Me siento absolutamente desalentado por la política de Estados Unidos sobre el cambio climático

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En una columna publicada en junio de 2021, expuse que el siguiente año sería un “momento decisivo de la historia” para la participación de Estados Unidos en el esfuerzo del mundo por enfrentar la crisis del cambio climático. Tras haber ganado la Casa Blanca y el control de la Cámara de Representantes y el Senado, los demócratas habían abierto una ventana excepcional de oportunidad política: la primera ocasión desde 2010 para aprobar leyes federales importantes con el fin de reducir nuestras emisiones de carbono.

 

Pero esta ventana no era muy grande y no permanecería abierta durante mucho tiempo. El presidente Joe Biden había propuesto establecer la meta de que para 2030 Estados Unidos redujera las emisiones de carbono a la mitad de los niveles que tenía en 2005. Había programado cientos de miles de millones de dólares para inversiones en energías limpias, transporte público, infraestructura para vehículos eléctricos, preparativos para condiciones meteorológicas adversas e investigación y desarrollo sobre el cambio climático. Ahora, ante la oposición republicana unida y al acercarse con rapidez la politiquería de las elecciones intermedias, ¿los demócratas podrían aprovechar lo que yo llamé “la última mejor oportunidad política del país” para abordar el cambio climático y aprobar el plan de Biden?

 

Pues ya ha pasado un año y la respuesta es: No.

 

Cuando la semana pasada, el senador Joe Manchin retiró su respaldo para una versión incluso muy reducida del plan de Biden sobre el cambio climático, la gran ventana de oportunidad de Estados Unidos se cerró por completo. La decisión de Manchin no fue ninguna sorpresa (llevaba más de un año dándole largas a su partido), pero para mí de todas maneras es un golpe muy fuerte.

 

¿Caí en una espiral de desesperanza sobre la incapacidad de nuestro sistema político para hacer frente a temas apremiantes? ¿Me quedé con una sensación de desaliento con respecto a los intentos del mundo para evitar los peores escenarios de los climatólogos? ¿Me pregunté más de una vez cuál era siquiera el caso de que los demócratas montaran el espectáculo si no podían afianzar el plan? Sí, tal vez un poquito.

 

Es difícil magnificar los argumentos a favor de que se haga un enorme esfuerzo federal para enfrentar el cambio climático. Es algo generalizado, ya que la mayoría de los estadounidenses creen que el Congreso debe abordar las causas y los efectos del cambio climático. Y debido a que, al parecer, todas las semanas hay nuevos desastres como resultado del calentamiento del planeta, el asunto se volverá mucho más apremiante. (Cerca de 100 millones de estadounidenses están sufriendo por el tremendo calor esta semana).

 

El plan de Biden también tenía sentido en términos económicos: ya está en marcha una transición a nivel mundial hacia las energías renovables, sin importar si Estados Unidos participa o no. China le lleva la delantera a Estados Unidos (y al resto del mundo) en el desarrollo de la capacidad para la generación de energía renovable y en la fabricación de paneles solares; debido a que el gobierno chino está invirtiendo mucho en energías renovables mientras que nosotros no, corremos el riesgo de quedarnos todavía más rezagados en las industrias que serán predominantes en el futuro.

 

También, pocas veces ha sido más evidente que nuestra dependencia de los combustibles fósiles no nos está ayudando para la seguridad nacional. La semana pasada,  cuando Biden concedió la derrota en el proyecto de ley sobre el cambio climático, Biden estaba en Arabia Sauditañ. Fue a pedirle más petróleo a un poderoso petrodictador porque otro poderoso petrodictador está usando las ganancias de sus combustibles fósiles para financiar la invasión a un país vecino soberano. Pero a pesar de un vergonzoso primer encuentro con el príncipe heredero saudita, cuyo país Biden solía querer marginar como un “paria” mundial, el presidente todavía no consigue ninguna garantía de poder obtener más petróleo. Eso puede cambiar en la próxima reunión de la OPEP, pero ¿acaso nosotros no deberíamos estar luchando por un futuro en el cual no tengamos que doblegarnos ante esos personajes solo porque  están en un país donde hay muchos  fósiles de plantas y animales muertos? 

