Si vivieras en Somalia, quizás también serías pirata

Boris Leonardo Caro
Yahoo Noticias International

Imagina que un extraño te arrebata tu fuente de ingresos, con total impunidad, a plena luz del día. Que sus incursiones te dejan sin alimentos para tu familia. Que cuando tratas de reclamar tus derechos, te agrede con armas de fuego. ¿Te resignarías a presenciar cómo te roban la posibilidad de sobrevivir? ¿O te rebelarías contra el usurpador?

La imagen del pirata somalí, armado con una Kaláshnikov, ha provocado pesadillas a las navieras (AP Photo/Farah Abdi Warsameh)

Los pescadores somalíes decidieron a principios de este siglo enfrentar a los barcos arrastreros que fondeaban frente a las costas de ese país africano. En sus bodegas se llevaban a los mercados europeos 300 millones de dólares anuales de atún de aleta amarilla, camarones, langostas y otros animales marinos. Mientras, las aldeas del litoral morían de hambre.

De acuerdo con el libro “The Pirates of Somalia: Inside Their Hidden World”, del periodista canadiense Jay Bahadur, contratistas británicos y canadienses entrenaron a una parte de los futuros piratas en el manejo de las armas y el abordaje de buques en alta mar. Estos marinos integrarían una guardia costera cuya formación finalmente fracasó.

Lo que en un principio era una legítima lucha por defender la riqueza de las aguas somalíes, se transformó en un lucrativo negocio en manos de bandas criminales y grupos terroristas. Los pescadores justicieros se disfrazaron de piratas. Solo entonces, cuando los ataques a naves y secuestros de tripulaciones sacudieron una de las vías marítimas más importantes del planeta, las potencias perjudicadas acudieron a la olvidada región.

La tripulación del Aris 13 fue liberada por los piratas el 16 de marzo, luego de negociaciones con los guardacostas de Puntland (Kevin Finnigan/Tropic Maritime Images vía AP)

El espejismo de una solución

El secuestro del petrolero Aris 13, después de cinco años de relativa inactividad de los filibusteros somalíes, ha sonado la alarma.

En el cenit de la piratería en el área, más de 200 buques eran atacados cada año. Los secuestradores llegaron a exigir, en el caso del tanquero Smirna, 9.5 millones de dólares de rescate para liberar a los tripulantes. El dinero no solo sirvió para alimentar la opulencia de liderzuelos locales, sino también para financiar las actividades del grupo terrorista al-Shabaab. Una parte se quedaba en las comunidades pesqueras, donde los émulos del célebre Barbanegra eran aclamados como héroes.

En 2009 Estados Unidos desplegó la Fuerza internacional de Tarea 151, un conjunto de unidades navales para patrullar el Golfo de Adén y las aguas cercanas a la costa de Somalia. La Unión Europea, la OTAN, China, Rusia y la India enviaron asimismo navíos de guerra para disuadir a los piratas.

Por otra parte, los buques comerciales empezaron a incorporar guardias armados a sus tripulaciones, una práctica no habitual en el transporte marítimo de mercancías. En tierra, las tropas de la Unión Africana y los bombardeos estadounidenses golpearon a al-Shabaab, mientras una frágil estabilidad política se instalaba en el convulso país. Algunos clanes rompieron con los corsarios por su estilo de vida desenfrenado –autos de lujo, mujeres y drogas—que socavaba la autoridad tradicional.

Sin embargo, las causas de la piratería han permanecido casi intactas. De hecho, muchos pescadores somalíes consideran que los militares extranjeros protegen a los arrastreros ilegales. En rigor los piratas no fueron derrotados: prefirieron replegarse a la espera de tiempos más propicios.

El despliegue de fuerzas navales extranjeras obligó a los piratas somalíes a reducir sus actividades (U.S. Navy – Wikimedia Commons)

Las razones de los piratas

Una investigación publicada en 2016 por el programa Oceans Beyond Piracy alertó sobre cómo las condiciones en las aldeas pesqueras de Somalia alimentan el resurgimiento de la piratería.

Según los testimonios de los pescadores, la falta de oportunidades económicas constituye el principal motivo para enrolarse en una banda pirata. La pobreza, que se levanta sobre el hambre, el desempleo y la ausencia de educación, engrosa las filas de los asaltantes.

Los pescadores se quejan de la impunidad con que los arrastreros extranjeros explotan la pesca en las aguas somalíes (AP Photo/Ben Curtis)

“El único empleo que tienen los jóvenes es la pesca y sus redes fueron destruidas o robadas por los arrastreros”, explicó un pescador identificado como Ali. El arribo de las fuerzas navales foráneas no ahuyentó a los buques que aprovechan el caos político en Somalia para explotar ilegalmente los recursos de sus aguas territoriales. Para colmo, determinadas áreas del litoral se han convertido en el basurero de la mafia italiana, que vierte desechos tóxicos de hospitales y fábricas europeas.

Desde la caída del régimen prosoviético que rigió el país hasta 1991, Somalia ha vivido en el caos. Apenas al inicio de esta década un nuevo gobierno federal retomó el control de una parte de la capital, Mogadiscio, pero las autoridades no han podido recuperar el poder sobre todo el territorio. Separatistas y grupos fundamentalistas islámicos aún prevalecen en el norte y zonas del centro y sur.

Ese desorden se fraguó mucho antes, en el siglo XIX, cuando Inglaterra e Italia se repartieron la actual Somalia, bendecidos por la Conferencia de Berlín de 1884.

Pero esa historia a nadie le interesa. Los malos de esta película seguirán siendo los feroces y escuálidos pescadores somalíes, que han cometido dos crímenes: defender su sustento y querer apropiarse de una parte de la riqueza que surca frente a sus miserables aldeas. Como si la vida de un montón de africanos fuese más importante que el trasiego internacional de mercancías…