlo matado en Teherán. (The New York Times)

Un matrimonio iraní ha confesado haber asesinado y desmembrado a su hijo años después de matar a su hija y el marido de esta. No se arrepienten.

La pareja de ancianos saltó a la luz pública una noche de invierno en Teherán cuando su hijo, un director de cine, los invitó a subir al escenario después de una proyección. Eran frágiles y de apariencia tímida, el hombre joven ayudó a su madre a subir los escalones y luego puso un brazo alrededor de los hombros de su padre.

Eso fue hace cinco años.

Ahora el hijo está muerto y Akbar Khorramdin, de 81 años, y su esposa, Iran Mousavi, de 74, han vuelto a la palestra, acusados del asesinato y, en una revelación que ha conmocionado y cautivado a los iraníes, el asesinato de una hija y un yerno a lo largo de una década. Las víctimas fueron drogadas, asfixiadas, apuñaladas y luego desmembradas, según las autoridades.

La pareja ha confesado los crímenes, pero si Khorramdin, un coronel retirado del ejército, y Mousavi, una ama de casa, se arrepienten, han logrado esconderlo muy bien.

“No me siento culpable de ninguno de los asesinatos”, dijo Khorramdin en una entrevista televisada después de su detención. “Maté a gente que era muy corrupta moralmente”.

Mousavi no parecía más contrita.

Babak, izquierda, con sus padres, Akbar Khorramdin e Iran Mousavi, en el escenario tras la proyección de su película. (Yasaman Zohoortalab vía The New York Times)
Babak, izquierda, con sus padres, Akbar Khorramdin e Iran Mousavi, en el escenario tras la proyección de su película. (Yasaman Zohoortalab vía The New York Times)

“Lo decidimos juntos, ambos”, dijo ella en una entrevista de televisión poco después de su detención. “Mi esposo lo sugirió y yo estuve de acuerdo. Tengo una gran relación con mi marido. No me golpea ni me insulta”.

El juez Mohammad Shahriari, magistrado que preside los juicios penales en Teherán, dijo que los investigadores creen que los motivos de los asesinatos fueron disputas familiares. La pareja está siendo sometida a evaluaciones psiquiátricas, indicaron funcionarios a los medios iraníes.

La fibra más sensible

Sería una sutileza decir que —tras el hallazgo de los restos del hijo de la pareja, Babak, de 37 años— el caso ha agitado la conciencia de los iraníes.

El país ya estaba azotado por la pandemia, la escasez de vacunas, una economía afectada por las sanciones y la expectativa de mayor represión social con la llegada de conservadores de línea dura al gobierno. Pero las acusaciones contra la pareja de ancianos han tocado una fibra sensible.

Para los iraníes, el hogar es sinónimo de santuario y los padres ancianos, en especial las madres, son venerados como santos. Por lo que con cada giro y desarrollo en el caso, así como ante el comportamiento de los padres tras su detención, la gente ha reaccionado con sorpresa e indignación.

Volvería a matar, incluso a sus otros dos hijos

Los medios iraníes han mostrado a Khorramdin en uniforme de presidiario haciendo la señal de la victoria con la mano. Le dijo a las autoridades que lo volvería a hacer, e, incluso, que si lo liberaban mataría a sus otros dos hijos adultos, según los informes de la prensa.

La pareja fue arrestada luego de que trabajadores de la limpieza que recogían la basura descubrieron partes de un cuerpo humano el 15 de mayo. El descubrimiento se llevó a cabo en un complejo de apartamentos muy grande y muy conocido llamado Shahrak Ekbatan en el que un cineasta relativamente desconocido, Babak Khorramdin, vivía con sus padres. Los expertos forenses consiguieron una huella digital de una parte de una mano y lo identificaron como la víctima, según las autoridades.

Cuando los investigadores revisaron los videos de vigilancia del ascensor del edificio la noche antes del descubrimiento, vieron a la pareja transportando bolsas de basura grandes y una maleta pequeña, dijeron las autoridades. La madre detuvo la puerta del ascensor mientras el padre hizo varios viajes con las bolsas y las acomodó para que cupieran. En un momento, el video publicado en los medios iraníes, muestra que él se mira en el espejo y se arregla el sombrero.

Hija y yerno desaparecidos

Cuando la policía se presentó en el departamento a interrogar a los padres, confesaron el asesinato, pero, dicen las autoridades, pronto hubo indicios de que había más. En los siguientes días, los investigadores encontraron que se habían reportado como desaparecidos la hija de la pareja, Arezou, en 2018, y su marido, Faramarz, quien desapareció en 2011.