 

Es precisamente la fuerza de los argumentos a favor de las medidas federales sobre el cambio climático lo que me ha dejado tan deprimido. Parece que en las elecciones intermedias los demócratas van a perder su mayoría en el Congreso y que el índice de aprobación de Biden es pésimo. Resulta difícil imaginar que el partido pronto tenga otra oportunidad para tomar medidas importantes sobre el cambio climático. ¿Qué será del cambio climático como tema político si los demócratas se encuentran en el desierto político? ¿Estamos condenados a otra década de inacción?

 

Los especialistas en el cambio climático me dijeron que no perdiera las esperanzas por completo. El año pasado, Alex Trembath, director adjunto del Breakthrough Institute, un grupo de investigación ambiental, no estuvo de acuerdo con que yo calificara el plan de Biden como de vida o muerte para el movimiento estadounidense relacionado con el cambio climático.

 

“No hay plazos ni de doce años ni de un año”, me dijo Trembath esta semana. Su argumento fue que el activismo que se basa en esos plazos conducirá al nihilismo y que es mejor hablar del cambio climático como un problema a largo plazo con el que tendremos que seguir luchando mientras estemos vivos.

 

Trembath también señaló que algunas de las normas ambientales más eficaces de Estados Unidos fueron aprobadas “de manera discreta”, es decir fueron cambios pequeños y al parecer anodinos de reglas y créditos fiscales ocultos en una ley más amplia. En vez de impulsar un proyecto de ley extraordinario sobre el cambio climático, tal vez los demócratas ahora pueden proponer la aprobación de muchas de esas pequeñas normas en una legislación futura.

 

También hay iniciativas del ejecutivo. El miércoles, Biden anunció varias medidas que su gobierno estaría tomando con respecto al cambio climático; por ejemplo, instruirá al Departamento del Interior para que permita la instalación de granjas eólicas costeras en el golfo de México.

 

No quiero menospreciar estos intentos. “Con relación al cambio climático, es importante cualquier cosa que  hagamos”, señaló Leah Stokes, una politóloga de la Universidad de California, campus Santa Bárbara, especialista en política ambiental. “Es muy bueno que aminoremos toda tonelada de contaminación por carbono que podamos”.

 

No obstante, pese a que Stokes está presionando para que el ejecutivo tome medidas importantes, tuvo cuidado en señalar los límites de esta estrategia. Al destinar cientos de miles de millones de dólares a infraestructura y energías renovables, el plan legislativo de Biden habría acelerado la creación de una economía de energías limpias en Estados Unidos. Por otro lado, la reglamentación podría reducir los peores excesos de la economía de combustibles fósiles, pero no haría gran cosa por generar algo nuevo. “No debemos engañarnos”, comentó Stokes. “No tiene tanto peso en las inversiones en el Congreso”.

 

Stokes tampoco creía que una política “discreta” sobre el cambio climático siga brindando beneficios. “La manera en que hemos logrado políticas sobre el cambio climático en el pasado es totalmente mediante políticas discretas”, aseveró. “Se presenta algo en un proyecto de ley, la gente en realidad no le presta atención y, de pronto, años después termina siendo en verdad importante y genera toda una industria”. Pero la industria de los combustibles fósiles ha aprendido a jugar este juego. “Ya es demasiado tarde”, afirmó Stokes. “La industria de los combustibles fósiles no es tonta. Saben lo que queremos y pelearán contra cualquier mínima cosa que intentemos poner donde sea”.

 

Entonces, ¿en dónde nos ubicamos con respecto a la política del cambio climático de Estados Unidos? No en un buen lugar. Manchin ha tirado por la borda la mejor oportunidad de su partido para mitigar la catástrofe y Biden tiene pocas opciones sobré qué hacer después. Detesto sonar derrotista, pero no veo ninguna alternativa. Si ustedes no están desalentados acerca del cambio climático, es porque no están prestando atención.

 

© 2022 The New York Times Company

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