Si no eres fuerte, tienes que ser listo

Arturo Vidal, Riqui Puig e Ivan Rakitic.

La cita, obra de Johan Cruyff, nos conduce irremediablemente al camino que deben labrarse los jugadores con una técnica que les permite llegar a la élite pero cuyo físico puede no estar preparado para ello. La afirmación del genio neerlandés sirve para ilustrar el recorrido que está teniendo el canterano Riqui Puig en el primer equipo del Barça. Encumbrado en exceso por algunos y vilipendiado hasta la saciedad por otros, el centrocampista azulgrana, siempre en el ojo del huracán, fue quien mejor comprendió el modelo de juego de Quique Setién ante el Celta de Vigo. El mayor beneficiado no fue otro que el mismísimo Leo Messi.

Apenas llega al 1,70, pero eso no le impidió ofrecer múltiples soluciones a un centro del campo azulgrana que no acaba de dar con la tecla de los interiores. Como ante Leganés o Athletic Club, Riqui Puig subió una marcha más la circulación del balón gracias a la naturaleza con la que fluye por el campo y facilitó la actuación del ‘10’. Cargado con un saco de ideas, la verticalidad que le suele faltar al equipo de Quique Setién cuando posee el esférico y el dinamismo que le caracteriza, Puig no dejó de tocar y moverse.

Riqui no cuenta con el despliegue físico ni con la capacidad defensiva de jugadores como Ivan Rakitic o Arturo Vidal, pero comprende mejor lo que demanda el juego de posición de un interior azulgrana. La calidad de sus envíos, la orientación corporal antes de recibir, la aceleración de la jugada y la habilidad para filtrar pases hacia adelante y superar líneas de presión. Por encima del nombre, Puig representa el perfil de interior que necesita el Barça.

Además de agitar una posesión que suele pecar de extrema horizontalidad y monotonía, el producto de La Masía empezó a construir puentes para unir las diversas piezas que conforman el equipo azulgrana. Así, trazó alturas en la posesión, esperó a la espalda de los interiores rivales cuando fue necesario y se acercó cuando él creía que debía. Quizás por exceso de impulsividad y ganas de entrar en juego más que por indicación de su entrenador. Algo que, dominando el modelo, mejorará con el tiempo.

En esta línea, el Barça de Leo Messi se estructuró mejor con el canterano en el campo. El argentino combinó con Riqui Puig como pocas veces ha hecho con otro interior azulgrana desde la salida de Andrés Iniesta. Movió el sistema defensivo rival, agradeció la verticalidad tanto desde la conducción como desde el pase y generó que el rival se agolpara por dentro en exceso. Tanto atrajeron la atención, que, por momentos, el equipo vigués descuidó las bandas para poder taponar el volumen de juego que estaba desarrollando el cuadro culé en la zona central. Con ello, Jordi Alba y Nélson Semedo gozaron del contexto necesario para llegar por fuera, dotar de amplitud al Barça y sorprender.

Leo Messi debe actuar como centrocampista en el inicio de la jugada ante la falta de creatividad de sus compañeros.
El argentino, ante el Sevilla, actúa como interior con la intención de agilizar el ritmo de la posesión.
De nuevo, ante el Leganés, Messi baja a iniciar la jugada y se aleja de su zona de influencia preferida, la mediapunta.
Con Riqui Puig en el campo, Messi se sitúa como delantero y no como centrocampista y puede desviar la responsabilidad creativa al joven canterano.

Sin embargo, el aspecto más beneficioso y llamativo fue la posición de Leo Messi. Y es que el canterano racionalizó las tareas, ordenó el reparto de espacios y dividió las responsabilidades del rosarino, quien a sus 33 años ya no puede hacer todo lo que se le demanda pese a que sea el mejor jugador del mundo. Su aparición en el XI posibilitó que Messi se situase mucho más arriba de lo que lo venía haciendo desde la contratación de Setién. El ‘10’ se acercó a la zona donde su valor se incrementa a cada balón que toca y más próximo al gol se encuentra: la mediapunta.

Siguiendo la senda de Ansu Fati, Riqui es joven e inexperto, pero suple la falta de rodaje y horas de vuelo con un conocimiento extenso de un modelo que viene practicando desde que llegó a La Masia. De hecho, sus últimos minutos como interior del Barça de Leo Messi son lo suficientemente positivos y estimulantes para servir de aval competitivo. Veremos si Quique Setién tiene la valentía suficiente para hacer de un discurso un recurso e invertir en un futbolista que se ha ganado en el campo más minutos.

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