La pareja, comentaron las autoridades, también admitió haberlos matado a ellos.

De manera muy similar a los asesinos en serie, adoptaron un patrón con los años, le dijeron a los oficiales que los interrogaron, quienes reportaron lo siguiente: la pareja primero mezcló somníferos con la comida para sedar a las víctimas. Luego los ataron, asfixiaron y apuñalaron. Al final, desmembraron los cadáveres en la tina del baño y desperdigaron los restos en contenedores de basura por toda la ciudad.

Estilo de vida

En entrevistas televisadas, los padres dijeron que mataron a sus hijos porque desaprobaban sus estilos de vida. Acusaron al hijo de ser agresivo físicamente, de vivir a costa de los padres y de tener relaciones sexuales con novias. La hija, según ellos, tenía adicción a las drogas y bebía alcohol mientras que el marido era abusivo y vendía drogas.

Los amigos de Babak y Arezou dijeron que esas descripciones no coincidían con las personas que conocieron.

“Para quienes conocimos a Babak, todo esto es increíble y muy extraño”, dijo Nima Abbaspour, cineasta de 46 años en Teherán que le ayudó a hacer su primer filme. “Parecían una familia normal. Él era respetable y tranquilo, un tipo muy calmado”.

“Arezou era una chica discreta. De niña nunca le hizo daño a nadie y era muy obediente y ni siquiera tuvo novios”, dijo Jaleh, de 47 años, compañera de clase y vecina. Jaleh dijo que después de la súbita desaparición de Arezou, los amigos solían preguntarle a la madre por su paradero. La mujer les decía que su hija había migrado Turquía.

Aún así, la semana pasada, Mousavi contradijo su versión anterior de su relación con su esposo en una cinta de audio desde la prisión publicada por la Agencia de Noticias Human Rights Activists, un grupo de defensa con sede en Washington. En ella decía que su marido la maltrataba y lo acusó de violar a Arezou.

Asesinatos de honor

En el último año, los llamados asesinatos de honor han llenado los titulares en Irán. En un caso, un hombre gay de 20 años murió a manos de su hermano y sus primos, y, en otro, una chica de 14 años fue decapitada por su padre en una pequeña aldea cuando se fugó con su novio.

En una sociedad en transformación, a medida que los iraníes más jóvenes y progresistas se irritan ante las demandas de sus familiares mayores, los asesinatos han provocado una especie reflexión colectiva.

Ha habido llamados nuevamente a reformar el código penal de Irán que, basado en la ley islámica o sharia, estipula que los padres y abuelos, en tanto guardianes de sus hijos, están exentos de la pena de muerte por su asesinato. La pena máxima es de 10 años de prisión.

Eso significa que Khorramdin y su esposa, que los funcionarios esperan sean sentenciados pronto, podrían enfrentar la pena de muerte por el asesinato de su yerno, pero no por matar a sus hijos.

A raíz de los asesinatos de Khorramdin, el poder judicial anunció que solicitó al Parlamento enmendar el código penal para aumentar la pena que enfrentan los tutores varones por asesinato.

En el condominio Shahrak Ekbatan, una comunidad muy unida en la que la pareja vivió durante 40 años, los residentes recuerdan que cuidaban a los hijos de los vecinos, conversaban con los tenderos y paseaban por los jardines.

“No logramos comprender que había asesinos viviendo entre nosotros”, dijo Minoo, una vecina de 51 años que solo quiso dar su nombre de pila porque dijo que tenía temor de la familia.

“Puede que nos los cruzáramos cada día y dijéramos hola. Este apartamento cercano era una casa del terror y ninguno lo supimos”.

Decenas de vecinos dijeron en publicaciones de redes sociales que se rehusaban a subir al ascensor en el que iba el cuerpo que fue localizado. Y le han pedido a la alcaldía que retire el contenedor de basura donde Babak fue hallado y se plantara un árbol en su lugar.

Los amigos de Babak Khorramdin recuerdan que la noche de invierno en que invitó a sus padres al escenario, él comentó que la película que había proyectado era una especie de historia personal, sobre un inmigrante nostálgico en Londres que volvía a casa para estar con su madre.

“Su sueño era incidir en la sociedad y en la gente a través de sus películas”, dijo Amirali Alaie, cineasta de 41 años. “Pero siempre será recordado como víctima de uno de los asesinatos más espantosos y violentos de Irán”.

Farnaz Fassihi es reportera de The New York Times radicada en Nueva York. Anteriormente fue escritora sénior y corresponsal de guerra del Wall Street Journal durante 17 años con sede en Medio Oriente. @farnazfassihi

© 2021 The New York Times Company

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